* Hana To Yume * - Prince of tennis - rol and fics
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 CAPITULO III

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Hikaru sama
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Tu personaje de Tenipuri: Inui Sadaharu/Momoshiro Takeshi
Tu Prince or Princess: Atobe Kaizen

MensajeTema: CAPITULO III   Miér Ago 11, 2010 3:15 am

Finalmente traigo otro capitulo de esta historia, a la cual con sinceridad le tengo mucho apego y cariño >.<
Gracias por leerla!!


SEÑORES DEL DESIERTO
III


La negrura de la noche cobijaba al grupo de jinetes que cabalgaban por las blancas arenas, iluminados sólo por el reflejo de la luna, ahora parcialmente oculta detrás de las colinas. El cielo estrellado se perdía en el infinito para amalgamarse en el horizonte con las dunas del desierto.

La brisa era ahora fría, castigando las pieles curtidas de los hombres por largas temporadas a la intemperie. Nada detendría su marcha hasta haber cumplido la misión que los señores les habían encomendado.

Estos hombres rudos e indómitos, se movían libres y a su antojo por las tierras que los vieron nacer. Sólo respondían al llamado de sus señores, a quienes obedecían con fe ciega y respeto reverencial. Sólo a ellos respondían por su accionar, ya que ellos eran la única justicia que estas fieras del desierto conocían. Eran la encarnación de la ley en estas tierras, la única que conocían y respetaban.

Así cabalgaban sin detenerse a descansar, llevando con celosía a sus presas capturadas. Nada debía pasarles a ninguna de ellas. Un solo rasguño significaría la muerte menos misericordiosa. La brisa nocturna sacudía sus ropas otorgándoles cierta sensación de libertad embriagadora. Sólo se escuchaba el golpeteo sordo de los cascos sobre la arena.

Las horas pasaron siguiendo el camino de los astros en el cielo. Por el horizonte, un leve fulgor anaranjado indicaba que el sol pronto saldría para bañar las arenas con su aliento abrasador. Debían llegar al campamento antes que amaneciera. Sin que ninguna orden verbal fuera expresada, los seis jinetes aceleraron la marcha, con el firme propósito de cumplir con lo encomendado.

***

El movimiento oscilante de la cabalgata y la brisa fría golpeando el rostro, fue suficiente para que la pelirroja alta que se encontraba arropada con sumo cuidado, se despabilara levemente y abriera sus ojos. La oscuridad reinante la desorientó sobremanera y sintió algo de nauseas ocasionadas por los vahos del narcótico con que la habían dormido.
Se movió ligeramente, intentando descubrir por completo su rostro. El agarre que la tenía cautiva se apretó con más fuerza, generando una punzada de dolor, materializada en un agudo chillido.

-Tranquila bonita, no te muevas si sabes lo que te conviene.

El género que le cubría el rostro se había movido lo suficiente para ampliar el campo de visión de Hikaru. Pudo ver delante de ella, a tres jinetes más que cabalgaban, y otro que lo hacía a la par. Éste último jinete llevaba delante otro bulto envuelto que tenía la clara forma de una persona. Le pareció identificar el cabello cobrizo lacio y largo de su amiga Eimi, pero no podía estar segura.

Delante de ella, una luz sobre el horizonte indicaba que pronto amanecería. Aún bajo los efectos del somnífero, enfocó sus ojos como podía en el paisaje que se le presentaba enfrente. Los ojos le pesaban terriblemente y el constante movimiento del galope la adormecían aún más.

Le pareció divisar a lo lejos unas colinas de formas extrañas y bajas. El galope se había acelerado, lo cual le generó un mareo terrible. Las colinas de pronto parecieron transformarse frente a sus ojos en una serie de tiendas de campaña dispuestas en forma de prolija hilera. Desde lejos le llegaron a sus oídos los rumores perdidos de gritos y chillidos agudos, mezclados con disparos que sonaban como ecos secos en el aire.

Una mancha oscura parecía moverse desde lo lejos, agrandándose a medida que se acortaba la distancia. Las siluetas de varios jinetes que galopaban a su encuentro, portando estandartes y escopetas se hicieron dolorosamente claras.
Ahora con más nitidez pudo distinguir los otros dos bultos envueltos que llevaban los jinetes delante de ellos. Tal vez…No, mejor no pensar. Con el cuerpo entumecido por el frío y no hallando más refugio que el pecho amplio de su captor, se estrechó con fuerza sobre el hombre que la sostenía, buscando inconscientemente el calor que emanaba de su cuerpo. Comenzó a tiritar de frío, pero cerró los ojos dejándose vencer por el sopor que se negaba a abandonarla.
Tal vez, si se durmiera, despertaría de esa pesadilla en la suavidad y calidez de sus sábanas…

***

Natsumi se despertó algo mareada a causa de la frenada abrupta del jinete que la llevaba. No podía ver nada porque tenía la cabeza completamente envuelta entre las sábanas. Confundida y desorientada, intentó escuchar los sonidos que le llegaban como una bruma densa y pastosa.

