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 Capitulo 14

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kaidoh-kiddo
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Tu Personaje
Tu personaje:
Tu personaje de Tenipuri: Kaoru Kaidoh
Tu Prince or Princess: Inui Sadaharu

MensajeTema: Capitulo 14   Sáb Jun 12, 2010 3:27 am

Hikaru no había podido dormir en toda la noche. Hubiera querido poder justificarlo de otra forma, pero la verdad era que estaba preocupada por Kaoru. Afuera en los jardines había adoptado una postura tranquila y dominada, ocultando la verdadera preocupación que sentía, y la ansiedad. Había tantas cosas que quería resolver con él, tantas preguntas que quería formularle, pero por sobre todo, quería verlo regresar. Odiaba sentirse de esa forma. Kaoru era un Rey que comandaba a su ejército, tal como ella creía que debía ser un líder. Habría incontables veces en las que Kaoru debía salir a pelear. Tal vez su ansiedad se debiera a la reciente pérdida de su padre, o a quien ella siempre había considerado como tal. ‘No’, se corrigió, levantándose de la cama para cambiarse. El era su padre, más allá de su verdadero origen, aunque este fuese desconocido para ella, siempre consideraría al rey de Sengoku su padre.

Un golpeteo en la puerta la despertó de sus cavilaciones, y se apresuró a terminar de cambiarse para poder abrir. Se sorprendió al encontrar al príncipe del otro lado, considerando lo temprano de la hora. Sabía que Kamui tenía el hábito de quedarse despierto hasta tarde, y levantarse tarde en la mañana, por lo que esperaba más bien a Inui venir a su cuarto. No pudo dejar de advertir el rostro de preocupación en el muchacho.

-Kamui, que sucede?

-Hikaru… Espero no haberte despertado.

-No, descuida, estaba despierta- inmediatamente luego de decirlo, se arrepintió, porque sabía que Kamui entendería el porqué. No la decepcionó, y el chico sonrió de forma un tanto triste.

-Tu tampoco puedes dormir sabiendo que Kaoru está afuera, no?-Hikaru esquivó la mirada, un poco avergonzada, pero Kamui negó con la cabeza, ampliando su sonrisa. –A mi me sucede lo mismo. Desearía poder acompañarlo, pero es imposible. Solo trato de hacer lo que puedo desde aquí, que no es mucho. – Se encogió de hombros, como resignado a su incapacidad de ayudar a su hermano en las batallas de forma física. Hikaru pensó que, al lado de su preocupación por Kaoru, Kamui debía estar sintiéndose mucho peor.

-Kamui, hay algo en lo que pueda ayudarte?- Preguntó de pronto, no queriendo sentirse tan inútil. Kamui estaba a punto de negarlo, pero su seño se frunció, dudando.

-Hay algo, y después de todo, te mantendría a salvo, que era lo que iba a pedirte- Comentó en voz baja aunque audible, como si debatiera más consigo mismo que con ella.

-Mantenerme a salvo?- Preguntó, sorprendida, y Kamui lució aún más perturbado por el tono de Hikaru.

-Hikaru, no fui totalmente honesto contigo- Confesó el príncipe, dándose vuelta y caminando por el pasillo, sin siquiera verificar que Hikaru lo siguiera. No hacía falta. La pelirroja cerró la puerta de su pieza y alcanzó al príncipe en dos zancadas, poniéndose a la par. – El ejercito de los lobos no nos ataca por problemas territoriales, sino porque tu estas aquí.

Los ojos de Hikaru se abrieron de par en par, y se detuvo por unos segundos en su marcha, solo para retomarla rápidamente y no ser dejada atrás.

-A que te refieres?!

-Me refiero a que están intentando alcanzarte. Pero tienes que entender que los que nos atacan no son los Lobos que nosotros conocíamos. Están siendo controlados por un clan de dragones legendario. Un clan que bajo todas formas parecía extinto, pero sigue activo, y te está buscando. – Antes que pudiera formular la pregunta, Kamui se detuvo y volteó por completo para verla cara a cara, y su rostro reflejaba compasión por la confusión de Hikaru de tener que escuchar todas esas cosas que no conocía.- Un clan al que tu perteneces, Hikaru.

