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 Capitulo 08

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kaidoh-kiddo
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Tu Personaje
Tu personaje:
Tu personaje de Tenipuri: Kaoru Kaidoh
Tu Prince or Princess: Inui Sadaharu

MensajeTema: Capitulo 08   Sáb Jun 12, 2010 3:05 am

El sol ya se encontraba bajo en el horizonte cuando Kamui finalmente se levantó de donde estaba sentado en el terraplén y caminó con cierto letargo hacia el borde, desde donde podía observar a la perfección a sus dos compañeros, en el borde del lago, divirtiéndose con sus nuevos dragones. La sonrisa brotó automáticamente en su rostro, pero no tardó en desaparecer y reemplazarse por una mirada neutra, casi fría. El viento había comenzado a elevar velocidad, y su pelo comenzó a alborotarse. Dio dos pasos hacia atrás, alejándose del borde, por miedo a que el viento lo hiciera perder el equilibrio, y se llevó una mano a su cabeza, calmando los latigazos de los mechones de pelo contra su piel. Observó analíticamente el cielo, la posición del sol, y decidió finalmente que era hora de volver. Elevó el rostro y cerró los ojos, tratando de concentrar su magia en cuanto ser vivo hubiese en el lugar. Detectó enseguida a todos ellos, y lanzó unas palabras al aire, siseos para aquel que no supiera el idioma. Predeciblemente, el primero en acudir era uno de los dragones azules. Llegó al terraplén en poco tiempo, pero lejos de aterrizar sobre el borde como suelen hacer, se quedó simplemente volando estático cerca de este. Kamui rió, negando con la cabeza.

-Sabes que tendrás que compensar por mi falta de destreza, verdad? – Comentó el príncipe en el idioma de la criatura, apoyando una mano en su cintura, divertido. El dragón solo volteó el rostro para verlo y se alejó un poco más del borde, la risa brillando en sus ojos azules. Kamui volvió a suspirar resignado, y caminó unos pasos más hacia atrás.

-No me dejes caer!- Exclamó, y comenzó a correr hacia el borde. Al llegar a este, dio un salto hacia el dragón. Tal como había advertido, el salto fue demasiado corto, pero el dragón rápidamente giró de posición y atajó perfectamente a Kamui con su lomo, y lo llevó hacia la orilla del lago.

Por su parte, Hikaru había volteado a ver justo cuando Kamui había comenzado a correr, y su alarido hizo que Inui saltara de donde estaba y volteara, ya con cuatro hojas entre sus dedos que nadie podría haber visto de donde las había obtenido. Sin embargo, al ver lo que el príncipe iba a hacer, las hojas cayeron de sus manos. Solo volvieron a respirar ambos cuando lo vieron firmemente sobre el dragón, y volando hacia ellos.

Saltó del dragón al suelo y, al mirar hacia adelante, se encontró con una enfurecida pelirroja frente a él. Los ojos de Kamui se abrieron de la sorpresa, en una inusual muestra de expresividad.

-Que acaso estás LOCO!? Como se te ocurre saltar de esa forma desde ese terraplén!? Si el dragón no te atajaba podías haber muerto!!! Me acabas de dar un infarto, Kamui!!!

Pausando para tomar aire de forma agitada, Hikaru se le quedó mirando y Kamui, aún pasmado ante la reacción, de pronto comenzó a reír a carcajadas. Hikaru no entendía de qué rayos se estaba riendo, pero trató de calmarse al recordar que le acababa de gritar al príncipe del reino.

-Ahhh lo siento!- Exclamó el muchacho, aún intentando calmar su risa – No pensé que estuviesen mirando, lo siento! Es un dragón que ya me conoce, así que sabe cómo atajarme, no te preocupes– volvió a reír, tentado por algún extraño motivo que no tardó en ser aclarado.- Realmente me hiciste acordar a Akemi!

Hikaru solo se cruzó de brazos, un tanto avergonzada pero intentando mantener su postura enojada.

