* Hana To Yume * - Prince of tennis - rol and fics
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 Capitulo 05

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kaidoh-kiddo
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Tu Personaje
Tu personaje:
Tu personaje de Tenipuri: Kaoru Kaidoh
Tu Prince or Princess: Inui Sadaharu

MensajeTema: Capitulo 05   Sáb Jun 12, 2010 2:36 am

Los tres hombres atravesaron las enormes puertas del castillo llevando a Kaoru cuidadosa pero apresuradamente. Unos diez Healers prepararon un lugar en razón de segundos, e inmediatamente comenzaron a atenderlo. Hikaru se acercó tanto como la gente la dejaba. La repentina confusión de la gente impidió que se dieran cuenta de quien era, y si bien podría haber exigido que la dejaran acercarse, debido a su posición, no quería llamar la atención.

El rey parecía estar inconciente, pero cuando los healers intentaron comenzar a curar sus heridas, Kaoru se movió de forma rápida, deteniéndolos, aunque se podía ver que el sólo hacerlo le estaba costando más de lo que podía dar, y estaba al borde de quedar realmente inconciente. Tomó a uno de los healers más cercanos y aferró su brazo, mencionando una sola palabra antes de desvanecerse por completo. Hikaru creía haber leído en sus labios el nombre de su hermano, pero no entendía el motivo. Por lo que podía ver desde donde estaba, las heridas no eran demasiado graves, al menos no para dejarlo en el estado en el que se veía. Una herida de espada a lo largo de su brazo, una en el muslo, y su espalda parecía haber sido a penas rozada por una garra de dragón. Pero, excepto por la herida del brazo que sangraba bastante, las otras parecían ser solo superficiales. No eran nada que uno o dos healers no pudieran curar, y su hermano no era uno después de todo. Una de las puertas laterales del vestíbulo se abrió y Kamui entró, como si hubiese escuchado el llamado de su hermano, seguido de una cantidad de luces de diferentes colores que Hikaru sabía eran hadas, y se abrió camino con facilidad, a pesar de su tamaño. Los healers se apartaron unos metros, atentos ante cualquier pedido del chico. Kamui miró el estado de su hermano, y frunció el seño, preocupado. Habló con los healers acordando una visita más tarde para tratar a su hermano, y ante una seña las hadas elevaron a Kaoru con facilidad. Kamui se puso de pié y buscó a alguien con la mirada. Fuji, reconociendo el gesto, se acercó a él para escuchar órdenes, y ambos se retiraron por la misma puerta por la que el príncipe había entrado. La gente comenzó a dispersarse, y los healers terminaron de curar las heridas más pequeñas que restaban o ayudar a otros healers que habían agotado su energía a recuperarse. No habían estado preparados para la cantidad de heridos que recibieron, tanto Hikaru como Inui pudieron notarlo, y no paraban de preguntarse que rayos había ocurrido, y porque Kaoru había terminado en un estado tan grave cuando casi todo su ejercito, aunque mucho más heridos de lo que esperaban, no se encontraban así de débiles. Hikaru supuso, mientras se disponía a ayudar a otros healers a recuperarse, que eventualmente averiguaría lo que estaba pasando.

*_*_*_*_*_*_*_*


Inui reconoció la habitación inmediatamente. Era el mismo estudio donde vieron por primera vez a Kaoru. No, se corrigió mentalmente, no exactamente el mismo, aunque era difícil distinguir los cambios, pero él estaba entrenado para ser observador hasta ese punto, y no pudo evitar ver que no solo estaba cambiado, sino que era la misma habitación, unos años antes. Algunos objetos que había visto en el estudio lucían más nuevos, el paisaje que ofrecía la ventana mostraba un campo y montañas carentes de nieve, rebosantes de vegetación. Cuando dos personas entraron al estudio, confirmó lo que había estado analizando. El hombre mayor que abrió la puerta podía ser fácilmente confundido por Kaoru. La contextura física era extremadamente parecida, aunque un poco mayor. Otra clara diferencia eran los ojos. El color era exactamente el mismo, y la mirada poseía esa determinación que caracterizaba al mayor de los Kaidoh, pero le faltaban los matices de sinceridad y, hasta cierto punto, inocencia, que Kaoru reflejaba. De alguna forma, pensó Inui, la seriedad de este hombre, claramente el padre de los hermanos, lucía aterradora, mientras que Kaoru sabía ganarse el respeto sin miedo. Cuando detrás del hombre entró un pequeño muchacho que apenas le llegaba a la cintura al hombre pero caminaba como si estuviese a la misma altura, Inui se sintió instantáneamente intrigado. Era claro para él que el muchacho era Kaoru de pequeño, y que este era otro de sus sueños. No entendía por qué seguía imaginando estas cosas, y le interesaban tanto por lo que le mostraban como por lo que decían de él mismo. Después de todo, no podían ser más que sueños creados por su propia mente.

El hombre se sentó detrás del escritorio, y Kaoru quedó de pié, observando con atención los mapas que habían desplegados sobre la superficie pulida de la mesa. Una serie de figuras, tanto humanas como dragones, se hallaban apiladas al costado de los mapas. El padre miró al hijo, concentrado en el mapa, y se permitió por un segundo ablandar su severo semblante, mirando con una extraña mezcla de cariño, preocupación y algunas otras indescifrables emociones en su rostro. El muchacho miró del mapa a su padre, y el pequeño momento de debilidad se esfumó rápidamente del semblante del hombre para mirar duramente a su hijo.

