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 Capitulo 04

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kaidoh-kiddo
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Tu personaje:
Tu personaje de Tenipuri: Kaoru Kaidoh
Tu Prince or Princess: Inui Sadaharu

MensajeTema: Capitulo 04   Sáb Jun 12, 2010 2:31 am

A Hikaru le llevó unos cuantos segundos entender lo que le estaban diciendo, pero finalmente comprendió que las palabras que había escuchado en su cabeza eran lo que significaban los siseos, y sin darse cuenta había respondido a ellos.

-Pero… No es posible… ni siquiera noté que estaba hablando… y no entendí mas que ruidos cuando tu hablaste con Snake…

-Aun no lo haces de forma conciente, pero cuando practiques, de seguro podrás hablar cuando lo desees. – Kamui sonrió aun más- vaya, esto es sorprendente.

Hikaru lo miró, confundida. De alguna forma la actitud del muchacho le resultaba extraña, como si… fuera algo que ya suponía que iba a suceder, como si las cosas estuviesen respondiendo a lo que él esperaba de ellas. De pronto, las palabras de Snake le retumbaron en la cabeza, y se encontró preguntando al príncipe.

-Kamui… Por qué me eligieron a mi como esposa de tu hermano? Mi reino… no es influyente, no poseemos tierras de valor particularmente importante… Por qué yo?

El muchacho mantuvo la sonrisa en su rostro, aunque sus ojos se volvieron tormentosos nuevamente. Parecía haber estado esperando esa pregunta. Sin embargo, cuando el muchacho estaba a punto de hablar, una enorme explosión se oyó a lo lejos, haciendo que las paredes de la cueva retumbaran, y el piso tembló de tal forma que Kamui perdió el equilibrio y cayó al piso, y Hikaru necesitó aferrarse de una estalagmita cercana para no caerse. Inui, a penas un nanosegundo de comenzado el temblor, ya se había posicionado frente a Hikaru y tenía varias hojas filosas entre los dedos, listas para ser arrojadas. El hombre que los había acompañado se acercó a la entrada de la cueva de forma sigilosa, y Jaeff, que había estado en los brazos del hombre, se soltó para correr hacia donde se encontraba Kamui y ponerse frente a el, soltando un constante y bajo rugido hacia la entrada del recinto.

-Que sucede? – Preguntó Kamui con tono serio, volviéndose a poner de pie y acariciando la cabeza del Dragonoid para calmarlo. El chico se acercó a la entrada, pero el hombre lo detuvo.

- Maese Kamui, no se acerque a la entrada! No parece haber sido cerca, pero tenemos que llevarlo al castillo cuanto antes, y también a la señorita Hikaru y su guarda.

- No podemos llevarnos a Snake, Kaoru vendrá por él. Tendremos que ir caminando.

- De ninguna forma! Es demasiado peligroso, si están atacando cerca…

Kamui se agachó, apoyando una mano en el suelo y cerrando los ojos. Una nueva explosión volvió a hacer retumbar la piedra, y Jaeff se acercó al príncipe, ayudándolo a mantener el equilibrio. Al cabo de unos segundos, Kamui abrió los ojos.

-A unos 10 Kilómetros de aquí, hacia el sudeste. Si nos apresuramos, no habrá problema.

-Kamui, que sucede? – Preguntó Hikaru, aunque Inui no la dejaba moverse de donde estaba, protegida entre la pared y el cuerpo del chico.

-No se con seguridad, Hikaru, pareciera que están atacando en el borde de los terrenos del castillo, pero no se quienes ni con que intenciones. Lo mejor será volver al castillo cuanto antes.

-Maese Kamui, no puedo dejarlo que cruce los terrenos solo sin protección. Si le llegase a pasar algo… - El hombre negó con la cabeza, como si la sola idea fuese impensable- no, por ahora aquí estarán seguros.

El príncipe estaba a punto de responder cuando una serie de zumbidos comenzó a cruzar el cielo, y no tardaron en ver destellos amarillos cruzar por la entrada de la cueva. Pasaban tan rápido que era difícil distinguirlos, pero Hikaru e Inui comprendieron que eran dragones amarillos. Uno de ellos voló hacia la puerta de la cueva, y aterrizó con agilidad en el borde. De la criatura bajó de un salto Kaoru, espada lista en su cintura y un semblante de pocos amigos. Observó la inusual cantidad de gente en la cueva pero si lo sorprendía, no hizo ninguna mención a ello.