-Como sea, ni se te ocurra volver a hacer eso! No al frente mío al menos!

-Lo siento, lo siento! – Volvió a decir, sonriendo, pero su semblante se volvió serio, aunque la sonrisa no desaparecía, al ver a los dragones en la orilla.

-Son dos buenos ejemplares, los felicito. Tuvimos mucha suerte al encontrarlos ya en nuestro primer viaje!

El semblante de Hikaru se ensombreció de preocupación.

-Kamui… No sentí un vínculo especial con el dragón, o mejor dicho, todos parecían serlo… Cuando hablé con la criatura, me dijo que eso es porque soy… Rider de todos los dragones. Tienes idea de a que se refiere?

Inui se sobrepuso de la sorpresa al escuchar esto rápidamente para escrutar el rostro de Kamui. La sorpresa que encontró allí era casi perfecta. Los ojos abiertos solo lo suficiente, el brillo de conocimiento leve, el tiempo en silencio suficiente para demostrar que estaba sorprendido. Era tan perfecto que Inui no dejaba de sentir que era una actuación.

-Rider… de todos los dragones? Esas fueron sus palabras? – Hikaru asintió, y el muchacho frunció el seño, pensando.

-Vaya… eso es impresionante. – Sentenció simplemente, como si a penas pudiese creerlo, aunque el gris de sus ojos no dejaba de molestar a Inui. Todo era expresivo excepto esos ojos. No podía ser solo el color. – Pues… eso significa que puedes subirte a cualquier dragón, Hikaru, y no solo subirte, sino crear un vínculo con ellos. Es algo similar a mí, debido a la capacidad de hablar su idioma, pero en tu caso esto es mucho más poderoso. No es solo por su idioma, sino por cómo eres. Los casos son… verdaderamente pocos.

Meditó unos segundos más y luego le ofreció a Hikaru una entusiasta sonrisa, aún sorprendido.

-Eso es verdaderamente impresionante, Hikaru. El dragón que escogiste será tu fiel montura, pero puedes subir al que quieras. – Los ojos del príncipe se abrieron de par en par, como si se diera cuenta de algo- Oye, hasta podrás subirte a Snake! – De pronto comenzó a reír – Oh no veo la hora de contarle esto a mi hermano!

Hikaru se puso roja como tomate al escuchar al chico mencionar a Kaoru, pero luego pensó en la furiosa reacción de Kaoru si se subiese a su dragón, y no pudo evitar reírse a la par de Kamui.

-Será mejor que vayamos volviendo, el sol está por ponerse. – Comentó el príncipe luego de recuperarse de su ataque de risa y volteó para subirse al dragón que lo había traído.

-Ah, Kamui, hay otra cosa. El dragón me llamó ‘Hija del Dios Sol’. Tienes idea de lo que puede significar?

Inui reprimió la sonrisa triunfal. Ahí había una emoción verdadera, finalmente! El chico estaba de espaldas, pero Inui estaba entrenado para leer el lenguaje del cuerpo humano. La pequeña pausa que realizó la mano de Kamui al acercarse al ala del dragón para subir, la leve tensión en los hombros del príncipe. La pausa de silencio menos prolongada de lo usual. Las palabras de Hikaru, aunque él mismo no las entendía y recién se enteraba, habían sorprendido al príncipe de forma verdadera. Sabía ya el príncipe que Hikaru podría subir a todos los dragones? Lo sabía antes de traerlos aquí, o solo era una sospecha que comprobó? Y por qué estas nuevas palabras lo sorprendían de verdad? Qué rayos significaba?

-Hija… del Dios Sol? Esas fueron sus palabras?- Volvió a preguntar

-Sí, exactamente esas. Porque? Sabes que pueden significar?

Kamui tardó más de la cuenta en voltear para mirar a Hikaru. Su expresión lucía confundida, pero Inui, como usual, indagó sus ojos. El gris… era su imaginación o se había oscurecido?