-Y bien? – Preguntó, y a Inui le sorprendió que la voz sonara tan diferente a la de Kaoru. Casi esperaba que sonara igual. Se preguntó brevemente que podía significar que su subconsciente imaginara las voces tan diferentes antes de dejar las preguntas mentales para después. Ahora no quería perderse ningún detalle. Kaoru frunció el seño, de forma tan parecida a como lo hacía de grande que arrancó una sonrisa del de otra forma cuidadosamente inexpresivo semblante de Inui. El pequeño tomó un puñado de figuras de la pila y se acercó aún más al mapa, comenzando a posicionarlas con cuidado y mucha deliberación. El padre observaba atento los movimientos de su hijo, y su semblante neutral de pronto cambió a uno de desaprobación ante una serie de posicionamientos de figurillas. El hombre comentó en tono severo.

-Estas descuidando el flanco izquierdo. – Kaoru elevó la vista, tratando de no lucir asustado, y su cara lo lograba, aunque sus ojos no.

-Confío en que la protección natural de las montañas de ese lado proteja lo suficiente para dejar reforzar el frente y realizar un ataque más agresivo. – explicó con voz demasiado razonable y calma para su edad, y su padre le sostuvo la mirada, testeando cuanto creía en esa teoría. Finalmente bajó la mirada al mapa y el trabajo de su hijo.

-Podría funcionar- Comentó, pero su semblante se ensombreció por sentimientos de ira y culpa que Inui no podía explicar. – pero esta batalla no es la ocasión para probarlo, Kaoru. No puedes dejar que una mera ‘confianza’ guíe tus estrategias, no puedes permitirte perder ni una sola batalla, entiendes? – Comentó, conteniendo la furia, y miró severamente a los ojos de su hijo.

-Lo sé, padre.- Comentó el muchacho, concentrándose en el mapa para no tener que observar esa mirada de desaprobación en su padre. La culpa volvió a atravesar la mirada del antiguo rey, e Inui comenzó a comprender, aunque no del todo, el motivo.

-Entiendes realmente lo que está en juego, verdad?

-La perseverancia del reino, la seguridad del pueblo…- recitó casi automáticamente, como si fuese una lección particularmente aburrida.

-Y tu propia vida – terminó el hombre por él, con tono sombrío. – Serás el futuro Rey cuando yo no esté, y tu pueblo te necesitará. Vives y vivirás por tu pueblo y por el reino, Kaoru. – El hombre apretó los dientes con fuerza, tratando de contener dentro de él su desesperación- No puedes permitirte ni una sola derrota.

- Lo sé, padre- Volvió a repetir el chico, pero elevó la vista del mapa para devolverle una mirada igual de severa a su padre – Lo sé.

El tono era demasiado solemne para un muchacho de esa edad. Cuantos años podría tener? Cinco, seis años? No le daba más que eso. Inui se preguntó si esta conversación era la explicación de su subconsciente a la dedicación casi obsesiva de Kaoru para con las batallas y la protección del reino. Un padre exigente, era una teoría casi obvia y posible, pero ciertos detalles lo mantenían confundido. De alguna forma, parecía que hablaban de algo más profundo y oscuro que de una simple implicancia al perder una batalla, como si algo terrible sucediera si eso pasaba. Pero que? O mejor dicho, por qué su subconsciente canalizaba con esa idea lo que sabía de Kaoru? Estos sueños lo estaban llevando a cuestionar la manera en que su mente funcionaba de tal forma que a veces se sentía al borde de perder la cordura. Eran algo nuevo, después de todo, habían comenzado a aparecer al llegar al reino, y siempre se referían a los hermanos de una forma u otra, aunque había tenido sueños vagos de otras cosas, pero nunca tan nítidos como estos. Inui lo atribuyó a su preocupación por aprender todo lo que pudiera de los hermanos Kaidoh para poder proteger mejor a su amiga. Pero había otra idea, aunque le parecía difícil de aceptar, y se relacionaba con la fuerte magia del lugar. Le resultaba difícil de creer, y por ahora la teoría de que su propio subconsciente le estaba proporcionando esos sueños para ayudarlo a entender a los hermanos le resultaba mucho más creíble y dentro de parámetros aceptables.