Voces en un idioma que no comprendía, risas, gritos y algún que otro disparo de escopeta. Se quiso mover pero el cuerpo no le respondía, no obstante su captor la sujetó con más fuerza. Tenía frío y le dolía terriblemente la cabeza. Los ojos le pesaban demasiado y percibió que en cualquier momento volvería a caer en un estado de semi inconsciencia.

Las voces ahora eran más nítidas y parecían estar rodeándolos a ella y a su jinete. Todas voces de hombres, y el barullo típico de la muchedumbre. Creyó identificar el aroma de la comida recién hecha, con el hedor de los animales domesticados. El relinchar de algún que otro caballo le confirmó que no eran los únicos jinetes.

El hombre que la sostenía se movió en su montura y habló con otro que estaba cerca, en un idioma que no llegó a identificar. Sintió como la movían y la depositaban en los brazos de otra persona. Cerró sus ojos en un intento por combatir el dolor terrible en las sienes y rogó que dejaran de moverla porque no lo soportaría.

La persona que la sostenía pareció moverse con cautela y caminar hacia un lugar con paso decidido. Escuchó el correrse de una especie de cortina o lona pesada y, la escasa claridad que llegaba a través de la tela de la sábana, murió de pronto. Los sonidos se apagaron, las voces callaron.

La depositaron en el suelo de manera delicada y suave, cosa que agradeció en medio de su confusión y mareo. El suelo era mullido y acolchonado, emanaba calor y suavidad. Esperó unos minutos asegurándose que estaba sola. Cuando lo creyó conveniente, intentó moverse para descubrir donde estaba. Logró sacar la cabeza de entre la sábana que la envolvía, pero fue todo lo que le permitió el estado de su cuerpo. La oscuridad absoluta reinaba en el recinto y el calor que comenzaba a invadir su cuerpo efectuó el efecto calmante esperado. Se le hizo difícil mantener los ojos abiertos y pronto cayó nuevamente rendida al sueño.

***

Annika despertó de lo que creía la peor pesadilla de su vida. En su mente imágenes confusas de hombres vestidos de amplios ropajes negros, caballos y colinas desérticas se mezclaba con un olor extraño que se negaba a abandonar sus fosas nasales.

Se creyó envuelta en el cobijo de su propia cama, pero su cuerpo no tardó en detectar la extrañeza de la situación. El calor ahora era agobiante y pesado, y la oscuridad no le permitía ver más allá de sus narices. Apenas podía moverse, tenía el lado izquierdo de su cuerpo adolorido como si se hubiera quedado dormida en una posición forzada.

Logró despabilarse lo suficiente, para descubrir por completo que no estaba en su cama, sino tumbada en una especie de alfombra mullida y suave. Intentó girar y el esfuerzo consumió las pocas fuerzas que tenía, y le costó una ola de mareos y un dolor punzante en las sienes. “¿Acaso la habían drogado?”. Recordó el pañuelo y el peso del hombre sobre su cuerpo. Y luego…nada.

Por su mente paso el fugaz recuerdo de un cielo estrellado y un paisaje oscilante de colinas desérticas. El recuerdo del golpeteo de los cascos del caballo, la llevó a prestar atención a los sonidos sordos que se filtraban. No podía ver, no podía moverse, pero al menos podía escuchar.

Nada claro le llegaba a los oídos. Murmullos de voces apagados, relinchos de algún caballo cercano, gritos y risas. Algunos pasos se escuchaban dando vueltas por los alrededores, pero todo llegaba ahogado, como filtrado a través de paredes pesadas.

De pronto, algo cerca de ella pareció moverse y quejarse por lo bajo. Cuál golpe brusco de la realidad, cobró completa consciencia de la situación y el miedo se apoderó de su cuerpo.

-¿Qui…quién est..está ahí?- su voz sonó aguda y forzada, como salida de una realidad que no reconocía y que amenazaba con devorarla….

***

El movimiento brusco del cambio de velocidad en el galope la despertó por completo. A sus oídos llegaron nítidos los gritos y alaridos, junto con los disparos de varias escopetas. Intentó asomar la cabeza para ver que ocurría a su alrededor, pero su captor pareció adivinar la intención y la cubrió por completo. Su cuerpo no tenía la fuerza suficiente para soltarse del agarre que la sujetaba, ni para quitar nuevamente la tela que le cubría el rostro.

Eimi agudizó como pudo su audición para intentar comprender lo que ocurría a su alrededor. Escuchó el galope de varios caballos y el parloteo de las voces graves de varios hombres. No entendía lo que decían porque aún estaba mareada y confusa, pero creyó identificar el dialecto en que conversaban.