-Hmm es difícil saberlo, no escuché nunca algo similar. El lenguaje de los dragones a veces es complicado. Ellos leen ciertos términos en nuestro lenguaje y los traducen con palabras similares o que representen la imagen que pueden percibir en nuestra cabeza. Tal vez con sol se refiriese a tu pelo, y se refería a que eres hija de una familia de ese poco común color. O tal vez puede que se refiera a tu espíritu, a tu forma de ser. Es difícil saberlo. A ti no te suenan familiares? No te recuerdan a nada? – Ante la negativa de Hikaru, Kamui pareció pensar un poco más, y volteó para terminar de subirse al dragón. – Tal vez puedas preguntarle más al dragón mismo cuando tengas tiempo? – Ofreció.

Hikaru sonrió aunque un poco desilusionada. Esperaba que el chico pudiera ofrecerle una respuesta a lo que los dragones le decían, pero si el lenguaje funcionaba de esa forma, tal vez lo que hablaban los dragones fuera menos importante de lo que le parecía.

Subieron a sus dragones y volvieron al terraplén donde habían dejado los caballos, y luego de asegurarse que los dragones los seguirían por el cielo para buscar un nuevo hogar en las dragoneras, emprendieron el camino de regreso.


*_*_*_*_*_*_*_*

- Kamui, uno creería que siendo Rey, estoy capacitado para vestirme solo, sabes? – Comentó Kaoru, cruzado de brazos en medio de su propia habitación mientras su hermano revolvía su ropero, haciendo del absolutamente ordenado espacio, un caos de prendas.

-Vestirte solo, nadie lo niega. Elegir las prendas, Kaoru… -Finalmente salió del guardarropas con una serie de prendas colgando del brazo y una satisfactoria sonrisa- Eso es otro tema.

-Es solo un emisario de los Lobos con el que nos vamos a reunir, no el maldito rey de Lacoon, Kamui – Se quejó, observando las ropas elegantes que había puesto su hermano sobre la cama para que se cambiara.

-Lo cual no es motivo para que te presentes como un simple soldado. Si vas a negociar un trato, al menos luce como si tuvieras el poder que realmente tienes.

Resignado, y consiente que llevarle la contra a su hermano era inútil, tomó las prendas y comenzó a vestirse.

-Siempre obsesionas con esto, pero dudo que sea el único motivo por el que viniste. – Comentó mientras tomaba la camisa azul con detalles grises y comenzaba a vestirse. Kamui, satisfecho que su hermano finalmente había decidido lucir decente, se sentó en el enorme sillón de la pieza y miró por el ventanal de la habitación.

-Hace tres días que no te veo para nada, te la pasas de reunión en reunión, así que pensaba ponerte al día. Llevé a Hikaru al valle de los recuerdos – Comentó despreocupadamente, apoyando el mentón sobre su mano y no quitando la vista del paisaje que la ventana le ofrecía. Kaoru pausó por unos segundos, la camisa a medio vestir, y frunció el seño.

-Tan rápido? No es eso un poco peligroso?

-Lo es… Pero necesito datos, Kaoru. Simples conjeturas no me llevan demasiado lejos, sabes?

-Obtuviste algo?

Kamui sonrió letárgicamente, con un brillo de desafío en sus ojos.

-Oh, si. Encontró su dragón, pero el animal le dijo que ningún dragón le negaría la montura.

-Rider de todos los dragones… - Comentó Kaoru entre fascinado y fastidiado.

-Lo suponíamos, o no?

-Si… Que tenga un dragón propio… no le da demasiada libertad, Kamui? Realmente es sabio?

-No hace la diferencia. Puede tomar cualquier dragón de todas formas, y hablando su lenguaje, no pasaría demasiado tiempo hasta que alguno se lo dijera. Snake estuvo lo suficientemente cerca. – Kamui de pronto rió por lo bajo, silenciosamente. – Además, aún no tiene motivos para querer escapar.