Cuando abrió los ojos, su tren de pensamiento se esfumó por completo. Esperaba despertar frente al techo de su habitación, como de costumbre, pero en cambio la imagen que lo recibió al mundo de la conciencia era el mismo vestíbulo en el que, ahora se daba cuenta, había estado por las últimas horas mientras Hikaru se dedicaba a ayudar a los Healers. Trató de que su rostro no reflejara la extrema confusión interna que lo asaltó. Que rayos había sucedido? Cuanto tiempo había pasado? Lo último que recordaba era la llegada de Kaoru, herido. Que más? Kamui. El chico había llegado con hadas para llevarse a su hermano, y se habían retirado sin dar explicaciones. Luego los healers comenzaron a cerrar el trabajo que habían empezado, Hikaru había ido a ayudar a recuperarse a los healers más agotados… Y allí estaba ahora, tratando de compartir un poco de su energía con una muchacha particularmente cansada. No podía haber pasado demasiado tiempo entonces, desde que… Desde que se quedara dormido? Era posible quedarse dormido de pie, de forma tan profunda para alcanzar el estado en el que era posible soñar? De pronto, su cuidada teoría del subconsciente se vio peligrosamente amenazada, y le estaba costando más y más mantenerla tan coherente como al principio. Nuevas piezas del rompecabezas estaban llegando, y no estaba siendo fácil acoplarlas a la imagen que había estado armando cuidadosamente hasta ahora. Miró alrededor, tratando de determinar cuanto más tardarían en terminar el trabajo, así podía regresar a su habitación y meditar tranquilamente toda la nueva información. Sin embargo, al ver alrededor, se cruzó con la atenta mirada de una muchacha de ojos verde-dorados, que inmediatamente recordó como Akemi, la amiga de Kamui. Inui casi esperaba que la chica retirara la mirada al verse descubierta observándolo, pero lejos de hacerlo, le ofreció en cambio una sonrisa extremadamente peculiar, casi como si supiera algo que él no. Esa clase de mirada siempre hallaba sentimientos encontrados de parte de él. Por un lado, la frustración de que alguien supiera algo que él no, y por otro, la extrema curiosidad y determinación por averiguarlo. Hikaru había bromeado una vez, diciéndole que era tan curioso o peor que las damas de la corte, con lo cual el joven Inui se había ofendido terriblemente. Ahora sólo lo recordaba con humor, y un poco de admisión de que tan errada no había estado. Ante la atenta mirada de Akemi, y esa sonrisa que lo ponía un poco nervioso, se llevó una mano a su espalda, buscando inconcientemente la seguridad que le ofrecía sostener su libreta, y se sorprendió al encontrar nada más que su piel. Por una fracción de segundo, lo distrajo el pánico de pensar que la había perdido, pero el recuerdo de la magia de Kamui y su nuevo escondite vino a su cabeza para reconfortarlo. Sin embargo, cuando volvió a prestar atención, la muchacha había desaparecido, junto con su peculiar mirada, y la necesidad del confort mental que su libreta le ofrecía.


*_*_*_*_*_*_*_*


La habitación era extremadamente pequeña considerando el importante título de su dueño, pero reflejaba a la perfección su personalidad. Tenía las cosas necesarias, y nada más que eso. Nada de decoraciones ostentosas e inútiles, sino muebles prácticos, funcionales y simples. Un enorme ventanal ocupaba gran parte de la pared, y aunque cerrado debido al frío particularmente intenso de ese día, los rayos del sol matutino atravesaban los vidrios e iluminaban cuanta cosa encontraran en su camino. Una de ellas era la cama, donde Kaoru descansaba, profundamente dormido entre almohadones y sábanas de finas telas. Un enorme sillón estaba de espaldas al ventanal, y sentado en el, prácticamente recubierto en sombras debido al tamaño del asiento, estaba su hermano. Sus ojos estaban abiertos, pero su mirada estaba tan fija en un punto indefinido que se notaba que estaba absorto en sus propios pensamientos, y se mantenía tan estático que lo único que indicaba que había vida en ambos hermanos era el leve subir y bajar de sus pechos al respirar. El sol se había elevado un buen tramo en el cielo cuando Kaoru se movió de su letárgico sueño, y lo primero que exclamó fue una maldición al tratar de mover su dolorido brazo, lo cual, como si de un efecto dominó se tratase, hizo que su hermano sonriera, rompiendo su estaticidad.

-Trata de no moverte demasiado, todavía no te vieron los healers.

Kaoru abrió los ojos con dificultad, la luz resultando demasiado intensa, y localizó a su hermano.

-Por qué no se encargaron aún de eso? – preguntó con voz ronca de desuso, y luego continuó con una duda que parecía más urgente- Cuanto tiempo pasó?

-Solo un día. Ayer quedaste inconciente a poco tiempo de llegar al castillo. Pasaste una noche en el cuarto azul, no podía dejar que los healers te vieran hasta que te recuperaras un poco. Preferiría que descansaras un día más allí, pero dadas las circunstancias…

-Un día es más que suficiente.- Lo interrumpió Kaoru, intentando incorporarse y reprimiendo cualquier expresión que pudiera reflejar el dolor que repentinamente lo atacó. Kamui sonrió ante la negativa de su hermano y sus intentos por demostrar que estaba menos débil de lo que realmente se sentía.

-Al menos trata de no moverte tanto si pretendes mantener la mentira. Perdiste una batalla, Kaoru, sé tu estado.- Comentó, casi cruelmente, y Kaoru frunció el seño, no sabiendo exactamente que responder, ya que lo que decía no era más que la verdad. Kamui sonrió a modo de disculpa, y ladeó la cabeza, cruzando las piernas elegantemente. Kaoru reconoció el gesto como el preámbulo de lo que sería un cuidadoso interrogatorio y casi deseó haber seguido durmiendo. Sin embargo, necesitaban hablarlo, más que nunca.

