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 Capitulo 06

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kaidoh-kiddo
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Tu Personaje
Tu personaje:
Tu personaje de Tenipuri: Kaoru Kaidoh
Tu Prince or Princess: Inui Sadaharu

MensajeTema: Capitulo 06   Sáb Jun 12, 2010 2:41 am

Para el mediodía, mientras Hikaru se encerraba en su pieza a debatir con ella misma que demonios había pasado con Kaoru, su amigo se encontraba nuevamente en la cocina con los sirvientes, escuchando entretenido las diferentes historias que los hombres y mujeres encargados de que el castillo funcione le iban contando. Hacía una hora aproximadamente que había comenzado a llover de forma torrencial. Inui volvió a maravillarse con lo incoherente del clima. Desde la mañana que el cielo estaba absolutamente despejado y el sol brillaba de forma tal que no podía anunciar más que un hermoso día. Y en menos de diez minutos, nubes grises comenzaron a transitar el cielo hasta cubrirlo por completo y la lluvia comenzó a caer sobre toda superficie, de forma constante. Afuera del castillo, los hombres encargados de las dragoneras y los jardines se apresuraron a guardar todo y volver a la protección del castillo, y ahora intercambiaban charla amigable mientras bebían algún brebaje caliente que el cocinero les preparaba. Inui, taza de café en una mano y libreta en la otra, analizaba los datos que tenía hasta ahora de los hermanos y del lugar. De pronto, entre las hojas, vio remarcado con un círculo el detalle de su sueño de un tercer hermano, y la necesidad de comprobar si esto era una invención de su cerebro o realmente había adquirido esa información de algún lado.

-Yo que tu no me acomodo mucho, esta lluvia no durará mucho más. – Comentó uno de ellos mientras continuaba su trabajo en la cocina. Uno de los hombres que trabajaba en los jardines, con ambos pies apoyados sobre la enorme mesa de madera, miró desde su cómoda posición hacia afuera por la ventana de la cocina.

-De que hablas? Hay nubes de un lado a otro del cielo.

El cocinero sonrió, negando con la cabeza.

-Esa es lluvia de Maese Kamui, Torrence. No va a durar mucho tiempo más. – Inui elevó la vista de su libreta, interesado en lo que se estaba discutiendo, y vio al hombre llamado Torrence mirar por la ventana nuevamente, frunciendo el seño como si tratara de escrutinizar el cielo en busca de una diferencia.

-Como demonios lo sabes?! Vamos, siempre lucen igual! – Desafió el hombre, tomando de su taza y aún mirando el cielo de forma dudosa. El cocinero dejó escapar una risa.

-Claro que no son iguales! Además, escuché que hace un rato pasó una comisión de los hombres de los campos advirtiendo de la necesidad de agua. Parece que el agua de nieve no les hace bien si es por mucho tiempo. Ya ves? – Comentó, indicando el cielo, donde la lluvia ya comenzaba a menguar, y Torrence se encogió de hombros, admitiendo su equivocación.

Inui escuchó interesado, pero la dirección de la conversación no tardó en desviarse, y pensó en cual sería la manera más correcta de preguntarlo. Decidió abordarlo de forma directa.

-Siempre fueron sólo dos hermanos? – Cuando todos en la habitación lo miraron, interrumpiendo la conversación inmediatamente al escuchar a Inui, el chico necesitó todo su esfuerzo para no salir corriendo de allí. Pudo notar que la pregunta había puesto incómodos a varios, y el mismo cocinero, que siempre se mostraba tan dispuesto a hablar con él, se dio vuelta para continuar en silencio lo que estaba haciendo. Uno de ellos tosió, rompiendo el momento, y comentó.

-Bueno, la lluvia ya está menguando, será mejor que vuelva a mi trabajo.

-Inui-san?- Lo llamó de pronto una voz femenina, y el chico se volteó para ver a Akemi en la puerta interna de la cocina, apoyada en el marco. Hacía exactamente cuanto tiempo que estaría allí? No lo sabía, pero era una distracción bienvenida de la súbita situación incómoda en la que se había metido. El chico la miró expectante, y Akemi le indicó con la cabeza que lo siguiera. Sin pensarlo dos veces, se puso de pié y siguió a la chica, dejando atrás la cocina y los empleados que lentamente volvían a su trabajo.