La pelirroja mantuvo la mirada de Kamui, tratando de entender lo que le decían. La carta de su padre lo había previsto, o no? Que ella no era su hija, y que Kamui probablemente supiera su verdadero origen. Pero ese clan al que pertenecía, estaba atacando el reino? Para qué? Por qué? Que buscaban de ella? Kamui comenzó a caminar nuevamente, y Hikaru lo siguió, absorta en sus pensamientos. Un clan de dragones? Ella pertenecía a un clan de dragones? Pero eso era imposible, ella era humana! Aunque pudiera hablar con las criaturas, aunque la llamaran rider de todos los dragones… Seguía siendo humana. De pronto se sintió más insegura de su propia identidad de lo que había estado antes. Las pocas respuestas que había recibido la habían dejado con tan solo más preguntas. Elevó la vista para formular alguna de ellas a Kamui, pero se sorprendió al ver la puerta azul a la que habían seguido a Kaoru cuando Kamui había regresado prácticamente sin vida. Todo el pasillo resplandecía con esa etérea luminiscencia azulina, y la fuerza que Hikaru había experimentado anteriormente, obligándola a irse de allí, había desaparecido. No, se corrigió, intentando agudizar sus sentidos para detectar un trazo de familiaridad en el lugar. La presencia seguía estando, solo que ahora no buscaba rechazarla. Hikaru recordó como el lugar había absorbido a Kamui, recordó la desesperación de Kaoru de llevarlo cuanto antes allí, poniéndolo en una prioridad más alta que los healers, a pesar del estado crítico del muchacho.

Kamui apoyó una mano sobre la superficie tallada de las puertas, con una delicadeza tal que lo hacía parecer una caricia. La presencia que Hikaru sentía pareció estremecerse ante el gesto, y la puerta se abrió como lo hacían normalmente las puertas del castillo de forma caprichosa, sin que nadie las empujara. Kamui volteó el rostro para sonreírle.

-Aquí estarás a salvo, y podrás preguntarme lo que quieras. Desde aquí puedo proteger a Kaoru, si quieres ayudarme. Te lo explicaré todo.

Hikaru sintió la calidez propia del castillo emanar desde la habitación. Su sentido se agudizó aun más, y comprendió que era de esta habitación de donde salía toda la energía que hacía el castillo tan peculiar. Sus pasos la llevaron dentro, y la luz azul por poco logra cegarla, tan intensa era la forma en la que brillaba. Cuando sus ojos se amoldaron al cambio, finalmente observó el interior de la habitación azul.

Al principio no pudo distinguir absolutamente nada, pero de a poco entendió que era una habitación normal del castillo, solo que una extraña planta de enredadera había crecido dentro, tan azul como la luz que iluminaba el recinto. Las gruesas ramas trepaban por toda superficie visible, cubriendo por completo el interior del lugar como si fuese un núcleo de vida. Hikaru extendió casi involuntariamente su magia hacia la planta, buscando comprender lo que veía desde la energía que emanaba. Cuando accedió a esta, y comenzó a reconocer los patrones de flujo de energía, se preguntó porque la sensación era tan familiar. No tardó mucho tiempo en recordarlo. Las hebras de energía eran exactamente como las de Kaoru y Kamui, aunque con pequeñas diferencias, y entremezcladas con las normales, había, nuevamente, hebras de una procedencia desconocida para Hikaru. Hebras que no podía reparar, modificar, ni destruir.

-Kamui, que es exac…- Su pregunta se vio interrumpida por el ruido, apenas audible pero significativo, de la puerta al cerrarse. La pelirroja volteó, sorprendida, cortando la conexión que había establecido, pero a duras penas pudo moverse unos centímetros antes que sus pies se vieran repentinamente inmovilizados. Confundida, observó como extremos de la enredadera trepaban por sus piernas, y luego sus brazos, inmovilizándola. Trató de combatir las ataduras, pero era imposible. Buscó con la vista a Kamui, tratando de entender que sucedía, pero el muchacho no parecía estar prestando atención. En cambio, observaba con una sonrisa agradable hacia otro extremo de la habitación al que Hikaru no podía acceder ahora.

-Por cierto, Hikaru- Comentó de pronto, en un tono tan casual que encendió alarmas en la cabeza de la chica. El príncipe volteó el rostro para verla a los ojos, y Hikaru necesitó todo su esfuerzo para concentrarse en las palabras y no en los fríos ojos de Kamui, carentes por completo de vida. La sonrisa de Kamui se amplió, realzando el contraste y haciéndola lucir tan falsa como la de una muñeca.- Te presento formalmente a mi hermano. Aunque no se puede decir que no se conozcan, pero estoy seguro que es la primera vez que se ven cara a cara.