-Se lo que vas a preguntar, Kamui, ahórrate la diplomacia. No debimos perder contra esa cantidad de soldados, no contra los Lobos. Comenzó exactamente como lo calculé, sus fuerzas son temperamentales pero desorganizadas. Un poco de presión correcta y se desbandarían como aves ahuyentadas- El rostro turbado de Kaoru dejaba implícito que las cosas no habían pasado exactamente así.

-Que pasó, entonces? – Preguntó el menor, ya pensando varias opciones en su cabeza. Un ejercito contratado? Un nuevo tipo de magia? Una nueva raza de dragones? Habían simplemente mejorado? No, cualquier mejora debía ser adquirida, porque la ultima batalla con ellos no había sido hace mucho, y no habían podido mejorar tanto desde entonces. Sin embargo, a medida que el tiempo pasaba y Kaoru no contestaba, Kamui comenzó a pensar que la ultima opción, aunque imposible, era la correcta. – Bromeas, verdad? – Comentó, ambas cejas elevadas en incredulidad. Kaoru resopló, en parte por el comentario y en parte porque le costaba admitirlo.

-Si lo miras bajo todo punto, es imposible, pero es exactamente lo que sucedió. Son mejores… Tienen más organización, más coordinación, y más fuerza. No es que sean imposibles de vencer, pero nadie lo esperaba. Como demonios se convierte de la noche a la mañana todo un ejercito de incompetentes en buenos guerreros!? Simplemente es imposible…- Kaoru se dejó caer en la cama, cansado de tratar de mantenerse sentado, y el no poder lograr algo simple como eso alimentó su sentimiento de culpa- Debí ser menos arrogante! Debí considerarlos como una verdadera amenaza y preparar una estrategia decente, no ir a enfrentarlos como si fueran una parva de chiquillos rebeldes!

-Kaoru, hasta ahora nunca han sido más que eso, no puedes culparte por no saber que mágicamente cambiarían de un día a otro. - Kaoru estaba a punto de replicar, pero Kamui, impaciente ante los sentimientos de culpa de su hermano, interrumpió- lo más importante ahora es saber por qué rayos cambiaron de esa forma. Por más que le de vueltas al asunto, no puedo dejar de pensar que no fue con un método normal. El tiempo es demasiado corto.

Kaoru pareció meditar estas palabras, y agregó, dudoso de que fuera un comentario coherente.

-No parecían ellos…

La mirada de Kamui se agudizó rápidamente ante estas palabras, y miró a su hermano atentamente.

-A que te refieres? – Kaoru se acomodó, visiblemente incomodo ante este tipo de conversación. Las especulaciones de este tipo no eran realmente lo suyo, pero debía comunicarlo lo mejor posible para que su hermano pudiera tener toda la información disponible.

- No parecían ser ellos, no hubo bromas, ni comentarios arrogantes y provocadores. Estaban determinados, serios. – Los engranajes en la cabeza de Kamui comenzaron a girar hacia una dirección, con velocidad creciente.

-Que hay de sus ojos? – Ante la mirada interrogante de Kaoru, aclaró- el color de sus ojos, cual era? – Su hermano lo miró como si de pronto le hubiera crecido una segunda cabeza en su hombro, y Kamui lo urgió a que contestara. El Rey se encogió de hombros.

-Los normales, supongo? No vi nada raro en ellos…

-Que hay del líder… Momoshiro, es el nombre? – Ante la afirmativa de Kaoru pero la falta de su respuesta, agregó- Sus ojos son violetas, verdad? Que color eran ahora?

-No lo se, no estaba con el grupo principal. El frente que batallamos nosotros fue una distracción. El líder estaba en otro lado, atacando una aldea. – Explicó con visible dificultad. Se había sentido como un idiota al verse engañado por un truco tan simple, y el verse encerrado y no poder ir a ayudar al grupo que defendía a los civiles. No había habido bajas, por suerte, aunque un habitante había resultado torturado. Según tenía entendido, el hombre había estado bajo prisión por el líder de los lobos, y se lo comentó a Kamui, en caso de que necesitara realmente averiguar ese dato que para Kaoru no dejaba de ser superfluo. Su hermano notó la duda y comenzó a explicar lo que había comenzado a sospechar desde que Kaoru comenzó su relato.

-Recuerdas lo que investigo? Lo que te expliqué acerca de los legendarios clanes perdidos de dragones? – ante la afirmativa de Kaoru, Kamui continuó- Pues, tenían capacidades mágicas particulares. Una de ellas… era mudar su ser esencial de cuerpo temporalmente. – Dejó que las repercusiones de ello anclaran el la mente de Kaoru antes de continuar- Si esto sucedió… Si el ejército de los Lobos mejoró tanto porque están siendo controlados por uno de estos clanes, sus ojos deberían cambiar, al menos en el cuerpo poseído. Si comenzaron con alguien, es con el líder. Si me dices que lo que cambió fue su organización, tal vez solo hayan influenciado a Momoshiro, al menos por ahora.

-Pero… Porque rayos habrían de atacarnos?! – A penas un segundo después de exclamar esa frase, los ojos de Kaoru se abrieron como platos- Hikaru!

-Tal vez – comentó Kamui, con la sonrisa de alguien que esta resolviendo un acertijo particularmente desagradable- pero es demasiado pronto para saberlo.