Caminó detrás de la chica unos metros en silencio hasta que la muchacha decidió hablar, con una voz que resultaba extrañamente melódica. Inui supo casi instintivamente que la chica, además de bailar, podía cantar.

- Perdónalos, los sorprendiste con una pregunta que no están acostumbrados a responder.

-Me estaba preguntando si había sido impropio. - confesó Inui, un poco descolocado aún por la reacción de los empleados.

-No es impropio, no, pero si sorpresivo. No es un tema que se hable a menudo. Quisiera saber, sin embargo, de donde te surgió esa duda?

Inui estaba a punto de decir la verdad cuando se frenó y lo pensó dos veces. Si decía en un sueño, como si fuese lo más normal del mundo, quedaría como un loco. O tal vez no. Tal vez, la chica sabía más de lo que él creía, y su teoría poco creíble era cierta. En ese caso, le convenía realmente confesar su fuente de información? Decidió que por ahora, lo mejor sería negarlo.

-Recuerdo haberlo leído, aunque no se exactamente donde.- mintió.

-Ahh, ya veo- Dijo la chica, y aunque no pudiera ver su rostro, Inui supo que no le había creído ni un poco. Aún así, se sorprendió cuando comenzó a ofrecerle la información que buscaba- Si había otro hermano, Hazue era su nombre. Si investigas, podrás averiguar que los antiguos reyes perecieron en una batalla, y Hazue murió con ellos. Fueron asesinados por un grupo furtivo. El niño a penas tenía ocho años. – Inui absorbió esta información, junto con una nota mental de revisar la biblioteca para verificar la historia, pero la muchacha volvió a sorprenderlo. – Sin embargo, esa es solo la versión oficial. Lo que verdaderamente pasó es que los reyes realizaron un viaje, inmediatamente luego de finalizar la guerra, y fueron asesinados. Hazue estaba en el castillo, con sus hermanos. Ninguno pudo explicarlo, pero el mismo día que los padres murieron, Hazue dejó de responder. Solo se quedaba sentado, sin hablar, sin comer, absolutamente nada. Murió a los pocos días. Los hermanos, para defenderse de los buitres que querían robarles todo, necesitaron inventar una historia diferente, pero hasta el día de hoy ambos investigan que fue lo que sucedió realmente.

El silencio se estiró por unos buenos minutos, en los que Inui se dedicó a meditar esta información, a medida que seguía a la chica por los interminables pasillos del lugar.

Tenía lógica. Inui sabía de reinos que se habían destruido en guerras por la sucesión, y si los hermanos decían la verdad, sus enemigos sin duda lo usarían para alegar que los hermanos no podían reinar, porque no sabían si no les pasaría la misma extraña situación que a su hermano menor. Aún así, intentando apartarse de la lógica un segundo, Inui trató de imaginarse la situación de los dos chicos. Kaoru, Rey de un inmenso reino a los diez años, Kamui su único confidente, y ambos con la responsabilidad de llevar un reino adelante cuando a penas habían perdido a sus padres, y a su hermano menor, teniendo que defenderse a si mismo de las personas que ansiaban el trono. La obsesión de Kaoru por defender su pueblo, la personalidad fría y calculadora de Kamui, todo cobraba mucho más sentido.

Sin embargo, Inui aún dudaba.

Habían llegado al vestíbulo, en donde Akemi se sentó en uno de los sillones cercanos a la escalera principal, e Inui se sentó con ella. De pronto miró a Akemi a los ojos.

-Por qué me cuentas esto? La verdadera historia, y no la oficial, me refiero. – Akemi sonrió amablemente, aunque sus ojos eran extremadamente astutos.

-Porque no pasará mucho tiempo hasta que des con la historia oficial, y de seguro irás a preguntarle a Kamui acerca de eso. Y él te contestará la verdad, y nunca admitirá lo mucho que le duele hacerlo. Solo le estoy evitando ese proceso.

-Lo quieres bastante- Afirmó, ni siquiera molestándose en formularlo como pregunta.