La enredadera empujó a Hikaru contra la pared, dejándola frente a la zona de la habitación en la que tanto se concentraba Kamui. Elevó la vista lentamente, una extraña mezcla de emociones transformando el rostro de la pelirroja. En parte sabía lo que iba a ver. La otra parte de ella se rehusaba a creerlo.

Era casi imposible distinguirlo, tan entremezclado con la enredadera como estaba, y la luz azul del lugar brillando tan intensamente. Pero los ojos se distinguían con claridad. Verdes, como los de Kaoru, aunque la luz azul los hiciera parecer diferentes. El pelo negro, tan brillante y lacio como el de Kamui. El rostro de niño de Kamui, con algún rastro de rasgos severos como los de Kaoru, pero a duras penas madurados. Su cuerpo, entremezclado entre la enredadera hasta el punto de no saber donde empezaba uno y terminaba el otro, era de buena contextura, pero lucía débil de desuso. Su rostro, aunque con vida y saludable, tenía una expresión ausente, y sus ojos brillaban con la misma energía que la luz del lugar.

-Hazue…- El nombre escapó de los labios de Hikaru, apenas un suspiro de sonido, repleto de incredulidad. Aunque explicara muchas cosas, el comportamiento del castillo, la similitud de energías, la extraña fuerza que los repelía… Aun así, su cerebro se negaba a aceptarlo.

-Se suponía que estaba muerto…- exclamó, sin poder quitar la vista del muchacho. Kamui se acercó a él, elevando una mano para acariciar su mejilla de forma similar a como hiciera con la puerta. Hikaru comprendió que el castillo era una extensión de Hazue, en más de un sentido.

-Por la clase de vida que lleva- Comenzó a hablar Kamui, su tono tan neutro que podría lo mismo estar hablando del clima. – bien podría estarlo.

El príncipe dejó caer su mano, dejando trazos de luz en el rostro de Hazue, que desaparecieron, mezclándose con la luz del lugar, y volteó su cuerpo para acercarse a Hikaru, atravesando la habitación con lentitud hasta quedar frente a ella, sus rostros a meros centímetros.

-Pero tú puedes ayudarme, Hikaru. Me costó demasiado tiempo averiguarlo, pero finalmente te encontré. – Los ojos grises de Kamui estaban fijos en los de ella, y aunque su rostro comunicaba una expresión de súplica, sus ojos grises estaban completamente inexpresivos. Hikaru confirmó, de alguna manera, lo que no había querido creer hace tiempo. Toda emoción de Kamui era simplemente un acto. Sus palabras resonaron en la cabeza de la chica, dañándola más que la noción de que había sido engañada.

-Tú puedes hacer que él viva, aunque sea a costa de tu muerte.

*_*_*_*_*_*_*_*_*

La batalla había comenzado hacía apenas unos minutos, pero la ferocidad de cada pelea había escalado rápidamente, y a pesar de su intensivo entrenamiento y estrategias perfeccionadas, los Lobos estaban logrando avasallarlos. No era solo un problema de números. El ejército de la gente de Lacoon siempre había sido más numeroso que el de ellos, y nunca les había servido de nada. No, el problema era más intrínseco. Los soldados, cada uno de ellos, estaban influenciados. Una energía que no era de ellos corría por sus cuerpos y sus mentes, transformándolos en un grupo anormalmente sincronizado y efectivo. Incluso los riders de los lobos parecían haber aumentado el tiempo de reacción entre decisión humana y acción dracónica a niveles solo comparables con aquellos que hablaban el idioma.