-Pero, Kamui, tu dijiste que ningún clan había sobrevivido. Si realmente están relacionados… - Las implicaciones de ello quedaron en el silencio que prosiguió, y Kaoru agregó con una voz considerablemente más baja- realmente es ella, verdad?

Kamui miró a su hermano atentamente, por unos segundos, con los pensamientos en su cabeza armando redes incomprensibles para cualquiera que no fuese el mismo, y le sonrió repentinamente, con la sonrisa de alguien que confiesa el secreto de otro.

-Habló con tu dragón, sabías? Entablaron una conversación de lo más interesante.

-Snake… Habló con otra persona?! Espera… A que te refieres con hablar? – Kamui dejó escapar una risa que rápidamente llenó la pequeña habitación.

-Me refiero a que tu chica puede hablar con dragones, tal como lo hago yo y un escaso puñado de personas más. Era lo que esperábamos, o no? – Kaoru asintió, aun confuso ante la idea de que alguien más pudiera hablar con el dragón que lo había aceptado, hablar verdaderamente, no el manojo de instintos y sensaciones con las que los riders comunes se comunicaban con sus dragones, sino una verdadera conversación. Es cierto que habían esperado ello, pero verlo confirmado le resultaba extraño. La chica podría hablar con su dragón, con cualquier dragón, mientras que Kaoru solo podía comunicarse con Snake en un nivel básico. Sintió envidia, y luego, aprehensión. Que rayos le habría dicho Snake?! Conocía al dragón desde que era pequeño, y sabía que era temperamental. Se habrían llevado bien? Por alguna razón, le pareció de crucial importancia que así fuera, pero no podía entender por qué. No era que la chica le importase tanto, después de todo… O si? Comenzó a sentir el cansancio más que antes ante este repentino torrente de emociones que no podía catalogar aún. Y su hermano sonreía como si lo supiese todo. A veces odiaba esa sonrisa.

-Supongo que eso confirma que realmente es ella.

-Si te queda alguna duda, Snake mismo la reconoció como tal. No se lo dijo de forma directa, naturalmente. Afortunadamente los dragones son tan orgullosos que no desean mezclarse en asuntos de ese tipo, pero no puedo dejar de admitir que mi pulso se aceleró al escuchar a Snake. – Comentó divertido, como si se tratase de una mera anécdota, y no de una situación que pudo poner en riesgo todo lo que habían estado planificando. Eran momentos como estos en los que Kaoru se cuestionaba el estado mental de Kamui. La mayor parte del tiempo resultaba coherente y lógico, pero por momentos, cuando trataba ciertas situaciones como si fueran un mero juego, dudaba si comprendía verdaderamente lo que estaba haciendo. Era una persona difícil de leer, siempre lo había sido. Era parte de quien era, parte de su deber y su destino. Pero aún así por momentos, Kaoru dudaba, porque no sabía si su destino y su deber no lo estarían llevando al borde de la locura. Pero solo se tenían el uno al otro, y al castillo.

Junto con él.

Debía recordarse que no hacían todo esto solo por ellos dos, pero aún así a veces resultaba difícil. El no tener todos los parámetros de lo que todo esto iba a requerir lo hacía sentirse incómodo. Tan incómodo como se sintió al comenzar la batalla el día anterior y notar que las cosas habían cambiado sin que él lo supiera. Trató de dejar el recuerdo de la derrota detrás, pero le era imposible. Era una espina que no lo dejaba en paz, y no dejaría de hacerlo hasta que revirtiera la situación. Siempre le había resultado difícil lidiar con las derrotas.

En más de un sentido.

-Si las cosas siguen como creo, tendrás oportunidad de redimirte- Comentó de pronto Kamui, y Kaoru elevó la mirada para buscarlo. La voz había provenido de otro lado, y lo encontró de pié, su espalda apoyada contra la pared, una de sus manos firmemente apoyada contra la superficie.

-Sal de mi cabeza, demonios! – exclamó Kaoru, fastidiado, intentando incorporarse y logrando solo exclamar otra maldición. Kamui rió, encogiéndose de hombros pero sin quitar la mano de donde estaba en la pared.

-No me culpes a mí, no soy yo el intruso. Además, no es necesario, sabes que portas tus pensamientos en tus ojos, Kaoru.

- No te hagas el inocente, Kamui, deja de meterte en mis asuntos o comenzaré a meterme en los tuyos.

Kamui apartó la mirada un instante, sonriendo, como un niño pequeño que es demasiado listo para recibir regaños condescendientes, y comentó.

-Mi vida es extremadamente aburrida, Kaoru. Que puedes encontrar de divertido en ella?

-No lo se, tal vez le pregunte a Akemi o a Fuji por detalles? – Disparó, a lo cual Kamui le devolvió una perversa sonrisa, como si lo desafiara a hacerlo, y la casi amigable discusión entre hermanos hubiera seguido de no ser por un tintineo leve, casi una risa, que parecía salir de las paredes. Kamui elevó las cejas repentinamente.

-Tienes visitas, Kaoru.

Inmediatamente luego de decir esto, un breve golpeteo en la puerta irrumpió en la habitación, y Kaoru miró a Kamui, preguntando silenciosamente quien era. El muchacho sonrió con tal disfrute que Kaoru pensó que no podía significar nada bueno para él.

