* Hana To Yume * - Prince of tennis - rol and fics
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 Your love is a lie ~ One-Shot

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Izzy
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MensajeTema: Your love is a lie ~ One-Shot   Lun Abr 27, 2009 4:44 am

Basado en la canción omónima de Simple Plan. Es una... "precuela" de I song. Este tiene muchas advertencias. Violencia -no es para tanto...-, escenas triple equis -ni para TANTO... creo que sólo llego a dos equis...- y supongo que alguna maldición o algo así. Dedicado a ustedes dos -SABEN quiénes son, las culpables de hacerme escribir cosas así!!-.
*·*·*·*


Your love is a lie

Eimi había desaparecido nuevamente.
No quería ser el novio asquerosamente celoso, pero, si tengo que aceptarlo, confieso que me quedé dormido junto al teléfono. Eran las dos de la mañana, y yo estaba esperando solo.
Lo peor de todo no eran las sospechas o las certezas o la incertidumbre, sino que luego no podía enfrentarla y preguntarle dónde demonios se había metido. Me sentía algo culpable si lo hacía, al fin de cuentas, no era una obligación venir a mi departamento, sólo era algo que Eimi solía hacer casi todos los días, porque quería.
Había encontrado una nota con otro nombre. Quizás sin ella, la situación hubiera sido diferente. O quizás no. Algo estaba mal desde hacía un tiempo. Eimi no pasaba tanto tiempo conmigo como antes, y siempre tenía algo que hacer.
Ese mismo día, después de almorzar juntos, ella me había lanzado un beso mientras se despedía, como siempre, pero de alguna forma no se sintió igual. Porque podía sentir que no era algo que verdaderamente lo sintiera. Sabía que no estaba, que algo había cambiado.
No era algo tan difícil de ver.
No podía morderme la lengua para siempre mientras Eimi pretendía que nada sucedía, lo sabía. Eventualmente iba a estallar; siempre era así entre nosotros. Podía esconderse detrás de sus historias cuanto quisiera, pero no podía tomarme como un idiota.
No insultes mi inteligencia.
Desperté cerca del mediodía, incómodo, dolorido, y con la mitad del cuerpo dormido por la posición en la que me había acostado.
La llamé, decidido.
No quería seguir con la duda.
Eimi respondió después del cinco tono, con la voz áspera y baja, esa tan sensual que tenía en las mañanas, después de… Tuve que sacudir mi cabeza para sacarme esas imágenes de la cabeza. Era demasiado imaginarla desnuda, sobre el cuerpo de otro hombre.
De un hombre que yo conocía, y que prácticamente me odiaba. El sentimiento era mutuo.
“Dónde estás?” Pregunté sin pensar, enfadado conmigo mismo por suponer esas cosas, y enfadado con ella por no estar allí para asegurarme que eran sólo delirios, estupideces.
“En casa.”
Podía escuchar su sonrisa adormilada.
“Estás sola.” Debería haber sido una pregunta, pero no quería que respondiera que no. No podía imaginarme lo que haría si contestaba con sinceridad y confesaba que estaba demasiado ocupada con Akazawa para escucharme.
“… Desde luego!” Me aseguró ella, tras unos segundos de vacilación, que achaqué a la sorpresa de mi abrupto comentario. Sin embargo, sabía que no era así. Pero no quería verlo. Quién querría ver algo así, admitir algo así? “Estoy sola en casa.” Agregó.
Apreté mi mano que sostenía el teléfono con fuerza, respirando agitadamente. No necesitaba mucho más para confirmar lo que temía. Podía mentirme a la cara, podía mirarme a los ojos y pretender cuanto quisiera.
Pero yo sabía.
Y lo sabía desde hacía bastante.
Pero no había querido aceptarlo.
Me despedí de ella rápidamente. No quería seguir hablando cuando el otro estaba a su lado, probablemente, burlándose del idiota de su novio que confiaba en ella. Era un idiota, verdad? Me había reído de ella cuando nos había confesado a Gris, Hikaru y a mí que una vez, en vacaciones, había engañado a su actual novio con un ‘dios griego’, pero nunca me hubiera imaginado que me lo haría a mí, porque me había imaginado que lo nuestro era especial.