Kaoru maldijo para sus adentros al ver que sus filas de dragones se volvían a dispersar por un ataque perfectamente planificado de los rangos enemigos, y vociferó las órdenes de reagrupación, volando hacia ellos sobre el escamado lomo de Snake, ordenando nuevamente a sus filas con celeridad, y demandando calma. Los soldados estaban agitados y ansiosos, el efecto de la magia de Kamui ya hacía rato había menguado, y Kaoru deseó, una vez más, que su hermano pudiera pelear en el campo de batalla con él, y utilizar sus poderes. Eliminó el pensamiento de su cabeza antes que pudiera tomar forma. Sabía que, con solo decírselo, Kamui vendría, pero jamás se lo pediría. El riesgo que fuera atacado, con su incapacidad de pelear, era demasiado, y aún con guardias que lo protegieran, Kaoru se rehusaba a exponer a su hermano a ese peligro. Indicó al dragón, con sus propios instintos y deseos que Snake captaría, que debían volar cerca del piso para indicar nuevas órdenes a los Sages. El pensamiento no había si quiera tomado forma concreta que el enorme dragón rojo ya se había echado en picada, con una precisión ante los deseos de Kaoru que no dejaba de asombrar a la gente. Sobrevoló al grupo de Sages que participaban de sus batallas y les ordenó, mediante señas, que volvieran a activar una ola de protección, permitiendo contrarrestar la ansiedad de los soldados. Los Sages respondieron inmediatamente, combinando sus poderes para emitir una ola de energía como había pedido el Rey, y Kaoru volvió a subir hacia donde sus riders. La ola de energía le alcanzó antes que pudiera llegar, y Kaoru no pudo reprimir una mueca de resignación. La intensidad de la ola no era siquiera la mitad de lo que había logrado su hermano antes, y se desvanecería más rápido. Incluso combinando sus poderes, los Sages no alcanzaban al nivel de su hermano. Tal vez, pensó, debería haberlo dejado venir, solo por esta vez. Pero nuevamente desechó el pensamiento de su cabeza. Si trajera a Kamui con él, estaría más tranquilo por su ejército, pero no podría dejar de pensar en lo desprotegido que quedaba el castillo. Si los Lobos, como estaban ahora influenciados por el clan de dragones, llegaban a atacar el castillo, la barrera que ofrecía Hazue no sería suficiente.

Hazue…

Kaoru sintió una presión en su pecho, resultado del cúmulo de emociones confusas e incluso contradictorias que lo atormentaban desde hace días. El rostro de Hikaru vino a su cabeza, superponiéndose al recuerdo de Hazue. Le había rogado a Kamui que no hiciera nada aún, pero la respuesta que había obtenido era más que insatisfactoria. A veces su hermano era tan difícil de acceder, de entender lo que pasaba por su cabeza, que Kaoru se sentía perdido. No era como si pudiera culparlo. Desde que sus padres habían muerto, los dos se habían visto envueltos en un meollo de engaños y maquinaciones de parte de sus consejeros para robarles el reino. Kamui había adquirido rápidamente el don para la política, manipulando a los que querían engañarlos con tanta facilidad que Kaoru siempre dudó que fuera algo bueno. En su momento no había otra opción, y había sido necesario. Sin embargo, ahora, esa habilidad de su hermano le producía más preocupaciones que otra cosa, y le había dado una independencia que a veces rozaba la arrogancia. Tomaba decisiones sin consultarle, y aunque Kaoru confiaba en que su hermano haría siempre lo que fuera mejor para el reino, tan feroz era su amor por sus tierras y su pueblo, a veces no podía dejar de preocuparse porque esa pasión de protegerlo no lo hiciera perder de vista el límite. Lo había dejado solo en el castillo, confiando en que sus palabras lo hubiesen alcanzado. Sin embargo, cada vez que pensaba en ello, temía por Hikaru. No estaba completamente seguro que la pelirroja hubiese entendido hasta que punto su pedido de precaución llegaba. Cuando Kaoru vio el cambio en la relación de Kamui con Inui, supo que el muchacho se traía algo entre manos, y se preguntó si Inui realmente había sido engañado tan fácilmente. Y si lo había sido realmente, si la habilidad para el engaño de Kamui, adquirida a la fuerza para proteger su reino, era tan extraordinaria como para engañar a una persona como Inui, podría también engañarla a Hikaru? No quería apresurar el ritmo de la batalla, pero cada segundo que pasaba, deseaba más poder volver al castillo.