-Necesitas un Healer para esas heridas, o no? – Se sentó en el sillón en el que estaba antes y la puerta de la habitación se abrió sin ayuda de nadie, dejando a la vista una Hikaru perpleja ante el hecho. Aunque ya se estaba acostumbrando a las rarezas del castillo, aún le costaba por momentos no sorprenderse. Miró desde el marco de la puerta, insegura si la puerta abriéndose era una invitación para pasar o no.

-Adelante, Hikaru. Está decentemente vestido y listo para ser curado, aunque con un humor de perros. – Bromeó Kamui, y Hikaru reprimió una risa, limitándose a sonreír discretamente. Kaoru siseó por lo bajo, claramente disconforme con el comentario, y Hikaru recordó nuevamente el idioma de los dragones. Kaoru estaba parte recostado, parte sentado en la cama, mirando fijamente hacia la ventana y ofreciéndole una cara de molestia al mundo, como si estuviese dispuesto a ignorarla. Kamui observaba todo con sus calmos y casi inexpresivos ojos grises, y esa pequeña sonrisa en el rostro. Hikaru se encogió mentalmente de hombros y decidió que trataría de mantenerse profesional, como cualquier otro healer, no esperar demasiado del hermano mayor, y esperar casi cualquier cosa del hermano menor. Se situó al lado de la cama, apoyando sobre la suave superficie la caja con elementos que le serían necesarios.

-El brazo es el que necesita más trabajo, Hikaru. Las otras dos ya están cerrando por su propia cuenta. No quisiera agotarte, escuché que realizaste un trabajo magnífico ayer.

Hikaru elevó la vista para mirar a Kamui, y le ofreció una sonrisa.

-No es problema, me hubiese gustado poder ser de más ayuda, pero nunca trabajé como healer en una situación así. Admiro a los que lo hacen, me gustaría aprender más.

-Eso no será problema, de hecho es aconsejable. Tanto tú como Inui deberían ir a ver a los Sages, podrán enseñarles a controlar la magia. En tu caso, a mejorar el control.

Hikaru tomó con cuidado el brazo de Kaoru, y tuvo que reprimir otra sonrisa al ver como el rey convertía su rostro en piedra para no demostrar lo mucho que le dolía. Hikaru se concentró por un segundo, accediendo a ese centro dentro de ella que le permitía realizar la reparación natural en el cuerpo, y comenzó a canalizarlo sobre el brazo que tenía en sus manos. Kaoru frunció más el seño, y esta vez Hikaru no pudo evitar sonreír, sabiendo que el comienzo de la reparación debía ser más doloroso que el resto del proceso.

-Duele mucho? – Preguntó, con un tono falsamente inocente, y Kaoru siseó nuevamente, sin dignarse a mirarla. Si iba a intercambiar comentarios astutos con la chica, al menos lo haría cuando su hermano estuviese fuera de la habitación. Era bastante tener como futura esposa a una chica demasiado astuta, no necesitaba agregarle las bromas de Kamui.

-Por supuesto que le duele, es demasiado terco para admitirlo- bromeó Kamui, por lo que recibió una mirada de desprecio de su propio hermano, a la cual le hizo caso omiso.

-Creo que es más valiente admitir cuando algo duele que esconderlo- Comentó Hikaru como si fuera una simple conversación, y no algo destinado a exasperar al chico.

-Creo que trabajas mejor cuando lo haces en silencio- Comentó por lo bajo Kaoru, aunque fue perfectamente audible. Hikaru incrementó el flujo de la magia hacia el brazo, sabiendo que le dolería aún más, y Kaoru reprimió un pequeño gruñido de dolor, y no dijo nada más. Kamui sonrió con satisfacción al ver la interacción entre ambos.

-Compórtate, Kaoru.

Estuvieron en silencio por un tiempo, Kamui entretenido mirando por la ventana, casi inmerso en sus pensamientos. Kaoru viendo hacia cualquier lado que no fuera Hikaru, y Hikaru concentrándose en curar el brazo del Rey y preguntándose porque tenía que ser tan antipático.

Hasta que detectó algo inusual en el flujo de energía vital de Kaoru. Curar a alguien era como ver un tejido que se había roto, y debía tomar cada hebra y unirla nuevamente en el punto donde se había separado. La energía vital de cada persona era diferente, y respondía de formas peculiares ante la magia de un Healer, pero lo que comenzó a sentir Hikaru no era exactamente eso. Había algo extraño en la energía de Kaoru. Como si hubiese hebras del tejido que no podía unir a nada, y cuyas raíces no estaban unidas al mismo centro que las demás, sino a algo más lejano, más oscuro, mucho más difícil de descifrar. Parte de su mente continuó trabajando en las hebras de la herida, mientras que otra parte siguió los rastros de energía de uno de esos peculiares hilos. Parecía que recorría todo su ser sin lógica alguna, a veces camuflándose en el patrón normal del tejido, y a veces haciendo un camino completamente diferente. De pronto, un brote repentino de energía le hizo perder el camino, como si fuera un limite del cual no podía pasarse. Miró brevemente a Kaoru, pero este no se había percatado de lo que estaba haciendo, y una rápida mirada por el rabillo del ojo comprobó que Kamui continuaba mirando por la ventana. Hikaru extendió cuidadosamente parte de su energía para acceder al muchacho, y en poco tiempo estaba recorriendo la energía vital de Kamui, tan parecida y al mismo tiempo tan diferente a su hermano. No tardó en encontrar la misma clase de anomalía. Trató de seguir una de las hebras, nuevamente, tratando de estar preparada para ese brote de energía y no perder el hilo. Pero de pronto, su propia energía se paralizó, como si la hubieran aferrado repentinamente del brazo en plena carrera.