-Por supuesto. Le debo mi felicidad. – Inui recordó la historia que le había contado Hikaru acerca de lo que había hecho Kamui por esta chica, y se preguntó por un momento si no estaría sintiéndose atada a ese favor. Se animó a preguntarlo, y la muchacha rió con ganas.

- Crees que Kamui aceptaría la amistad de alguien que la ofrece por un motivo como ese? – Akemi estiró una mano y corrió el cuello de la camisa de Inui, por lo cual el chico necesitó resistir el reflejo de alejarse o alejar la mano de la chica. Sabía que Akemi no iba a hacerle daño, pero era difícil resistir años de entrenamiento. La chica observó la marca que Inui tenía en el cuello, y sonrió, soltando el borde de la tela y retirando la mano. – Kamui acepta solo lo que la gente está dispuesta a darle, y difícilmente reclame algo como suyo. No le debo nada, ni lo protejo porque sienta que estoy en deuda con él. Lo hago porque es mi amigo.

-Solo tu amigo? – Preguntó antes que se diera cuenta lo que estaba haciendo, pero una vez dicho era demasiado tarde para retractarse, así que optó por mirar a la chica como si estuviese preguntando solo por la necesidad de información. A pesar de todos sus esfuerzos, Akemi le sonrió como si supiera lo que pasaba por su cabeza.

-Te lo dije antes, el sólo acepta lo que la gente está dispuesta a darle, no toma nada como suyo. Además, solo vive por su hermano.

Inui esta vez reprimió a tiempo cualquier tipo de comentario, pero la duda volvía a golpear su cabeza. No tenía verdaderos motivos para dudar de la chica, sonaba lo suficientemente sincera. Pero Kamui era una persona demasiado peculiar, y no podía saber si su supuesta preocupación por su hermano era verdaderamente sincera o un escudo demasiado inteligente. La chica vio la duda en su rostro, pero las puertas del vestíbulo se abrieron de par en par y salvó a Inui de la conversación que podría haber seguido. Akemi se puso de pie de golpe, murmurando un ‘ya era hora’, e Inui dirigió su mirada hacia las puertas, intrigado por el comentario.

Kamui estaba en el marco, absolutamente empapado, y parecía que el solo abrir las puertas le había costado mucho esfuerzo. Ni siquiera se había percatado de ellos hasta que Akemi caminó hacia él con paso decidido, ambas manos en la cintura, y solo se percató de ella cuando estuvo a unos metros de distancia. Inui se acercó de forma más discreta, pero parecía no hacer falta. Kamui lucía extremadamente inatento, como si le costara percatarse de las cosas que sucedían alrededor, e Inui lo encontró demasiado extraño, tan opuesto a su usual manera de ser. Akemi, sin embargo, parecía acostumbrada al cambio.

-Rayos, Kamui, que necesidad había de ir afuera? – Kamui elevó la vista con dificultad, manteniendo los ojos a duras penas abiertos, como si estuviese muerto de sueño. Le sonrió letárgicamente a la chica.

-Kemi… Tenías razón, como siempre- comentó, intentando sonar casual como era usual pero no era más que un pálido reflejo de su forma de ser normal- Pidieron un poco de lluvia.

-Y no te negaste, y encima no lo hiciste desde dentro como siempre, no has tenido mejor idea que estar afuera bajo la lluvia. A veces pienso que eres idiota si no fuera porque siempre tienes la escusa perfecta. – Dijo, aunque era claramente una broma, y tomó un brazo del muchacho, pasándolo por sus hombros para ayudarlo a mantenerse de pie.

-Por supuesto que soy idiota, pero al menos hago buenos amigos que saben donde venir a regañarme y con anticipación, verdad?

-Solo me quieres por mi poder, eh? – bromeó

-Claro que no, también te quiero porque eres extremadamente bonita- Dijo, intentando una sonrisa y logrando a penas un pequeño movimiento de los labios. Akemi, a modo de respuesta, aferró el brazo de Kamui más fuerte, y en ese instante el príncipe pareció perder toda su energía, finalmente. Akemi miró a Inui por primera vez desde que Kamui entró, y le indicó con la cabeza que se acercara.