Kaoru, terminando ya de calzar sus botas, observó a su hermano con preocupación. No dudaba de que lo que hacía su hermano era para su bien, pero a veces se preguntaba si Kamui conocía límites.

-‘Aun’? – Remarcó, pidiendo silenciosamente una aclaración, pero su hermano hizo caso omiso de ello, y cambió de tema.

-Hay otra cosa que dijeron los dragones. La llamaron ‘Hija del Dios Sol’

Kaoru siseó, fastidiado por los temas tan enigmáticos con los que su hermano trataba, y tomó su espada de la mesa cercana para colocársela nuevamente en su cinto.

-Y que rayos significa eso? – Kamui sonrió, volteando finalmente para ver a su hermano.

-Puede significar un millón de cosas, los Dragones tienen una forma de hablar extremadamente enigmática. Pero es una pista. – Se puso de pié para arreglar una solapa del saco de su hermano que había quedado plegada. Kaoru lo observó desde su ventaja en altura.

-Kamui… No le pasará nada, verdad? A Hikaru, me refiero… - El príncipe miró hacia arriba y le ofreció a su hermano una enorme sonrisa traviesa, y, adivinando sus pensamientos, las mejillas del Rey se tornaron levemente carmesí.

-Realmente te gusta, eh?

-N…No es eso, Kamui!- Comentó, claramente avergonzado, y mirando a cualquier lado excepto a los ojos de su hermano. – Es una buena chica, nada más. No quisiera que le pase nada.

Kamui elevó sus manos para tomar el rostro de su hermano entre ellas, y girar su cabeza para verlo a los ojos. La sonrisa agradable de su hermano y sus ojos gélidos e inexpresivos le arrancaron un escalofrío, pero aunque el contraste era siempre perturbador, sabía que no era culpa de Kamui, y que sus sentimientos eran sinceros a pesar de ello.

-No haría nada que le hiciera daño a mi propia sangre, Kaoru. Lo sabes, verdad?

-Lo sé, Kamui… Lo siento. Todo esto sumado a los lobos, me confunde, es todo.

-Una cosa a la vez, Kaoru. Concéntrate en tus asuntos, de lo demás me encargo yo. Veamos que tiene para decir este emisario, si? – Comentó, acercándose a la puerta, la cual se abrió por su propia cuenta, y Kamui volteó para mirar a su hermano, esperando que lo siguiera. Kaoru suspiró resignado, acomodó su espada y siguió a su hermano hacia el pasillo, la puerta cerrando detrás de ellos sin que nadie la tocara.

*_*_*_*_*_*_*_*_*


Solo cuando estaban por llegar a la puerta de la sala de reuniones oficiales, Kamui retiró de uno de sus bolsillos dos pañuelos azules con los emblemas del reino. Se puso uno al cuello, debajo de las solapas del saco, como era la norma, y lo ató antes de ofrecerle el otro a Kaoru, quién lo tomó con un mero gruñido de reconocimiento. Kamui sonrió, sin mirarlo.

-Kaoru…

-Hn?

-Es para el cuello.

El Rey se percató de que ya estaba por atar el pañuelo sobre su cabeza, como era su costumbre, y siseó fastidiado, llevándoselo al cuello y refunfuñando acerca de las tradiciones y el decoro de la corte, y otras tantas cosas que escaparon del oído de su hermano menor.

Al abrir las puertas del lugar, Kaoru volvió a sisear de fastidio al ver sentados, además de a la gente esperada, a Hikaru e Inui. Antes que pudiera preguntar a Kamui que rayos hacían ahí, el hermano le recordó por lo bajo que esa clase de reuniones eran públicas para cualquier persona de rangos superiores.