Ese día, cuando llegué a mi departamento después de las últimas clases, la encontré allí, preparando la cena. Nunca había hecho algo así antes, y si es algo de conocimiento público que si tu novio llega con Tiffany’s es porque hizo algo… Lo mismo se aplicaba a la pequeña pelirroja.
No ayudaba en nada que, al verla allí, con una falda que apenas llegaba a medio muslo y una musculosa negra, quisiera besarla y hacerle el amor hasta el cansancio. Parecía tan inocente, que si se hubiera mantenido callada, podría haberlo creído.
La culpa en su voz fue la última evidencia. La fulminé con la mirada antes de soltar mis cosas directamente sobre el suelo, sorprendiéndola, y abandoné el living furioso, encerrándome en el baño. Tenía que controlarme. Unos segundos. Recordar como respirar. Como flexionar y relajar los músculos…
Cuando volví, Eimi estaba exactamente donde la había dejado, con la vista perdida, y los ojos húmedos.
Bien.
“Qué se siente cuando lo besas, cuando sabes que yo confiaba en ti?” Demandé saber sin poder controlarme.
Eimi dio un paso hacia atrás por acto reflejo. Asustada? Culpable? Avergonzada? Probablemente, todo a la vez.
“Piensas en mí cuando haces el amor con él?” Insistí, acercándome a ella. Estaba furioso, y debía verse claramente en mi rostro, porque ella retrocedió a cada paso mío, hasta quedar contra la mesada. No le di tiempo a escapar, y la acorralé con mis brazos a cada lado. “Podrías ser más… obscena?” Solté, con asco, y… culpa? Me sentía culpable. Había algo que podría haber hecho para cambiar el resultado? Y me odié por sentirme culpable.
“Ma-Masaharu…” Comenzó ella, sonrojándose violentamente, intentando disculparse.
“Ni lo intentes.” La frené. “No intentes decirme cuanto lo sientes.” Escupí con furia, imitando su voz con sarcasmo. “No intentes arreglar esto. No gastes tu aliento, Eimi, porque es demasiado tarde.”
Ella tenía miedo, y aunque sentía un placer sádico al saber eso, me parecía justo, porque yo también sentía miedo. De lo que sería de mí a partir de ese momento, de lo que podría llegar a hacer con ella allí, con Akazawa cuando lo viera. Tenía miedo de agarrar su bonito rostro surcado por lágrimas que me humillaban, y aplastarlo entre mis manos. Tenía miedo de… de tomarla a la fuerza sobre la mesada. Tenía miedo de que mi impulso de hacerla sufrir fuera demasiado fuerte.
“Masaharu, yo…” Comenzó nuevamente. Le temblaba el labio, preludio del llanto, y se lo mordió para que dejase de temblar. “No…”
“No qué, Eimi? No qué? No quisiste? No fue nada? Ahórrate eso, porque no te creo. No quiero creerte, y no puedo creerte. Hace cuánto que el imbécil de Akazawa te disfruta a mis espaldas? Te lo tiraste en tu cama, después de acostarte conmigo? Pensaban en él cuando estabas conmigo? Dios! Si ya no me querías, por qué no lo dijiste?!!”
Grité lo último, no pude contenerme. Sentí mis ojos comenzar a arder.
Eimi comenzó a llorar. “Masaharu…!” Intentó nuevamente.
“Qué? Quieres explicarme? No eres tan idiota, Eimi. No me insultes más de lo que ya lo hiciste.” Escupí, acercándome más a ella. Disfrutaba morbosamente de su miedo, y de su cuerpo temblando. Al menos no era el único que se sentía completamente impotente. “Acaso fue verdad algo de lo que dijiste? O fueron todas mentiras? Nunca creí que fueras tan hipócrita, pero supongo que soy un imbécil de todas formas, verdad?”
“No! Masaharu, yo no-!” Protestó Eimi, estirando su mano hacia mi mejilla.
No sé por qué hizo eso, pero sólo sirvió para enfurecerme más. Agarré su mano con fuerza, demasiada fuerza, y la mantuve a centímetros de mi rostro. “Cállate!” Le ordené. “No quiero oír tu voz. Eres desagradable.”
Llevé mi otra mano de la mesada a su cadera, y la senté sobre la mesada de un movimiento rápido, ubicándome entre sus piernas, apretándola contra mi cuerpo. Tiré de su brazo para inclinar su rostro hacia el mío, observándola lloriquear, y morderse el labio de los nervios. Era algo que siempre había encontrado adorable, pero ahora… Ahora sólo podía pensar en todas las veces que otro la había besado.