- Puede mantener un secreto, Inui-san? – Preguntó la chica, divertida, mientras sostenía al muchacho para que no se desplomara en el piso. Inui asintió con la cabeza sin decir nada. Akemi sonrió aun más- Ayúdeme a llevarlo hasta un lugar, pero nunca le diga que dejé que lo viera de esta forma. Su orgullo jamás me lo perdonaría.- Un guiño cómplice de parte de la muchacha dejó a Inui con más preguntas en su cabeza de las que ya tenía. Mientras alzaba a Kamui, notó nuevamente el pequeño tamaño del muchacho. Así indefenso, o prácticamente inconciente, verdaderamente no parecía más que un niño. El pelo negro estaba pegado a su rostro debido al agua, y los lentes habían comenzado a empañarse por la diferencia de temperatura. Inui pensó por un segundo que lucía completamente adorable. Luego se obligó a recordar que esa persona que sostenía en sus brazos era uno de los magos más poderosos del reino y extremadamente despiadado para cualquiera que buscara dañar a su hermano. De alguna forma extraña, las dos imágenes que parecían ser incoherentes, en la cabeza de Inui comenzaron a tomar sentido. Y se preocupó aún más al darse cuenta que le agradaba demasiado.

Akemi caminó nuevamente adelante, indicando el camino, e Inui encontró algo con lo que distraer su cabeza.

-Como sabías a donde esperarlo? – Preguntó de pronto, recordando el comentario casi inaudible de la chica al ver llegar a Kamui por las puertas. Akemi dejó escapar una risa que sonaba casi como música.

-El poder de esta tierra me a dado la capacidad de ver más allá de lo que ven los ojos día a día- comentó, y cada palabra sonaba sirenas de alarma en la cabeza de Inui – Especialmente cuando se trata de personas o cosas que me importan.

-El poder de esta tierra…?- Repitió, preguntándose si habría más significado en esas palabras peculiarmente elegidas.

-Mi magia natural esta en mi voz, Inui-san, por eso soy una Dancer. Algo similar a lo que se conoce en los mitos de las sirenas. Pero las tierras de este lugar poseen una magia tan potente que potencia las capacidades de las personas y adquieren capacidades peculiares, incluso personas que normalmente no usan magia, adquieren una mínima capacidad aquí. A mi me regalaron el poder de ver el futuro. Son poderes extremadamente caprichosos, solo se manifiestan en momentos aleatorios. – Akemi volteó el rostro, e Inui podía jurar que la chica podía leer sus pensamientos. Acaso sus sueños no eran sueños realmente? Acaso eran, como Akemi podía ver el futuro, fragmentos del pasado? Reales? Era su teoría descabellada, pero ahora que le ofrecían, casi por casualidad, una explicación lógica, podía seguir descartándola? La chica sonrió, seguramente por ver las dudas en el rostro de Inui, aunque el mismo estaba seguro de que su cara no expresaba nada. – Solo aparecen cuando quieren, en forma de sueños. Ni siquiera necesitas estar dormido – La muchacha lo miró fijamente a los ojos, y con una breve risa volvió a mirar hacia delante. Inui estaba ya prácticamente convencido que sabía. Bajó la vista para mirar el rostro de Kamui, profundamente dormido. Si estos sueños eran fragmentos reales, y continuaban, como había sido hasta ahora, acerca de los hermanos Kaidoh… Como reaccionaría el chico al saberlo? Inui palideció casi involuntariamente ante su imagen mental. Definitivamente no podía enterarse, nadie. Volvió a elevar la vista, viendo la espalda de la muchacha mientras lo llevaba por los pasillos que aunque no había estado prestando atención, recordaba exactamente cuales eran debido a su entrenamiento. Akemi sabía. O al menos sospechaba. Cuanto tiempo pasaría hasta que le advirtiera al príncipe? Al Rey?