-Kamui, vuelve al castillo. Los malditos Lobos están causando problemas en los bordes. Llévate a Hikaru e Inui, no salgan hasta que sepas que es seguro. Encárgate de reforzar las barreras.

-Ka…- El muchacho realizó un gesto de fastidio ante lo automático del discurso de su hermano y aumentó el tono de voz para llamar su atención- KAORU! No podemos llegar hasta allí en dragón, Todos los que están aquí tienen riders y te los estas llevando al borde, y los speeders no aceptarán a alguien que no es Rider! – Kaoru se detuvo a su pesar, fastidiado por la situación y por no poder partir inmediatamente. Afuera ya se escuchaban gritos de organización entre generales, y varios dragones ya estaban en el cielo con sus respectivos Riders, esperando órdenes.

-Usa a Dylan, no tiene problemas en llevar a quien le pidas.

-Dylan no está, su Majestad- Explicó el hombre, por lo cual Kaoru miró a Kamui con fastidio.

-Deberías entrenar a ese maldito dragón!

-Nos quedaremos acá hasta que sea seguro, o probaré de convencer a tu speeder de que nos lleve, no te preocupes por ello. – Comentó el pequeño, acercándose al dragón amarillo que esperaba aún en la entrada. Kaoru se volteó, indeciso entre asegurar que su hermano volviera seguro al castillo y salir para comandar a sus hombres. Kamui se percató de ello y lo urgió. – Vamos! Sal de una bendita vez! – De pronto Kamui corrió hacia el y le aferró el brazo, diciendo en voz baja aunque aún era audible- No lo conviertas en una batalla si no es necesario, Kaoru. No te involucres demasiado, sabes que si no es necesario debes manejarlo co…

-Kamui, estamos hablando de los Lobos, si se convierte en una batalla, no es una que vaya a perder. – Los hermanos se miraron en silencio por unos segundos, debatiendo solo con la mirada. Kamui finalmente soltó el brazo de su hermano, mirándolo de forma casi fría- Confío en que sepas lo que haces. No es momento para acciones innecesarias. Estaré informado.

Kaoru lo miró por unos segundos más y luego corrió hacia el fondo, al borde de la tarima donde se postró como lo habían hecho antes. El dragón salió de forma mucho más ágil esta vez, probablemente presintiendo el apuro del Rey, y Kaoru se puso de pié, montando de un salto al animal. El enorme dragón caminó hacia la puerta, casi arrastrándose, y Kaoru miró a su hermano desde la altura.

-Cuida el castillo, pero no te sobrepases. Protege a Hikaru. – Agregó finalmente, dirigiendo una fugaz mirada hacia la pelirroja, el primer signo de que se había percatado de su presencia. La muchacha no sabía si sentirse halagada de que el Rey se preocupara por ella u ofendida de que pensara que necesitaba la protección. Kamui sonrió de forma un tanto ácida.

-No tienes que recordármelo. No hagas idioteces.

-Lo mismo digo- Comentó el Rey, nanosegundos antes de que el enorme dragón despegara hacia afuera, expandiendo sus enormes alas. Desde la puerta podían observar como organizaba a sus hombres, ya esperándolo con sus respectivos dragones, y no tardaron en salir hacia el lugar de la explosión. Kamui se acercó rápidamente al dragón amarillo que aguardaba en la puerta, y se postró ante él, hablando rápidamente en siseos. El dragón pareció escuchar con atención, pero en un momento determinado miró hacia donde estaban Hikaru e Inui, y rugió, retorciendo su cuerpo como si de pronto se sintiera inquieto. Respondió con un siseo y Kamui bajó aún más la cabeza, renovando la conversación. Hikaru trató de concentrarse y ver si podía entender algo como lo había hecho antes, pero por más que lo intentase, no sonaba más que siseos para ella. Supuso que tomaría tiempo acostumbrarse, y práctica. Después de todo, nunca pensó siquiera que fuese posible, y aún le parecía increíble. El dragón exclamó una nueva serie de siseos y tomó vuelo, alejándose del lugar con rapidez. Kamui dejó escapar un suspiro de resignación, y se puso de pie, volviendo a donde estaban ellos.