Unos repentinos aullidos de batalla, similares al que realiza un lobo en la noche, se alzaron en el aire, trayendo la mente de Kaoru violentamente a la realidad y la situación en la que estaba. Una nueva ola de ataques parecía avecinarse, y Kaoru se apresuró a ordenar sus filas de forma adecuada, analizando rápidamente la formación de los Lobos. Parecía un poco más desprolija que las anteriores, tal vez no les resultara tan difícil desbandarla. Situó a Snake a la cabeza, formando a su grupo en forma de cuña, que le permitiera frenar el impacto del ataque. Sin embargo, al ver quien venía a la cabeza del grupo, necesitó cambiar de estrategia inmediatamente. Los soldados reconocieron al líder de los Lobos, y la formación cambió sin necesidad de las órdenes de su Rey. Era ya entendido por todos que cuando el líder de los Lobos divisaba a Kaoru, buscaba entablarlo en una batalla individual, haciendo que otra persona tomara la punta de la formación. El cambio se efectuó con agilidad, y Kaoru se elevó con su dragón, tratando de desviar a Momoshiro antes que pudiera afectar su estrategia de defensa. Tal como habían predicho, el dragón que llevaba a Momoshiro se elevó, espejando los movimientos de Kaoru, y mientras los dos grupos enemigos entablaban batalla debajo, con los rugidos de los dragones alzándose y llenando el aire, ambos líderes se encontraban por encima de ellos, desenfundando espadas casi en forma simultánea.

-Mamushi! Tiempo sin verte!- Exclamó el carismático y levemente insolente líder de los lobos, arrojándole a Kaoru una sonrisa de desafío que arrancó del Rey un siseo de fastidio. Si había algo por lo que odiaba al líder de los Lobos, además de su personalidad, era su maldita costumbre de llamarlo por ese endemoniado apodo. Aunque el significado de serpiente que la palabra acarreaba no le molestaba en sí, después de todo los dragones pertenecían a la misma clase, era el tono despectivo con el que el apodo era pronunciado el que lo fastidiaba. Kaoru dio una estocada de su espada al pasar cerca de él, pero un rápido viraje del dragón evitó que su arma se clavara en el cuerpo de Momoshiro. Los ojos violetas del muchacho destellaron, entretenido, dejando escapar una carcajada. Esa era otra de las cosas que Kaoru odiaba de él. Cada batalla parecía un juego para él, mientras Kaoru debía jugarse su propia vida en cada enfrentamiento, y no solo por el riesgo de resultar herido físicamente. Su propia existencia corría riesgo. Snake realizó un amplio arco en el aire, y ambos contrincantes se mantenían a una distancia, observándose mutuamente. Kaoru volvió a embestir, utilizando la cola de su dragón para impedir que se escapara de la estocada, pero Momoshiro volvió a esquivar el ataque, su espada solo rebotando en las duras escamas de su dragón. Kaoru volvió a virar, esperando una nueva risa, pero solo silencio lo enfrentó. Cuando buscó el rostro de Momoshiro con sus ojos, la mirada que le devolvía era distinta. El rostro del muchacho Lobo se había convertido en una máscara de seriedad, y sus ojos brillaban de forma peculiar, con un tono dorado opacando el vibrante violeta. Kaoru comprendió al instante que ya no se estaba enfrentando solo a Momoshiro. Desvió la vista por un breve momento, tratando de averiguar en qué estado se encontraba la batalla de debajo. Hacía un momento, su ejército estaba defendiéndose perfectamente, pero ahora, de pronto, parecía que las cosas se daban vuelta. Kaoru maldijo en voz alta, enviando una mirada de furia a la persona que tenía delante. No le parecía en nada justo que un maldito clan de dragones se interpusiera entre una batalla de humanos, pero sabía que la culpa de eso la tenían ellos mismos. No podía quejarse. Momoshiro sonrió con un gesto que no le pertenecía.

-Si te rindes ahora, y nos entregas a Hikaru, prometemos no atacar tu pueblo.

-Nadie la tiene prisionera aquí. Se queda por su propia voluntad- incluso antes de terminar la frase, sus propias palabras le supieron a mentira en su boca. La persona a la que se enfrentaba lo supo tanto como él.

-Físicamente, tal vez no. La retienen bajo mentiras. Si supiera la verdad, volvería con nosotros, donde pertenece.