Llegaron al final de un pasillo, donde una gran puerta azul de doble hoja cerraba el recorrido. El pasillo era oscuro, no se veían ventanas ni entradas de luz por ningún lado. Sin embargo, se podía ver perfectamente bien. La puerta misma brillaba levemente, iluminando todo el pasillo de un frío tono azulado. Inui se acercó, casi obnubilado, hacia la puerta. Había, como si hubiesen sido tallados en la madera, incontables dibujos. Desde lejos parecía simplemente un caótico patrón de talla, pero al verlo de cerca, con los lentes del propio Inui reflejando el brillo azul, podía distinguir lo que eran millares de dibujos. Primitivos, casi infantiles, como si un niño hubiese tomado un cincel y trabajado la madera por años. Sin embargo, Inui observó en más detalle, la talla estaba realizada con demasiada calidad y terminación para ser el trabajo de un niño. Que clase de ebanista había realizado este trabajo tan incoherente?

Un leve movimiento en sus brazos lo distrajo, y notó que Kamui, hace minutos totalmente inconciente, parecía estar recuperándose. Su brazo, que había colgado laxo durante todo el trayecto, se elevó torpemente, su frente reflejando el esfuerzo que le estaba resultando hacerlo. Finalmente, los torpes intentos de alcanzar la puerta dieron fruto, los dedos del chico apenas rozaron la madera, y su frente se alisó en alivio. Volvió a intentarlo, esta vez logrando apoyar la palma completa sobre la madera. El brillo se intensificó, y Kamui se tensó, tomando entrecortadamente una gran bocanada de aire. Inui no podía dejar de observar todo, su cabeza haciéndole mil preguntas que no podía responder.

-…an…Inui-san! – De pronto escuchó, como si proviniera de lejos, la voz de Akemi, y se dio cuenta que la chica lo había estado llamando hace tiempo. Volteó, con dificultad, como si le costara apartar la vista de la extraña escena delante de él. La chica lucía en parte entretenida, pero también un poco apresurada. – Déjelo ahí y vamos, no podemos quedarnos aquí mucho tiempo.

-De…jarlo? Pero…No debería verlo alguien?

-Ya lo está haciendo. Vamos! – Inui decidió obedecer. No solo por lo que le decían sino porque él mismo estaba comenzado a sentir que no debía estar allí, como si una fuerza celosa e infantilmente protectora estuviese exigiendo que dejaran a Kamui allí y se alejaran de él. Inui apoyó una rodilla en el suelo para poder dejar al príncipe sentado contra la puerta, y miró por ultima vez los dibujos antes de ponerse de pié y dar media vuelta, siguiendo los apresurados pasos de Akemi. Antes de doblar en la bifurcación del pasillo, Inui dirigió una última mirada hacia la puerta azul, y sus ojos se abrieron con la sorpresa de ver que Kamui ya no estaba allí, antes de que la pared del pasillo siguiente obstruyera su visión. Cuando llegaron nuevamente al vestíbulo, dirigió una mirada hacia atrás, verificando en su cabeza si podía recordar el trayecto. Cuando volteó para preguntarle a Akemi de que había tratado todo aquello, la chica ya había desaparecido.