Los ojos grises de Kamui estaban clavados en ella con una gélida sonrisa en el rostro.

Inmediatamente cortó la conexión, y se concentró en Kaoru, como si nada hubiese ocurrido, pero su cabeza continuaba pensando. Se había dado cuenta el chico de lo que estaba haciendo, o solo había notado que estaba tratando de acceder a él? Y que rayos eran esas hebras de energía vital que no seguían el patrón normal? A que estaban conectadas que se veían tan comprometidas, tan ajenas a su poder? Que pasaba si una de ellas se rompía? Podría un healer volverlas a unir? De alguna forma, Hikaru supo que no. Se sentían demasiado ajenas a lo que su magia reconocía.

Volvió a concentrarse en el brazo de Kaoru, pero un movimiento la distrajo. Kamui se ponía de pié.

- Tengo que atender algunos asuntos, si me disculpan- comentó, haciendo una pequeña inclinación ante ambos y dejando la habitación tan rápido que ninguno tuvo tiempo de responder. Cuando la puerta se cerró, y segundos de silencio comenzaron a correr, Hikaru se dio cuenta de que volvía a quedar sola con el Rey. Luego de más segundos en silencio, la actitud de Kaoru comenzó nuevamente a exasperarla. Intentó comenzar la conversación de forma amable.

-Te ves mejor que ayer. – Ofreció, y cuando segundos de silencio fueron su única respuesta, trató de resistir las ganas de estrangularlo. Esto se estaba convirtiendo en un patrón, pensó la pelirroja, con fastidio. – Lucias terrible, aunque las heridas no parecían tan graves.

-Fshh… No lo entenderías.- Fue su respuesta, y Hikaru casi deja de aplicar su magia por la sorpresa y la incredulidad ante el tono del muchacho.

-No, por supuesto- Comentó sarcásticamente, reanudando su trabajo- no soy más que una estúpida princesa que viene de un reino pacifista y mercantil, que habría de saber de guerras y de heridas y de la frustración de una derrota, verdad?

Ante el exabrupto casi gentil de la chica, Kaoru finalmente volteó para verla sorprendido, pero no pasó mucho tiempo antes que volviera a fruncir el seño.

-No fue eso lo que quise decir – Dijo en un tono apologético que tomó por sorpresa a Hikaru. De pronto Kaoru lucía cansado, frustrado con su situación y casi…deprimido? La pelirroja lamentó su exabrupto, pero no bajó la guardia.

-Mejor. Deberías saber que mi cabeza no es solo un accesorio.

-Es bonito – dijo de pronto, y Hikaru volvió a quedarse sin palabras.

- …Que? – Pudo balbucear, luego de lo que le parecieron minutos. Kaoru volvió a mirar hacia la ventana, lejos de la mirada de Hikaru.

-Tu pelo, es bonito. Y tus ojos, tienes ojos…lindos- terminó, casi toscamente, como si fuera la primera vez que decía esa clase de cosas. Por todo lo que Hikaru sabía, bien podría ser el caso.

Que rayos le pasaba a ese chico? Primero le decía cosas que la fastidiaban terriblemente y ahora le ofrecía palabras agradables? Estaba tratando de volverla loca? Porque ciertamente lo estaba logrando.

-Oh… Gracias… - Dijo, y se dio un mental golpe en la cabeza por sonar tan idiota, pero de verdad no se le ocurría que decir. Podía lidiar con adulaciones falsas, pero cuando alguien le ofrecía esa clase de palabras sinceras, realmente no sabía como contestar.

-Demasiado bonita para saber manejar una espada- Agregó Kaoru, y Hikaru vio la pequeña sonrisa que trataba de ocultar mirando hacia otro lado. La pelirroja tomó el brazo que recién terminaba de curar y lo elevó de forma mucho más violenta que lo necesario para comenzar a poner las vendas. Kaoru dejó escapar un gemido de dolor, pero la sonrisa seguía bailando en sus labios.

- Cuando quieras probar el filo de mi espada en tu garganta, solo necesitas pedírmelo. Esta a un duelo de distancia. – Comentó, comenzando a aplicar las vendas con fastidio, sosteniendo entre su ante brazo y su cuerpo el brazo de Kaoru para tener las manos libres para aplicar las vendas, más apretadas de lo necesario. – Estoy segura de que podría incluso batallar mejor que cualquiera de tus soldados.

El semblante de Kaoru de pronto se oscureció.

-No lo dudo, si peleo como lo hice ayer, podrías hacer un mejor trabajo que yo mismo.

Hikaru revoleó los ojos ante el comentario.

- Ustedes y sus guerras. Piensan que por perder una pequeña batalla no son dignos de nada y cuando ganan una se creen los reyes del mundo. Lo único que son es un grupo de idiotas peleando contra otro grupo de idiotas que no tienen nada mejor que hacer.