Por norma, las reuniones de ese tipo se llevaban a cabo en una sala especial en donde el Rey debía estar sentado en un trono, elevado sobre una pequeña escalinata, y el emisario se presentaba frente a el, intercambiaban unas palabras de decoro, y luego se retiraban a una sala contigua para discutir verdaderamente los asuntos. Pero Kaoru pensaba que todo el teatro previo era verdaderamente absurdo y una simple perdida de tiempo, y, como en solo raras ocasiones sucedía, su hermano estaba de acuerdo. Así que ahora estaban directamente en la sala contigua al hall, en donde simplemente esperaban en la mesa a que llegara el emisario y negociar algún trato. Sin embargo, en este caso, Kaoru no estaba convencido de que clase de trato podrían llegar a acordar. Ninguna de las veces que había intentado llegar a un acuerdo con los Lobos había sido particularmente fructífera. Observó a las personas allí reunidas. Los guardias reales, como era usual, custodiaban a los hermanos. Fuji, por supuesto, el único general en el que Kamui realmente confiaba, estaba apoyado contra una pared y observando de forma aparentemente despreocupada por la ventana, aunque su mano descansaba sobre el pomo de su espada, y sus pies estaban ubicados de forma tal que le permitía el menor tiempo de reacción. Tres de los generales principales del ejército de Kaoru se sentaban en un extremo de la mesa, debatiendo diferentes cuestiones que Kaoru ya había debatido consigo mismo y había agotado hasta el cansancio. En el otro extremo de la mesa, se sentaba Hikaru, con una astuta mirada en el rostro, casi se podría decir que con expectativa. Inui, el guardia y amigo de la muchacha, estaba ubicado detrás de ella, casi un vivo reflejo de la postura de Fuji. Sin embargo, sus ojos volvieron casi por voluntad propia a la pelirroja. La chica era astuta, no había porque negarlo, pero el que estuviera ahí era simplemente perturbador para Kaoru. Que esperaba con presenciar la reunión? Era simple interés, o planeaba alguna clase de interrupción? Kaoru no sabía que podía ganar con ello, excepto fastidiarlo, lo cual parecía ser, la mayoría de las veces, motivo suficiente para la muchacha. Las palabras se escaparon de su boca antes que pudiera frenarlas.

- Espero que no te aburras, Hikaru. No es común que las princesas presencien esta clase de eventos. – Se percató de su hermano suspirando resignado y tomándose la cabeza con la mano, pero hizo caso omiso. La pelirroja simplemente lo miró por unos segundos con una expresión tan fría y neutra que comenzó a incomodar a Kaoru, quien ya estaba deseando no haber dicho nada. Sin embargo, cuando Hikaru sonrió, le preocupó aún más.

-Olvidas, Kaoru – Comentó con tono frío y especial énfasis en su nombre, como una burla al contraste entre lo familiar del nombre y lo hostil del tono- que no soy una princesa común.

-No olvido que no eres común…precisamente- espetó, dándole cierto tono a la expresión ‘no común’ que dejaba de parecer un elogio.

-Saben…- Comentó Kamui de pronto, viendo el potencial desastre en la expresión de ambos- por más que sus conversaciones me resulten en extremo entretenidas, no dejo de pensar que no sería adecuado recibir a un embajador intercambiando… opiniones de esta forma.

Casi como si hubiese calculado el tiempo, las puertas de la habitación se abrieron y dos guardias aparecieron, anunciando la llegada del emisario. Tanto Hikaru como Kaoru transformaron sus expresiones a completa seriedad, y Kamui no pudo evitar sonreír con el cambio. Pasaban de ser dos chiquillos temperamentales a dos adultos formales en menos de un segundo. Dudaba que ellos notaran lo similares que eran.

El hombre que entró por la puerta era sorprendentemente mundano. Su altura no era particularmente impresionante, y poseía un rostro fácil de olvidar. Sus maneras eran igualmente mediocres, y Kaoru, detrás de su rostro imperturbable, se preguntaba qué objetivo escondía el enviar a una persona tan común a una negociación, en donde la presencia ayudaba mucho a ganarse el favor del trato. El hombre se sentó en la mesa y la conversación comenzó de forma simple y directa, guiada por Kaoru. Sin embargo, mientras hablaban, ninguno de los que estaba presente dejaba de pensar que el hombre no parecía particularmente inclinado a lograr beneficiarse del trato, ni intentar convencer a Kaoru de realizar un acuerdo. Parecía simplemente seguir al Rey por donde sea que este dirigiera la conversación. Después de un breve tiempo, fue claro para todos que la reunión era una pérdida de tiempo, aunque Kaoru intentaba sacar algo productivo de ello y no dejarla en un enorme desperdicio.