*_*_*_*_*_*_*_*_*

Los días parecían pasar uno detrás de otro sin pausa para Hikaru, y casi sin notarlo iba acostumbrándose a las extrañezas del castillo, a los curiosos hermanos, a la poderosa magia del lugar, al pueblo, y a cuanta cosa hiciera de este lugar lo que era. Para suerte o para mal, no había tenido oportunidad de ver a Kaoru luego de ese día. El rey se la pasaba prácticamente encerrado en el castillo, ente reunión y reunión, o salía apresuradamente en caballo o dragón, con ejercito o con unas pocas personas, buscando la forma de enfrentarse a esa nueva amenaza que eran el grupo al que llamaban Los Lobos. Las pocas veces que había podido verlo, lo único que lo hacía hablar eran temas de las inminentes batallas, y si bien a Hikaru no le molestaba hablar de ello, siempre terminaban peleándose. Ella insistía en participar como más que una Healer. Deseaba pelear como cualquier otra persona, después de todo, era demasiado buena con la espada como para aburrirse dentro del castillo. Pero Kaoru no quería saber nada. A penas Hikaru lo mencionaba podía ver como el rostro de Kaoru se ensombrecía y negaba cualquier tipo de argumento. Esto exasperaba tanto a Hikaru que hacía que siempre terminaran enfadados, así que Hikaru se prometía que cuando pudiese tener un duelo con el Rey, lo ganaría a toda costa, y justo cuando lo tuviera con la punta de su espada rozando la piel de su cuello, le exigiría que la dejara pelear. Sin embargo, sabía que sería más difícil de lo que su imaginación le ofrecía, después de todo, Kaoru era el mejor guerrero del lugar. Por otro lado, finalmente habían encontrado tiempo para ir a visitar a los Sages, quienes estaban felices de tomar nuevos aprendices. Hikaru ya estaba acostumbrada a la magia, así que solo necesitaba acostumbrarse a la nueva intensidad de su poder. Inui, por otro lado, dijo no haber tenido ningún tipo de manifestación de magia, y se dedicó a observar y hacer preguntas mientras Hikaru entrenaba junto con otros aprendices de Healers. La pelirroja sabía que su amigo estaba mintiendo, y sabía también sus motivos para mantenerlo en secreto, pero no estaba de acuerdo con ello. Cuando Inui le contó finalmente de sus sospechas, luego de un insistente interrogatorio de parte de su amiga, Hikaru le dijo simplemente que estaba siendo paranoico, aunque le resultaba adorable la forma en la que se preocupaba por ella. El adjetivo de adorable no le había agradado demasiado, pero al menos habían hablado de su reciente magia. Hikaru creía con sinceridad que era algo genial, y absorbió las historias de los sueños con entusiasmo. Le parecía un desperdicio que no le dijera a los Sages y no trabajara en mejorarla, todo por una sospecha que, para Hikaru, estaba injustificada. Pero una vez que algo había entrado a la cabeza del muchacho, era imposible quitárselo, así que lo dejó que observara y tomara notas mientras ella entrenaba. Justamente en ese momento fue cuando descubrió su nuevo escondite para la libreta, y nuevamente, luego de un despiadado interrogatorio, logró arrancarle la versión completa de cómo había pasado. Hikaru no paró de reírse por unos buenos minutos, y procedió a bromear a su amigo, haciendo cuanta referencia al príncipe se le ocurría. Sin embargo, cuando Inui preguntó con una sádica sonrisa como se estaba recuperando el Rey de su brazo, Hikaru dejó de reírse a costa de él para arrojarle una mirada de desprecio, aunque había sido una batalla justa. Podía cargarlo a Inui cuanto quisiera por no admitir que le gustaba el príncipe, pero si hacía eso, Inui comenzaría a decir lo mismo de ella y Kaoru, y no estaba lista para defenderse de esa acusación. Ya bastante difícil le resultaba lidiar con Kaoru como era. Hace unos pocos días que el Rey se había acercado a ella y le pidió que la siguiera. En poco tiempo llegaron a los terrenos de entrenamiento, y la pelirroja lo miró inquisidoramente sin entender que rayos sucedía, hasta que el Rey le ofreció una mirada de fastidio y le informó que tendría en consideración su idea de pelear, pero primero tendría que entrenar con él y saber cuanto realmente estaba capacitada. Hikaru estaba segura que sus ojos destellaron con el desafío. Sin embargo, pronto se dio cuenta que, si bien era buena, el Rey lo era más. Eso la molestó terriblemente, pero si había algo que podía decir, era que entrenar con él había resultado extremadamente agradable. No le daba ningún tipo de ventaja o concesión por ser mujer, y peleaba y la entrenaba y le exigía como si fuese un soldado más en su ejército, a diferencia de otras personas que se habían enfrentado a ella en otras ocasiones, que la trataban condescendientemente hasta que Hikaru terminaba ganándoles. Los peores tomaban la derrota como si fuera algo que habían buscado. Hikaru recordaba esa gente con bastante desprecio. En ese sentido, Kaoru le recordaba a su hermano. Kiyosumi nunca la trataba como un oponente débil, y peleaba con ella como lo haría con cualquier persona. Sin embargo, aún con esas cosas a favor, a Hikaru se le hacía difícil estar con él. Por momentos Kaoru la fastidiaba terriblemente, por otros, la asombraba de forma inesperada. Y también estaba el beso… Su mente le jugaba malas pasadas haciéndole recordar ese día en los momentos más inoportunos, y se encontraba incapaz de mirar a los ojos a Kaoru.