El ruido repentino de varios disparos la asustó e hizo que su cuerpo temblara de manera involuntaria. La marcha del grupo de detuvo abruptamente y el murmullo que la rodeaba se intensificó. Percibió agitación y movimiento a su alrededor, y se quedó rígida al escuchar gritos cerca.

El hombre que la sujetaba se movió en su silla y la levantó para bajarla. Pensó que la soltaría pero antes de reaccionar siquiera, sintió como otros brazos la sujetaban. El sólo movimiento le produjo un mareo terrible y punzadas de dolor en su cabeza.

La persona que la llevaba caminó unos pasos hasta adentrarse en un lugar oscuro, donde el ruido externo apenas si se percibía. Varios pasos lo acompañaron por detrás hasta que fue depositada suavemente en el piso.
No podía moverse y se desvaneció por unos segundos. Cuando volvió a cobrar conciencia, sólo se escuchaba el murmullo de voces ahogadas. Tenía miedo y le dolía el cuerpo terriblemente. Juntó las pocas fuerzas que le quedaban para levantarse en un esfuerzo casi sobrehumano, con la amenaza latente de lo desconocido.

Un quejido ahogado se escuchó cerca de donde estaba, más no podía ver absolutamente nada. Se irguió tanto como pudo, con el miedo a flor de piel, esperando lo peor que podía imaginarse…

-¿Qui…quién est..está ahí?

Eimi Kogawa creyó que lloraría al reconocer la voz de Annika cerca de ella. Extendió el brazo hasta rozar el cuerpo de su amiga, más próximo de lo que suponía. Lo sintió temblar bajo su roce.

-¿Annika?- preguntó esperanzada, con miedo a estar soñando, o a que su mente le jugara una mala pasada

Los sollozos se calmaron y la muchacha se movió. Creyó que se levantaba con un esfuerzo enorme.

-¿Eimi? ¿Eres tú?- un susurro apenas audible- ¿Por Dios, eres tú?
-Si querida, soy yo- suspiró aliviada al no encontrarse sola.

Se acercó a la joven y se abrazaron con fuerza, dando rienda suelta al llanto. De pronto, el movimiento de una persona aterradoramente cerca, las petrificó en el lugar. “¿Había alguien más con ellas?”

-Maldición, mi cabeza…demonios
-¿Natsumi?-preguntaron las dos al unísono.

La aludida se sorprendió, costándole unos segundos en descubrir si lo que escuchaba era la realidad, o un juego de su mente.

-¿Eimi?… ¿Annika?- intentó levantarse, pero lo único que consiguió fue incrementar la frecuencia de las punzadas que le taladraban la cabeza. Se desplomó cuando sus rodillas no pudieron sostenerla.
-Natsumi, no te muevas. Puedes lastimarte- Eimi intentaba recuperar la compostura
-¿Qué pasó? ¿Dónde diablos estamos?- el tono de voz de Natsumi era una mezcla de ira y verdadera intriga.
-No sé- la voz de Annika estaba cargada de angustia, y un nuevo sollozo le impidió seguir hablando.
-¿Hikaru?- recordó de pronto Natsumi- ¿Dónde está Hikaru?
-No lo sé, querida. No parece estar aquí.
-¿La habrán dejado en la casa?- preguntó Annika esperanzada
-Espero, pero realmente no lo creo- Eimi quería sonar tranquila, pero le resultaba extremadamente difícil.

El tiempo trascurrió en silencio. Segundos, minutos, horas…era tiempo indefinido. De pronto escucharon unos pasos se aproximaban veloces desde afuera. Las tres mujeres se abrazaron entre sí.

Las cortinas de la tienda se abrieron de par en par, dejando entrar a raudales el sol del exterior. Instintivamente se cubrieron los ojos con la mano, y lo único que vieron fue la silueta de un hombre recortada contra la entrada.

-Veo que están despiertas. Bien, ya es hora.
-¿De qué? ¿Dónde estamos?- preguntó Eimi un poco más segura
-¿Por qué nos trajeron aquí?-Natsumi sonó extrañamente tranquila
-¿Por qué nos secuestraron? ¿Nos van a matar?- Annika juntó coraje para expresar verbalmente sus dudas

Cómo única respuesta recibieron una risa estruendosa, que les generó más pavor que todo lo vivido anteriormente.

-No soy yo quien va a responder a eso.
-¿Dónde está Hikaru? ¿Dónde está nuestra amiga?- Annika logró pararse para preguntar con firmeza
-Donde ahora tienen que ir ustedes, ya se van encontrar con ella. Ahora vamos, levántense.
-Pero…¿por qué?
-Van a ir a ver al gran Señor- se cruzó de brazos para enfatizar la frase- Vamos, que no se lo puede hacer esperar.