Quise borrar a Akazawa de cada centímetro de su cuerpo.
Y empezaría por sus labios.
La besé con violencia, con fuerza, dominante, soltando su mano y agarrándola de la nuca, enredando mis dedos en su cabello sedoso, apretándola todavía más contra mi boca. Quería lastimarla, y no ser dulce o cuidadoso. Quería que llorase de dolor, quería que sangrase. Mordí el mismo labio que ella mordía antes, pero con mucha más fuerza, y sonreí sádicamente al sentir el sabor metálico de la sangre en mi lengua.
Le arranqué la falda de un solo tirón violento, a lo que ella pegó un gritito sorpresivo dentro del beso. La acaricié con brusquedad, deseando borrar cada signo de que Akazawa la había tocado, la había besado. Quería dejar marcas en su cuerpo que él reconociera inmediatamente como mías.
Cerré mi mano sobre su cabello, haciéndola doler, obligándola a inclinar su cabeza hacia atrás, y besé su cuello. Besé, mordí, lamí, la piel perfectamente perfecta de la curva de su cuello, ensañándome con los centímetros bajo sus orejas, los puntos que sabía podría lograr hacerla llegar al orgasmo con mucha más facilidad.
Mientras mi mano se deslizaba violentamente dentro de su musculosa, rompiendo los breteles y bajándola hasta sus caderas, arrancándole el sostén tuve una epifanía. Me vi a mí mismo, a punto de forzar a mi novia, mientras ella lloraba, pero no decía nada. Y aunque no me detuve, me dio miedo. Me dio miedo en lo que m había convertido en pocos instantes. Sin embargo, continué besándola, continué acariciando su espalda, su cintura, su vientre, sus pechos, con la misma fuerza que antes.
Su cuello estaba enrojecido, y los cardenales se propagaban como un tatuaje. Volví a besarla, y esta vez, ella me devolvió el beso. Fue más una completa ausencia de resistencia, y abrir los labios para dejar que mi lengua entrara en su boca, pero la aproveché de todos modos.
No supe exactamente cuándo, pero me había quitado el cinturón y había comenzado a desabrocharme los jeans, al mismo tiempo que usaba el cinturón para amarrar las manos de ella a su espalda. Cuando volví a besarla, fue algo más suave que las veces anteriores. Quería mostrarle cuánto me había lastimado y no sólo lastimarla a ella.
Llevé mi mano a su trasero, deslizando un dedo por el borde de su tanga, recorriéndolo de lado a lado, y luego, repentinamente, se lo arranqué de un tirón, arrojándolo al suelo. Estaba completamente desnuda sobre la mesada de la cocina, pero seguía sin decir nada. Estaba excitada, pero continuaba llorando.
La odié.
Y al mismo tiempo…
Quise borrar todo, y volver a la primera noche en que habíamos hecho el amor. Cuando ella me quería y confiaba lo suficiente en mí como para decirme que el gris me quedaba horrible y que los slips eran de gay.
“Cuándo dejaste de confiar en mí?” Pregunté, sabiendo que no recibiría una respuesta. Saqué un condón del bolsillo de mis jeans antes de dejarlos caer al suelo con mis bóxers, y me lo puse rápidamente. Eimi no se resistió, estaba mordiéndose el labio inferior, enrojecido, hinchado, cicatrizando lentamente.
Me asusté de mí mismo al no sentirme culpable.
Pero me detuve, con mis manos sobre su trasero, enterrando mi cabeza contra su cuello. “Por qué no me dijiste nada?” Pregunté. Sus piernas seguían alrededor de mi cadera, sostenidas por ella.
“Lo siento…” Murmuró, con su mejilla contra mi cabello. Levanté el rostro para enfrentarla, y la alcé fuera de la mesada, apoyándola contra la pared. Seguramente era una posición incómoda, con sus manos atadas a su espalda, pero no me importó.
“Lo sé…” Suspiré. “Pero es demasiado tarde…” Confesé, antes de penetrarla de una sola embestida. Escucharla gemir suavemente no me provocó la mitad de gusto que debería haberme causado.