Sin embargo, en un segundo, la situación se transformó. Kaoru se había parado para mostrar unos puntos sobre el mapa, en el cual todos estaban concentrados. Hikaru fue la primera en notar un extraño destello de metal, y sus ojos se dirigieron a la fuente con agilidad. Su grito de advertencia sucedió casi simultáneamente al desenvaine de la espada de Kaoru, el cual con un eficaz movimiento logró apartar las dos hojas circulares que volaron hacia su dirección. El hombre ya había sacado una pequeña daga, las hojas siendo solo una distracción, pero los reflejos de Inui dejaron al hombre atrapado contra el piso y su rodilla antes que la daga pudiera siquiera acercarse al rey. Tomando rápidamente los brazos del embajador contra la espalda, retiró el arma. Una maldición se escuchó desde la otra esquina, donde Fuji había empujado a Kamui lejos de la mesa, y sostenía otra de las hojas entre sus dedos, los cuales habían comenzado a sangrar, aunque solo superficialmente. Mientras los guardias se llevaban al hombre, probablemente a los calabozos a ser interrogado, Inui se tomó unos segundos para reproducir la escena nuevamente en su cabeza y rescatar detalles antes que se fueran de su memoria. Hikaru había divisado el destello del sol en las hojas que el hombre había arrojado. Inui solo divisó las dos que fueron hacia el Rey, no se había percatado de la tercera. La daga había sido más fácil de divisar, pero el hombre se había inclinado para atacar a Kaoru. Tal vez calculó que el Rey, siendo un guerrero, podría defenderse del primer ataque, distrayéndolo del segundo peligro de la daga, mientras que Kamui no podría reaccionar a tiempo siquiera al primer ataque. El grito de Hikaru había advertido a Kaoru, y sumado a sus excelentes reflejos, había detenido las hojas. Pero aún así, la distancia y los tiempos no encajaban. Lo resolvió al escuchar a Kamui hablar con su guardia.

-Ah, lo siento – Comentó mientras revisaba la mano de Fuji- no llegué a tiempo para formar una barrera completa.

-Las frenó lo suficiente, es solo superficial.

Inui agregó su última variable a la escena. Kamui había reaccionado con magia, posiblemente modificando la densidad del aire alrededor de las hojas para frenar la velocidad, permitiendo que tanto Fuji como Kaoru llegaran a tiempo. La ecuación se completaba. Aún así, Inui se preguntaba porque seguía sintiendo que algo no encajaba. Miró a todos analíticamente. Hikaru estaba agitada, aún tratando de recuperarse del golpe de adrenalina de la situación, y se había acercado a Kaoru para verificar que estuviese bien, y a Fuji para curar su herida. Kaoru mismo lucía levemente perturbado, posiblemente tratando de entender el objetivo político, si lo había, de un ataque tan directo. Fuji lucía preocupado, y aunque sus ojos estaban cerrados o entornados como era usual, su sonrisa había desaparecido. Los generales estaban hablando en alaridos, discutiendo ya que hacer con los Lobos por este ataque. Entonces Inui entendió lo que tanto le molestaba en la escena. Solo Kamui lucía particularmente imperturbado. Por supuesto, mostraba preocupación, y ciertamente lucía sorprendido, pero nuevamente las observaciones de Inui recaían en los ojos del chico. De alguna forma, su mirada y sus emociones parecían estar siempre en un nivel netamente superficial. Su hermano, incluso él mismo, habían sido atacados, corriendo un enorme riesgo. Si, como le habían asegurado tantas personas, el príncipe adoraba tanto a su hermano, Inui pensaba que debía haber algo más que una preocupación anodina. Solo algunas cosas justificaban esa falta de emoción, y todas contradecían la supuesta devoción del príncipe para con su hermano.