-No te gustan las guerras, supongo- Comentó Kaoru con un tono casi condescendiente, por lo que Hikaru frunció el seño.

-Me resultan espléndidas. Pero no soporto que traten de describirlas como más de lo que son. Personas peleando contra personas, necesario, inevitable, pero solo eso. No hay dioses ni destino en ello, solo naturaleza humana. – Kaoru lo meditó por un segundo.

-Desearía que fuera tan simple – comentó en voz tan baja que Hikaru no alcanzó a distinguir las palabras. Terminó de rodear el brazo de Kaoru con las vendas, asegurándose de que le permitiera movilidad suficiente pero que lo proteja para dejar que el brazo terminara de reparar solo.

- Inclina tu brazo hacia delante- Pidió Hikaru, con el severo tono de un Healer que no admite caprichos. Kaoru lo movió hacia adelante con esfuerzo. A pedido de Hikaru, continuó moviéndolo hacia donde la chica indicaba, comprobando en cada caso que las vendas le permitían moverlo, aunque con velocidad lenta. Cuando trató de flexionarlo, sin embargo, solo pudo flexionarlo hasta la mitad.

-No puedo alcanzar mi propio hombro- Comentó Kaoru, volviendo a su usual fastidio. Hikaru sonrió, satisfecha, terminando de guardar las cosas en su caja.

-Esa es básicamente la idea. Así no abusas de él y no te quitas las vendas. – El chico estaba a punto de replicar que bien podía quitarse las vendas con el otro brazo cuando Hikaru se le adelantó- el nudo que te hice es para deshacer con dos manos. Tendrás que tolerar las vendas. – La chica tomó el brazo para revisarlo por última vez, y aprovechó la cercanía para mirarla con atención. La mirada de Hikaru era una de determinación, un poco de descaro, y orgullo, pero amable. Kaoru pensó que era una mezcla extraña, pero agradable.

Lástima su endemoniada personalidad. Pero, después de todo, el no podía quejarse en ese terreno.

-Es como vendamos a los niños para que no arruinen las ataduras y se porten bien. – Comentó Hikaru con una sonrisa de burla, y Kaoru se arrepintió inmediatamente de todo lo que había estado pensando. Realmente era fastidiosa. Pero la mirada de la chica se ablandó, y su sonrisa se convirtió en una de tristeza. – Estaban todos preocupados por ti, sabes? Al menos les debes el recuperarte y no exigirle a tu brazo más de lo que puede. – Comentó, pasando su mano suavemente por el brazo, continuando la verificación. Kaoru de pronto se sintió extremadamente conciente de la tibia piel de la chica sobre su brazo, aún a través de las vendas.

-Supongo que ese ‘todos’ no te incluye a ti. – Hikaru frunció el seño y habló en voz baja

-También estaba preocupada…- Luego, casi como dándose cuenta recién de lo que había dicho, elevó la vista, su rostro un poco ruborizado. – O…o sea, no es que… Eres el Rey, y se supone que seas mi futuro esposo, es mi deber estar preocu… - Kaoru, en un rápido movimiento, giró su mano para aferrar la muñeca de Hikaru y tirar de ella hacia él. La sorpresa hizo que la pelirroja perdiera el balance y se encontró, en menos de un segundo, prácticamente arriba de Kaoru, y el chico estaba…besándola.

Hikaru tenía los ojos abiertos como platos, y Kaoru la miraba desde esa ínfima distancia, con su usual intensidad. Tardó un tiempo en notar que el chico la había soltado, y cuando lo notó, se apartó rápidamente, alejándose un metro de la cama y llevándose una mano a la boca casi de forma instantánea. No era que nunca hubiese recibido un beso, pero había sido tan inesperado que quedó sin palabras. Kaoru por un momento la miró seriamente, y luego sonrió con esa pequeña sonrisa que era tan típica de él.

- Es la forma más efectiva para que dejes de hablar.

Hikaru bajó su mano, tratando de mirarlo con odio, pero la sorpresa aún le duraba y no la dejaba modelar su cara en la expresión de desprecio que hubiera deseado.

- La próxima no tienes más que decírmelo. No te quites las vendas, y no le exijas al brazo demasiado por los próximos dos días. Supongo que necesitas descansar- Dijo, casi en automático y con su mejor tono de persona con la cual no se bromea. Tomó la caja y se apresuró hacia la puerta, sin evitar sentir la mirada fija de Kaoru en ella. Cuando cerró la puerta, pausó por un segundo y luego salió disparada hacia su habitación, tratando de poner distancia entre ella y lo que fuera que hubiese pasado en ese cuarto.
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Hikaru sama
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MensajeTema: Re: Capitulo 05   Sáb Ago 21, 2010 7:25 am

A ver...de este capi me gustan muchas cosas...
Los sueños de Inui, sin duda....ahora veo mas cosas ¬¬
El beso final y la tensión entre Hikaru y Kaoru...es lo mas xD
Pero lo que mas me gusta es la escena de la curación y el concepto de las redes de energia vital...me parece fantastico!!
>.<

E insisto...quiero mi dragon!!! *-*

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Capitulo 05
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