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Última edición por Izzy el Sáb Mayo 02, 2009 6:00 am, editado 1 vez
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Izzy
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MensajeTema: Re: Your love is a lie ~ One-Shot   Lun Abr 27, 2009 4:45 am


En ese momento, sí me sentí culpable, pero estaba demasiado perdido como para dar marcha atrás. La abracé con cuidado, soltando sus manos, que inmediatamente se aferraron a mi cuello, abrazándome, y besando la mejilla.
“Masaharu, te quiero.” Murmuró, comenzando a moverse; siempre había podido marcar ella el ritmo incluso cuando sólo se apoyaba en mi cuello y la pared. “Y lo siento. De verdad. Fue una sola vez… Puedo explicarlo…” Agregó, antes de besarme. Me sorprendió, pero sirvió para aplacar la duda.
“Ya es tarde, Eimi. Lo hubieras pensado antes.” Le aseguré, acelerando la velocidad de las embestidas.
La pelirroja me abrazó, besando mi cuello, apretando sus piernas alrededor de mi cadera, mientras mis manos recorrían su cuerpo casi con desesperación. Sabía que sería la última vez que la tendría, lo suponía, podía verlo. Quería disfrutarla hasta el último momento.
“M…Masa…haru…” Gimió cerca de mi oído, llegando al clímax, y sólo eso fue suficiente para que yo acabase, abrazándola hacia mí, queriendo fundirme con ella.
Era el adiós, verdad?
El mismo del que hablaban todas las canciones cursis y almibaradas.
Era la última vez.
Aunque Eimi hubiera dicho que sólo había sido una vez, que lo sentía, que me quería… La culpa en su voz hablaba de otra cosa. De amor quizás, pero no conmigo. No hacia mí. Hacia otro. Hacia Akazawa.
“… Te quiero…” Murmuró con la respiración agitada, mojándome el cuello con sus lágrimas.
“Eimi… Ahórratelo. No quiero escucharlo. Al menos ten un poco de decencia…” Mascullé. Era una ironía que fuera yo el que dijera eso, cuando todavía estaba dentro de su cuerpo, y mis manos se aferraban a su espalda. Ella no quería soltarme, lo sabía, porque tenía sus piernas entrelazadas alrededor de mi cintura.
“Lo siento…” Repitió, atragantándose con su llanto.
No podía tolerarlo más.
La solté, salí de ella, y la dejé en el suelo. Desnuda, vulnerable, llorando. Y aunque algo en mí me imploraba que la consolase… otra parte se deleitaba, diciéndome que se lo merecía.
Me puse mis jeans evitando mirarla, apoyada contra la pared, sollozando y temblando. Abandoné la cocina dejándola allí, necesitaba estar lejos de ella. Quería que se fuera. Ya. Entré a mi cuarto, ofuscado. No recuerdo exactamente esos momentos. Sólo sé que agarré un bolso, y vacié sus cajones dentro. Quería que se fuera, y no quería verla más.
Me encontré en el living con el bolso en el suelo a mi lado. Volví a la cocina, sólo para dejar uno de sus vestidos en sus manos. Fue sólo una tortura elegir mi favorito, pero esperaba que no pudiese usarlo nunca más, que recordase, y no pudiese usarlo. Que nunca más usara verde esmeralda.
“Vístete y vete. Tienes tus cosas en el living. Deja tus llaves sobre la mesa.” Ordené con frialdad. Era la única forma de no mostrar lo que realmente sentía.
Su llanto empeoró, e intentó detenerme. “Masaharu…” Intentó desesperadamente, pero me sacudí su mano con violencia.
“No quiero verte nunca más, Eimi. Puedes entender eso? No quiero verte, porque puedo decir algo de lo que luego me arrepienta, y ya arruinaste mi día.” Y mi semana, mi mes, mi año… “Si algo te importo, vete. Ahora.”
“Masaharu!” Protestó, sollozando, ahogándose con sus lágrimas.
No me pude contener.
“Está bien. Espero… Sinceramente, espero que sufras en algún momento lo que yo siento ahora. Feliz? Espero que alguien te haga sufrir lo mismo.” Escupí. Estaba asqueado de mí mismo. Pero una vez que comencé, no pude contenerme. “Siempre quisiste fama y fortuna. Ahora la tienes. Sales con el gran Akazawa. Disfrútalo mientras te dure.” Agregué con pura crueldad.
Ella me soltó como si la hubiese golpeado. Quizás hubiera sido mejor que la golpease.
Me sentí culpable inmediatamente después de soltar eso, y tuve que voltear a verla. Estaba dolida, la había lastimado. Bien. “Te lo advertí.” Marqué, sólo por decir algo. No quería llorar frente a ella. “No… Mantente apartada de mí. No quiero verte. No te preocupes, tú te quedas con todas las reuniones de nuestros amigos. Si te dejaste algo, se lo daré a Gris.” Dije. Me odié por querer abrazarla y consolarla.
Lentamente, asintió, y comenzó a vestirse. Con el vestido sobre su piel desnuda. Abandoné la cocina, y en el living, busqué las llaves de mi auto. Necesitaba irme, lejos. Pero antes de poder abrir la puerta, Eimi estaba allí, cerca de mí. Era una maldita sádica, disfrutaba torturándome.