Kamui le sonrió a Hikaru cuando se acercó a Fuji para curar la herida.

-Gracias, Hikaru. Tu advertencia nos dio tiempo para reaccionar. Un segundo menos y no sé si lo podíamos impedir.- La pelirroja elevó la vista, preocupada.

-Por qué rayos los atacarían de esta forma tan directa? Es absurdo!

-Una misión suicida? – Comentó uno de los generales, aunque dudando.

-Desde cuando los Lobos tienen esa clase de mentalidad? – Preguntó otro de forma retórica, terminando de anular el ya débil argumento anterior.

-Se lo preguntaremos, en ese caso- Determinó Kaoru.

-Ahh, déjamelo a mí- Comentó Kamui, antes que nadie pudiera decir algo. Kaoru lo miró de forma interrogante, y Kamui le sonrió enigmáticamente – Hay algo en sus ojos que me intriga, Kaoru.

*_*_*_*_*_*_*_*_*

Cuando su conciencia comenzó a registrar las imágenes, Inui entendió que estaba en un sueño. Podía ver un paisaje desolado, una aldea abandonada. O al menos así lo creía al verla. El camino de tierra estaba flanqueado por campos de cultivos completamente secos, muertos, y una llovizna leve y aparentemente ácida parecía caer del tormentoso cielo. Un golpeteo de cascos de caballo lo hizo mirar hacia el camino, por donde un caballo esbelto galopeaba, montado por dos figuras, un adulto y un niño, cobijado entre los brazos del que llevaba las riendas. Cuando se acercaron, el caballo deteniendo su galope en la entrada, ambos se quitaron de la cabeza las capuchas de montar. Inui comprendió, al verlos, que no era un mero sueño. Al primero que reconoció era al adulto, la cual resultaba ser una elegante mujer, de un hermoso pelo negro y lacio, recogido a lo alto en un medio rodete que aun dejaba pelo como para llegar a la mitad de su espalda. Los ojos de la mujer eran de un gris muy expresivo y penetrante, lo cual le daba una mirada astuta y comandante que de alguna forma se hacía menos dura por los delicados rasgos de su cara. Inui la reconoció de inmediato. Su imagen estaba pintada en una enorme tela, en el hall central del castillo Kaidoh, por lo que era fácil reconocerla como la madre de los hermanos que ahora reinaban. El niño, con su pelo negro, ojos grises y gafas, no podía ser otro que Kamui. Era casi perturbador ver como ese rostro de niño no había cambiado en casi nada, excepto en expresividad. Los ojos grises del chico pasaron por el lugar, y si bien se notaba que realizaba un esfuerzo por no demostrarlo, sus ojos no podían ocultar el horror que sentía al ver el paisaje tan desolado.

La madre desmontó del caballo con agilidad, y tomó a Kamui de la cintura para ayudarlo a bajar. Una vez en suelo firme, la madre tomó su mano y se encaminaron hacia la aldea. De más cerca, Inui comprendió el verdadero horror del lugar. Lo primero que divisaron fueron los animales muertos en la plaza central. Perros, algunas gallinas, algún gato. No eran demasiados, pero daban una imagen espeluznante. Tanto la madre como el hijo tomaron parte de la túnica gris que vestían para cubrir su rostro. Inui no podía percibirlo, pero entendió que el lugar debía emitir un desagradable hedor. La mujer guió con paso firme al chico a uno de los edificios más grandes que rodeaban la plaza, sus delicados pies pasando por encima de cuerpos de animales y deshechos como si se trataran de simples escombros. El lugar anunciaba en un cartel desvencijado el propósito del edificio, haciéndolo el bar central de la aldea, y posiblemente el único. La imagen interna, sin embargo, no era nada como lo que pretendía anunciar. Al principio era difícil distinguir las siluetas, las ventanas estaban opacadas por costras de tierra, polvo y cenizas, dejando pasar muy poco de la ya escasa luz que provenía de afuera. Sin embargo, cuando los ojos de Inui se acostumbraron, pudo ver de qué se trataba. El niño, al parecer distinguiendo lo que veía al mismo tiempo, reprimió un quejido de desagrado. Sus ojos se cerraron fuertemente, tanto como para producir profundas arrugas en las esquinas, pero la madre lo sacudió suavemente del brazo, hablando por primera vez desde que llegaban, con una voz tan dulce que desencajaba de forma macabra con el lugar.