El hombre las apresuró para que se pusieran de pie. Fue en ese momento cuando distinguieron el revólver y el cuchillo que sujetaba a su cinturón. El rostro descubierto, mostraba una mirada seria y una barba cuidadosamente cortada.

Las tres muchachas salieron con temor al exterior de la tienda, cegadas por el sol que ya brillaba con intensidad. Inseguras y a los tropezones, avanzaron siguiendo al hombre que las guiaba. Ahora sí pudieron observan que se encontraban en una especie de campamento. Varios estandartes cuyo significado se les escapaba, estaban apoyados en una de las tiendas y por donde miraran, sólo veían gente que iba y venía, todos ocupados en alguna tarea.

Algunos hombres vestían ropas negras, similares a los que las habían capturado. Otros portaban la misma ropa pero de colores claros, y algunos sólo largas túnicas.

La mayoría iban armados de la misma manera que el hombre que las conducía. Revólveres, escopetas y cuchillos curvos. Se veían algunas mujeres todas cubiertas encargadas de tareas de cocina.
Cada tanto, algún muchacho que llevaba a un grupo de caballos tirando de las riendas. Hermosos ejemplares, sin duda. Sentían las miradas clavadas en ellas a medida que pasaban. No era para menos, sólo vestían la ropa de cama que se antojaba totalmente inadecuada.

El hombre se detuvo frente a una gran tienda de campaña, claramente más lujosa que el resto y ligeramente apartada. Se detuvo en la puerta y les indicó que entraran con una maliciosa sonrisa dibujada en el rostro, al tiempo que corría la pesada cortina que cubría la puerta.

Con temor, se adentraron en lo desconocido. Nuevamente, la penumbra del interior las cegó momentáneamente, hasta que su vista se acostumbró al entorno. Las tres paradas, estáticas en la puerta, miraron alrededor. Los murmullos de las voces llegaron antes que las imágenes a sus retinas.

Las tres al mismo tiempo, divisaron una figura femenina arrodillada en el centro, con la cabeza gacha y los cabellos pelirrojos parcialmente desordenados. Tenía las manos atadas en la espalda.

-¡¡HIKARU!!- gritaron las tres al unísono.

La aludida levantó la cabeza con parsimonia. Una tenue sonrisa se dibujó en el rostro de la muchacha. Sus ojos dejaron escapar un par de lágrimas.

-Gracias al cielo que están bien…-apenas un susurro salió de su garganta.

Las tres corrieron a abrazar a su amiga, pero no pudieron alcanzarla. Tres hombres de contextura física enorme, las sujetaron de los brazos y las amarraron de la misma manera que estaba Hikaru. Las obligaron a arrodillarse al lado de su amiga de manera brusca.

-¿Por qué te ataron aquí Hikaru?- preguntó Natsumi por lo bajo
-Porque la señorita se quiso escapar, golpeando a uno de nuestros hombres- respondió el que las estaba atando.

Hikaru no dijo nada. Sólo agachó la cabeza, mientras una lágrima rodaba por su mejilla.

-Le va a salir caro semejante atrevimiento- concluyó el mismo hombre cuando terminó de atarlas.
-Tranquila Hikaru, ya estamos aquí- Annika intentaba sonar calmada.
-Qué bello reencuentro…

Las cuatro mujeres levantaron la cabeza de manera automática. Frente a ellas, el cuadro que les llegaba a los ojos, no podía ser más alejado de la realidad.

Sentado de manera plácida, en medio de un mundo de almohadones y pesadas alfombras colgadas, un hombre entrado en años, ataviado con similares ropajes pero con un lujo deslumbrante, les sonreía de manera casi lujuriosa. El bigote y la barba estaba prolijamente recortados, el blanco en las hebras de cabello como color dominante. Algunas cicatrices en la cara reflejaban una vida de luchas y guerras, y el color tostado, la marca indiscutible de la vida del desierto.

A su lado, dos a la derecha y dos a la izquierda, se encontraban sentados cuatro hombres mucho más jóvenes, pero igualmente vestidos, con el lujo aflorando en cada detalle de las prendas. Los cuatro las miraban fijamente, sonriendo con cierta displicencia.

-Mis queridas, bienvenidas a las tierras de los Señores del desierto…

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Tu Prince or Princess: Fuji Syusuke

MensajeTema: Re: CAPITULO III   Miér Ago 11, 2010 3:29 am

Kyaaaaaa ~
ESte es un capítulo genial!!!!
Me encanta lo del secuestro!!!
Hahhahahah xD
Creo que parezco un poco sádica haha xDD
Aayy que miedo lo de la oscuridad!!
¿¿¿LA TIERRA DE LOS SEÑORES DEL DESIERTO???
AAhh Hika-chan me intriga!!!
Subi el siguiente cap yaaa!!!!
Nos vemos el siguiente ~
Beso ~

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