Kamui, al igual que su hermano, se había pasado días dentro del castillo, casi sin salir, encerrado en la inmensa biblioteca del castillo. Las pocas veces que Hikaru lo veía fuera, era con algún que otro libro en la mano. Inui le había contado que en una de sus visitas a la biblioteca, había encontrado a Kamui rodeado de pilas de libros, y una inusual expresión de frustración en el rostro.

Sin embargo, ese día Kamui no lo pasaría en la biblioteca. Hikaru recordó como el día anterior el muchacho se le acercó y le preguntó si querría intentar visitar los dragones sin Rider. El chico a penas había terminado de hablar cuando Hikaru ya estaba aceptando. Así que ahora estaba en el vestíbulo del castillo, con Inui a su lado, y esperando que el príncipe los pasara a buscar para ir. Les había advertido de llevar ropas cómodas, así que por primera vez desde que había llegado, Hikaru se podía permitir el gusto de calzar unos pantalones, botas altas para todo terreno, y una remera de manga larga ajustada, sin ninguna clase de tela molesta que pueda interponerse en su camino, todo en colores terracota. Había recogido su cabello en un rodete, aunque, como era inevitable, algunos mechones se escapaban y caían libres. Inui, por su parte, vestía su usual traje, absolutamente negro, con botas similares a las de Hikaru y una remera de cuello en V, y observaba a su amiga con una divertida mueca en el rostro.

-Dime que dormiste algo.- Ofreció, observando la ansiedad de la pelirroja.

-Unas dos horas… tal vez- respondió, sonriendo, a lo cual el alto muchacho negó con la cabeza, resignado, y su amiga lo miró seriamente- Oh, vamos! No me puedes negar que tu también estas emocionado! Vas a tener tu propio dragón! No es increíble?

-Recuerda que Kamui advirtió que puede tardar mucho tiempo encontrar al correcto, no te hagas ilusiones.

- Lo se- Dijo, revoleando los ojos- pero el solo intentarlo ya es emocionante.

-Lo único que espero es que no pase nada.- Comentó, casi para si mismo.

-Sadaharu, no seas así! Nada va a pasar, así que quítate esa cara de preocupación y disfruta del maldito momento! – Inui la observó, sorprendido, pero le ofreció una pequeña sonrisa. Como siempre, su amiga se encargaba de que no se tomara absolutamente todo tan en serio. Verdaderamente no sabía como se soportaban, pero suponía que, de alguna extraña forma, se balanceaban. Sus análisis mentales se vieron interrumpidos por una serie de pasos bajando las enormes escaleras del vestíbulo, y Kamui apareció ante ellos, ataviado con ropas más simples de lo usual, aunque aun poseían el esquema de colores reales. Botas negras, un pantalón gris y una remera azul con bordados plateados, y cargaba una mochila a su espalda.

-Están listos?- Ante la entusiasta afirmativa de Hikaru, el muchacho rió y abrió las puertas del castillo.

El día era verdaderamente soleado, y aunque la nieve seguía decorando partes del lugar, como si fuese imposible de derretirse, no hacía tanto frío como usual. Sus remeras ofrecían suficiente protección. Caminaron por el sendero principal, siguiendo a Kamui, pero al final, en vez de girar hacia las dragoneras, el muchacho se dirigió a la zona de los establos. Hikaru miró hacia el lugar donde descansaban los dragones y volteó para ver la espalda de Kamui.

-Um, Kamui? No se supone que vayamos con los dragones?

-Por supuesto, pero los que no tienen Rider no están junto a los otros, sino en un terreno más alejado. – Alzó una mano para apuntar hacia unas montañas un tanto distantes de las cercanas. – Siguen siendo los terrenos del castillo, así que no tendremos problemas, pero prácticamente viven solos, así que habrá que tener cuidado de no ofenderlos. Son bastante pacíficos… A menos que tengamos la mala suerte de toparnos con alguno con el carácter de Snake. En ese caso hay que asegurarse tan solo de no molestarlo.