-Observa, Kamui! No cierres los ojos.

El niño volvió a abrirlos. La mano que no sostenía su madre se cerró en un puño, con tanta fuerza que los nudillos se emblanquecieron. Pero después de un tiempo, durante el cual el pequeño no quitó los grises ojos de los cuerpos descompuestos del bar, su mano se relajó.

-Porque murieron?- Preguntó Kamui, y su pequeña voz tembló a pesar de los esfuerzos que estaba realizando.

-Hambre, Kamui. Enfermedad.

-Porque murieron? – Volvió a preguntar, y el mero cambio de tono dio a entender la diferencia de la pregunta anterior.

-No, no hicieron nada malo. Nosotros los matamos, Kamui. – El niño volteó su rostro aterrorizado hacia su madre, pero lo apartó rápidamente, como si temiera que la mujer viese lo que sentía.

-Sientes pena por ellos? – Comentó en su dulce voz, aunque el tono era duro. Kamui mantuvo su rostro fijo en el suelo, y sus ojos lucían vidriosos, como si estuviese a punto de llorar. Su mano volvió a cerrarse en un puño, temblando.

-Porq… Porque murieron? – Nuevamente el simple tono denotaba que la pregunta, aunque utilizaba las mismas palabras, había cambiado de significado.

-Porque no pudimos protegerlos. El clima arduo superó nuestras capacidades para evitarlo. La plaga y la debilidad hicieron el resto. Es nuestra responsabilidad.

-No es justo… La naturaleza… - Una lágrima finalmente venció los esfuerzos del chico por contenerlas, y cayó al piso seco, siendo absorbida al instante.

-Justicia… no es algo que se logre con lágrimas. No es tu pena la que va a impedirlo. – El chico elevó su pequeña mano a su rostro para secar las gotas que delataban su estado, con una expresión de culpa. Sus ojos se endurecieron un poco, y volvió a mirar hacia adelante. – Control, Kamui. Si controlas a la naturaleza, controlas la prosperidad del reino.

Madre e hijo se quedaron por un tiempo en silencio, aun tomados de la mano, observando la horrible escena con miradas similares en el rostro. Finalmente, la madre soltó la mano de su hijo para acariciarle la cabeza de forma dulce, y volteó el rostro para verlo desde la altura. Los ojos de la mujer, por un instante, se turbaron terriblemente, y los cerró con fuerza, casi en un reflejo de lo que había realizado su hijo antes. Cuando los abrió, su mirada lucía tan estable como antes.

-Sientes pena, Kamui?

-…Si. – Contestó el muchacho, finalmente, con una voz y una mirada que rivalizaba con la frialdad de la nieve que se acumulaba en el reino del tiempo que Inui conocía. La madre, al escuchar esto, se agachó para tomar a Kamui de la cintura y cargarlo en sus brazos, volteando para salir del bar.

-Volvamos a casa, Kamui.

Inui vio los ojos del pequeño seguir observando hacia la puerta de la cual se retiraban, con su pequeño mentón apoyado en el hombro de su madre. Su mirada era tan penetrante que Inui sentía que podía verlo.

-De acuerdo, Mamá- Comentó de forma inocente, con tono despreocupado, y esos intensos ojos helados.
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