-Ya la abandonaron una vez, que me asegura que no lo harán de nuevo?- Dijo, sin pensarlo realmente, recordando vagamente las cosas que había oído de Kamui. Su contrincante se enfureció de forma explosiva ante esto, y Kaoru se arrepintió el haberlo dicho. Momoshiro, o mejor dicho, lo que lo controlaba, atacó, y Kaoru logró esquivarlo, aunque solo por unos escasos milímetros, y casi perdiendo el equilibrio sobre su dragón. Pero no pudo dedicarle mucho tiempo a recuperarse, que un nuevo ataque estaba siendo dirigido a él. Esta vez no lo esquivó, sino que enfrentó su propia espada, frenando el letal camino del arma en un explosivo encuentro de metal que dejó zumbando sus orejas. El rostro de Momoshiro estaba a pocos centímetros de los de él, inclinado en su dragón tanto que parecía que iba a caer de no ser por la fuerza con la que se sostenía con sus piernas al lomo del animal.

-Humanozzz- Espetó con desprecio, siseando notoriamente, sus ojos dorados destellando de forma intensa, y a esa distancia, Kaoru notó los iris de forma vertical. La posesión era tan profunda que el propio Momoshiro quedaba completamente relegado a las voluntades de la criatura que lo controlaba, sin poder decidir. Por un breve segundo, Kaoru sintió lástima por él. – Por añozzzz contaminado esta tierra, creen que pueden hacer lo que quieran! No dejaremozzz que maten a Hishkaruz!!! – La sorpresa casi hace que aflojara la fuerza con la que sostenía su espada, frenando el filo del arma que buscaba dañarlo.

-Ma…Matarla!? No es lo qu…- La criatura pareció enfurecerse aún más ante la negación de Kaoru, pensando que era una simple burla. Cuando comprendió que la confusión de Kaoru era sincera, rió de forma amarga. La fuerza se incrementó, y Kaoru sintió que su propia fuerza menguaba. No necesitó esta vez observar hacia abajo para entender que estaban perdiendo. Su energía fluctuó, y la espada escapó de sus manos. La punzada de dolor le llegó tarde, cuando la espada de Momoshiro ya se encontraba hundida en su hombro, llegando a atravesarlo por completo. No había dado en ningún punto vital, podía sentirlo, pero su brazo izquierdo estaría inutilizado por un tiempo.

-Parece que no entiendezzz lo que están haciendo! O es acaso que tu propio hermano te tiene engañado!? Dejaré que lo veas con tus propios ojozzz!!!- La criatura, mediante el cuerpo de Momoshiro, giró la espada, arrancando un áspero grito de dolor de Kaoru. La sangre brotó con renovada fuerza, dejando el cuerpo de Kaoru con rapidez. Eso, junto con la energía vital que se desvanecía lentamente de su cuerpo a medida que su ejército perdía, lo dejó inconsciente, y a merced de su enemigo, quien lo quitó de encima del lomo de Snake sin ningún problema, siseando una orden al dragón que no pudo desobedecer. Después de todo, alguien de su propia raza y superior se lo estaba ordenando. Virando rápidamente y dejando al ejército enfrentarse sólo, sin sus líderes, retornó, con Kaoru inconsciente sobre el dragón de Momoshiro, a la cueva en donde habían habitado por siempre, la cueva que les ofrecía una mirada al mundo.

*_*_*_*_*_*_*_*_*

Al abrir los ojos y acomodar su nublosa vista a la luz del día, buscó la ventana inmediatamente. Sus lentes estaban por algún lugar del suelo, probablemente rotos, pero de todas formas podía distinguir, aunque borrosamente, la posición del sol. No había pasado tanto tiempo. No había contado con quedar inconsciente, o mejor dicho, no había contado con la magia tan poderosa y violenta de Kamui. Inui rió despectivamente de sí mismo. Si tenía que admitirlo, se había dejado engañar un poco por el muchacho. Si bien en el fondo sabía lo que tramaba, una pequeña parte de él se había rehusado a querer que fuera cierto. Lo había dicho antes. Involucrarse con el príncipe era peligroso, impropio y estúpido, y lo había comprobado, porque tenía el maldito hábito de no seguir sus propios consejos. Intentó liberar sus manos, pero los agarres que lo sostenían parecieron reaccionar ante sus intentos, apretando sus muñecas aún más. Inui volvió a sonreír. Por supuesto que el príncipe había pensado en aplicar magia sobre sus ataduras. Nada se le escapaba.

El sonido de la puerta abriéndose de par en par hizo que Inui corrigiera mentalmente esa afirmación. Casi nada se le escapaba. Pero había cosas que ni el propio Kamui podía predecir.