“… Algún día…?” Comenzó.
No pudo terminar. Pero yo entendí lo que quería preguntar.
“No lo sé.” Solté, y abrí la puerta. Me detuve unos instantes. “Realmente no lo sé.” Y cerré la puerta detrás de mí.
La odié por preguntar eso.
Y me odié a mí mismo por saber que la respuesta era sí.
Eventualmente, la perdonaría.
La amaba demasiado como para odiarla, y tampoco la estaba odiando en ese momento.
Eventualmente, querría verla, asegurarme de que estaba bien.
Y cuando ella sufriera, estaría allí para ayudarla, para consolarla.
Porque no podía hacer otra cosa.
Porque la amaba.
… Y tenía que irme para soportarlo.
Quizás aceptase la oferta de los Echizen, y fuera a trabajar con ellos a los Estados Unidos. Parecía una idea fantástica en ese momento. Tan buena que, sin pensarlo, me dirigí al aeropuerto. El tiempo se había detenido desde que había dejado a Eimi en mi casa, y no puedo decir cuantas horas, días, semanas, pasaron. No supe en qué momento tomé la decisión, pero para ese momento ya tenía un pasaje en mis manos.
No quería llevar nada. Todo me recordaría a Eimi.
Podía empezar de cero en otro país y desaparecer de su mundo.
Podía intentar… perdonarla y mantener su amistad.
Incluso en ese momento, cuando sentía que me moriría si tenía que enfrentarla a ella nuevamente, a ella sola, a ella con él, prefería tenerla en mi vida, que no tenerla en lo absoluto. Prefería tener sólo un poco, a no tener nada.
Pero para eso, tenía que tomar distancia.
No podía sentarme mientras esperaba el avión. No podía relajarme de la misma forma. Quería una botella de Jack y… y algo de lo más fuerte que tuviese Rin. Quería dejar de sentir. Quería ser un autómata. Quería…
Quería hacer de cuenta que no los veía, quería ignorarlos, pero no podía. Hikaru y Akaya estaban parados en el límite de la sala de check-in, buscándome. Suspiré. Al menos tenía que despedirme de alguien y explicar que no había muerto en mi casa para ser alimento de ratas como parecía temer Gris.
Me acerqué lentamente, sin realmente quererlo, y me atajé antes de que pudieran decir algo. “No van a convencerme de que me quede.” Sentencié.
“Masaharu, no vamos a intentarlo.” Me aseguró Akaya. Probablemente, él había sido el que había comprendido lo que quería hacer antes que yo mismo, cuando no me presenté a la reunión semanal que él y Yukimura insistían en mantener. Nunca me había parecido una carga asistir… Hasta ahora.
“Sólo queríamos despedirte.” Dijo Hikaru suavemente, abrazándome. Sonreí, pero no lo sentía. Le palmeé la espalda. “Sabes que no tienes que irte, pero… Lo respeto.”
“Eres un imbécil y estás actuando como un cobarde.” Escupió Akaya, abrazándome tan pronto como Hikaru me soltó. Él había sido el más afectado en la situación. Era el mejor amigo de Eimi y el mío. No podía hacerlo elegir.
“Es para mejor, niño. Para todos.” Dije, intentando poner seguridad en mi voz.
“No te va a gustar Estados Unidos y nunca fuiste fan de los Echizen. Tampoco te gusta enseñar.” Protestó Akaya.
“Ay, no seas idiota!” Lo retó Hikaru. “Masaharu va a estar bien. Se va a acostumbrar a Estados Unidos y va a venir de vacaciones con muchos regalos de Disney.” Dijo. Parecía una orden, y asentí, porque esperaba que se lo corroborara. “Y se va a mantener en contacto. No nos va a borrar de su vida.”
“Nunca, Hikaru.” Le sonreí. Por primera vez en mucho tiempo, fue una sonrisa sincera.
“Y nos vas a invitar.” Ordenó Akaya fulminándome con la mirada, pero sabía que esto le dolía.
“Desde luego.” Aseguré, buscando algo en mi bolsillo. Cuando lo encontré, se lo puse en las manos. “Está pagado por dos años, Akaya. Estabas buscando irte de la casa e tus padres… Puedes quedarte con mi departamento.”
Eso parecía hacerlo todo mucho más… Terminal. Y ambos lo entendieron, porque sus ojos se llenaron de lágrimas. Hikaru comenzó a llorar suavemente, y me abrazó, pero Akaya intentó luchar contra eso.
“Masaharu…”
“No quiero escuchar peros.” Dije con firmeza, y una sonrisa. La voz de los parlantes comenzó a llamar a mi vuelo, y los abracé una vez más. “Voy a llamarlos cuando llegue… Despídanse de… Gris, por mí. Sí?” Y de Eimi. No lo dije, pero no tenía que hacerlo. Ellos entendieron.
Quería preguntar por ella, pero no quería escuchar la respuesta. Tenía miedo de la respuesta.
Hikaru me miró con fijeza, asegurándome con sus ojos que Eimi no estaba bien en lo más mínimo, y no pude evitar sonreír.
“Adiós.”
“Nos vemos.” Me aseguró Akaya, amenazante.
“Nos vemos.”
Me alejé lentamente hacia la puerta indicada.
Pero no me sentía tan mal como antes.
Tenía una perspectiva delante.
Y amigos.
Y Eimi me quería. Algo, pero me quería. No me había olvidado.
… Al menos no volvería a usar su vestido…