En poco tiempo llegaron al establo, donde el cuidador ya los estaba esperando con dos altas monturas, una marrón y otra negra. Kamui le agradeció al hombre, y se acercó al caballo negro, al cual parecía que el mantenerse quieto le resultaba fastidioso, y no dejaba de mover las patas traseras. Kamui le acarició el enorme hocico con cariño, y una pequeña sonrisa que por algún motivo que no se haría esperar, lució un tanto melancólica.

-Este es Nowaki. Un excelente caballo, de sangre pura, hijo de los mejores ejemplares que puedes conseguir en estas tierras. Es hermano de Moretsu Na, el caballo de batalla de Kaoru. – Dio una suave palmada en el cuello del animal y volteó para ver a Hikaru con una sonrisa- Se suponía que fuera mi caballo, pero no hay forma posible que pueda montarlo alguna vez. Quiero dártelo, Hikaru.

La pelirroja miró a Kamui con los ojos abiertos por la sorpresa. Que un caballo tan bueno le fuera otorgado ya era algo increíble, pero que fuera la montura de Kamui, era demasiado.

-Kamui… No podría aceptar algo tan valioso! De verdad que e… - El chico la interrumpió con un gesto de la mano indicando que le restara importancia.

- No te preocupes, Hikaru, además, se muere de aburrimiento aquí. Nació para correr, ser veloz como pocos pueden, no para estar encerrado en un establo, amo de un muchacho que ni siquiera puede subirse a él sin romperse un brazo- bromeó, aunque era enteramente cierto. Tomó las riendas del animal y se las puso en las manos de Hikaru sin demasiado preámbulo, encogiéndose de hombros ante la aun pasmada muchacha, y volvió a sonreírle – Si quieres considéralo un favor hacia mi. Quiero que Nowaki viva la clase de vida que se merece, y tú le darás ese gusto. Es perfecto para ti.- Sin darle tiempo a la chica a refutarle, volteó a la montura marrón y tomó las riendas, alcanzándoselas a Inui.

-Oashisu. Prima de Nowaki y Moretsu Na. La yegua más inteligente que la raza ha visto en años, y eso es mucho decir. Puede recordar cualquier lugar en el que haya estado y llevarte allí con tan solo mencionarle el nombre. Te llevarás bien con ella. – Como si quisiera validar el punto de Kamui, la yegua empujó levemente el hombro de Inui con su hocico, como pidiéndole que la sacara de una buena vez a correr.

El cuidador estaba por sacar otro de los caballos, cuando el Príncipe se le adelantó.

-No montaré a Amamizu, Paul. Fuji no puede acompañarnos hoy. Montaré detrás de Hikaru, si a ella no le molesta?- Preguntó, mirando a la chica abiertamente, dando claro a entender que negarse estaba dentro de las posibilidades. Sin embargo, Hikaru jamás lo hubiese siquiera pensado.

-Claro que no, Kamui! Será un honor! – Hikaru miró al caballo que el cuidador Paul había estado a punto de sacar y preguntó si estaba relacionado con los otros, ya que parecía de igual calidad.

-Amamizu es hermana de Nowaki y Moretsu Na. – Comentó brevemente, con la actitud de alguien que no quiere hablar mucho de ello y desea cambiar de tema. Mientras hablaba de los preparativos, Inui relacionaba los datos y comprendió que probablemente ese caballo fuera la montura destinada a Hazue. Los tres caballos hermanos, lo poco dispuesto de Kamui a hablar de ello, incluso los nombres de los caballos, todo apuntaba a esa conclusión.

En poco tiempo montaron los animales y se pusieron en marcha, Hikaru y Kamui adelante, guiando el camino, e Inui siguiéndolos por detrás. Salieron por un sendero lateral a los establos, que a poca distancia viraba para internarse en los espesos bosques de los terrenos. Inui dirigió una mirada hacia atrás, pero el castillo ya había desaparecido de la vista. Miró hacia delante, y recordó la explicación del camino. A través del bosque, rodeando las montañas bajas. Allí estaba el valle del recuerdo. Allí era a donde iban a buscar sus dragones.
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Capitulo 06
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