-Vaya que luces patético- comentó la divertida voz de Akemi desde el marco de la puerta. Inui giró su cuerpo para recostarse sobre su espalda y poder ver a la chica, aunque no era más que una borrosa silueta.

-Me atrevo a decir que podría lucir mucho peor, dadas las circunstancias.

-Te lo advertí, o no? Que si decidías enfrentarte, terminarías necesitando mi ayuda. Deberías agradecer que tu orgullo no terminara matándote.- La muchacha entró a la habitación, recogió algo del suelo, y se acercó a Inui. Su visión se vio mejorada al tener sus gafas nuevamente en su rostro, aunque uno de los vidrios lucía una rajadura que distorsionaba un poco la imagen. Inui le sonrió a Akemi, encogiéndose de hombros como pudo, y la chica negó con la cabeza, resignada, y comenzó a desatarlo, conociendo la magia de Kamui lo suficiente para contrarrestar esas pequeñas cosas.

-Podría haberlo hecho, Inui-san. Enfrentarse a un mago como él, en que rayos estabas pensando?

-En un pequeño porcentaje de posibilidad. – Comentó, crípticamente. Sin embargo, Akemi pareció entenderlo.

-Lo encontraste?

-Estoy vivo, o no?- Comentó Inui con una sonrisa de descaro tal que Akemi no pudo evitar soltar una carcajada.

-Solo de pura suerte, y porque seguramente estaba dentro de los planes.

-Dijo que sería un desperdicio de energía.- Recordó Inui. El rostro de Akemi se tornó de pronto solemne, y las pequeñas pizcas doradas de sus ojos se tornaron más intensas.

-Eres una reserva, en caso que la energía no sea suficiente… - Sus ojos volvieron a la normalidad, y frunció el seño, intentando comprender las imágenes que su poder le había mostrado.- Debes apresurarte. Mira que perder el tiempo con esta farsa. Si sabías que estaba engañándote, para que rayos le diste tiempo de hacerlo!?

-Qué me dices de ti? – Preguntó Inui con una media sonrisa – Se supone que estas de su lado, eres la amiga, o no? Y sin embargo, aquí estas, liberándome tal como lo prometiste cuando supiste lo que iba a hacer.

-Estoy de su lado- Dijo la muchacha, su tono de voz tiñéndose de tristeza.- El problema es que Kamui perdió de vista cual es ese lado. Si ir en contra de sus deseos y acciones hará que no corra peligro, entonces estoy dispuesta a hacerlo. – Afirmó decidida, terminando de liberar las ataduras de Inui. Inmediatamente al hacerlo, sin embargo, la puerta de la habitación se cerró, dejándolos atrapados dentro. Akemi dejó escapar una risa amarga.

-Porque rayos piensa en todo!?- Exclamó, mientras Inui se ponía de pié con dificultad. El impacto lo había dejado dolorido. Miró alrededor, pero las ventanas parecían tan selladas como la puerta.

-Sabes cómo deshacerlo? –Akemi negó con la cabeza.

-Esto no es mágia de Kamui puramente, sino del castillo. A diferencia de la magia que estaba aplicada en tus ataduras, esta está siendo controlada directamente. El castillo tiene personalidad propia, por así decirlo. Toda esa energía proviene del cuarto azul a donde lo llevé la otra vez, y, aunque solo son conjeturas de mi parte, creo que ahí está Hauze, de quien sale la energía que controla el castillo. Vencer esa magia será más difícil, porque es ‘inteligente’. Reconoce quién está del otro lado, y puede…- La explicación de la chica se desvaneció, su mente pensando repentinamente en otra cosa. Sus ojos se abrieron de par en par. – Tu cuello!

Inui la miró como si repentinamente se hubiera vuelto loca, pero finalmente comprendió a lo que se refería, y se llevó una mano instintivamente a la marca que tenía sobre la piel. No hacía falta que se lo explicaran. Se dirigió a la puerta, y activó el poder que le permitía liberar su libreta, pero en vez de pensar en ello, deseó que la puerta se abriese.

Casi no lo podía creer cuando, luego de tan solo un milisegundo de haberlo pensado, la puerta se abrió de par en par, confundiendo la magia como si fuera de Kamui. Ambos se apresuraron, aún sorprendidos porque hubiese funcionado, y corrieron fuera de la habitación, por los pasillos que los llevarían hasta el cuarto azul.

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