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Hikaru sama
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Tu personaje de Tenipuri: Inui Sadaharu/Momoshiro Takeshi
Tu Prince or Princess: Atobe Kaizen

MensajeTema: Re: Your love is a lie ~ One-Shot   Mar Abr 28, 2009 2:39 am

Ayyyyyyyyy...esta historia es tan intensa!!!!!! T.T
Y triste!! me da pena el pobre niou...pero adoro la historia...
No voy a volver a decir que escribis de maravilla....bueno, si, lo hago. Escribis de
maravilla!!! ^^

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Akemi
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Tu personaje de Tenipuri: Fuji Syusuke
Tu Prince or Princess: Shiraishi Kuranosuke

MensajeTema: Re: Your love is a lie ~ One-Shot   Sáb Mayo 02, 2009 5:03 am

Genial!!!!
no hay palabras!!! enserio está muy genial!
como todas tus historias!
me haces llorar!! T-T
¬¬ no es justo!
me encanta EimixNiou!!
en todas las situaciones
cuando pelean, cuando se odian, cuando se quieren xD
todas son geniales!!!
es lo mejoor! te salen demasiado bieen!
bueno sigo leyendo xD
vas a tener que postear lo otro sí o sí!! xD
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Gris
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Tu personaje:
Tu personaje de Tenipuri: Nioh Masaharu
Tu Prince or Princess: Fuji Syusuke

MensajeTema: Re: Your love is a lie ~ One-Shot   Jue Sep 03, 2009 5:35 am

Aaaay este me re-encanta!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Demasiado intenso como dice Hikaru...
Si, definitivamente la historia me encanta...
Tiene un ligero sadismo que incita a seguir leyendo xDD
Muy bueno, por cierto!!!
Aaay ya lo sabes!!!!
Me encantan tus historias y.... Niou xDD
Bueno, voy a seguir leyendo...
Chau!

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MensajeTema: Re: Your love is a lie ~ One-Shot   

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Your love is a lie ~ One-Shot
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