-Lo siento, los speeders son dragones rápidos, no les gusta llevar más de un humano arriba de ellos, ni siquiera a pedido mío. Tal vez podamos quedarnos aquí hasta que sea seguro… - El chico miró hacia la entrada, desde donde se podía ver, a lo lejos, el castillo, y frunció el seño en una expresión tan similar a su hermano que resultaba extraño. El hombre miró al príncipe y se acercó a el, apoyando una de sus enormes manos en su hombro.

-Maese Kamui, el castillo estará bien. Aún sin su ayuda, tiene la protección divina de los reyes.- Lejos de calmar al muchacho, esas palabras parecieron turbarlo aún más, y sus ojos grises volvieron a reflejarlo.

-La protección divina, eh? – Kamui sonrió, y tanto a Hikaru como a Inui les corrió un escalofrío por la espalda. Esa sonrisa no era como ninguna que hubiesen visto antes en el muchacho, sino que era más fría y cruel de lo usual. Inui recordó sus sospechas al verlo, convencido de que el muchacho escondía algo más detrás de su carismática apariencia, y juró descubrirlo antes que pudiese poner en peligro a su amiga.

El cielo comenzó a nublarse, a pesar de que el día había amanecido soleado, como si previera la batalla inminente, y el viento comenzó a aumentar en velocidad. El encargado de las dragoneras miró hacia afuera, preocupado, y tomó con más firmeza el hombro del príncipe, tratando de convencerlo que se alejara de la puerta, pero Kamui parecía hecho de piedra, y se rehusaba a moverse. Hikaru e Inui se miraron entre si, sin entender que sucedía, pero el momento se perdió cuando un enorme dragón azul se acercó a la puerta. Kamui volvió a la normalidad, corriendo hacia la puerta sin escuchar la advertencia del hombre y sonrió al ver a la criatura volar por el cielo. Cuando estuvo cerca, se adentró a la cueva para dejarle lugar al dragón a aterrizar. Era mucho más grande que los rojos y amarillos, y parecía mucho más lento, pero cuando estuvo lo suficientemente cerca, pudieron observar en su mirada que la criatura parecía extremadamente inteligente.

-Dylan! Llega en el momento justo!- Exclamó el príncipe, inmediatamente postrándose delante del dragón y hablando con él. La criatura, escuchando atentamente las palabras de su Rider, pasó su atenta mirada por Hikaru e Inui, y ambos muchachos se sintieron examinados como si esa mirada pudiese ver su completo ser. El dragón emitió un largo y sinuoso siseo y apoyó su vientre contra el piso, reduciendo la altura. Kamui sonrió y dejó un beso en la enorme cabeza del animal, poniéndose de pié y volteó para ver a las demás personas.

-Nos llevará al castillo, suban!

Kamui subió al dragón, y entendieron que el dragón se había agachado para que el chico pudiese subir con mayor facilidad. El hombre lo imitó, subiendo detrás del muchacho para protegerlo. Hikaru subió detrás, con Inui a su espalda, también cuidando de la muchacha, y el dragón tomó cuidadosamente con una de sus garras a Jaeff, y desplegó sus enormes alas, tomando vuelo sin problemas.

Hikaru se aferró del cuerpo del animal, la velocidad al principio haciéndole perder el equilibrio, pero los brazos de Inui la estabilizaron, y en poco tiempo se acostumbró a los virajes del dragón, y comenzó a disfrutar del vuelo. El viento en su cara, el paisaje visto desde tal altura, y el animal debajo de ella surcando el cielo con elegancia y velocidad impresionantes. A pesar de la situación real, el ataque al reino y el peligro, sentía que podía echar a reír de la felicidad.

Tardaron poco tiempo, a pesar del vuelo despreocupadamente lento del dragón en comparación con los speeders amarillos, en llegar a las puertas del castillo. Kamui abrió las puertas para encontrar un revuelo de personas corriendo de un lado a otro, aunque con cierta organización. Una serie de personas, hombres y mujeres por igual, con una cinta verde atada a uno de sus brazos, se organizaban en grupos y llevaban cajas, apilándolas en un lugar puntual. Ni bien el príncipe puso un pié en el vestíbulo, una muchacha de pelo largo corrió hacia él, casi arrojándose a él para abrazarlo. Hikaru recordó que era la misma chica que vestía de Dancer en la fiesta.

-Kamui, donde demonios estabas!? Tienes idea de lo preocupada que estaba!? – Exclamó la muchacha, y se alejó del muchacho para tomarlo de los hombros y mirarlo con una expresión severa en el rostro.- Que no te dije que no salieras del castillo hoy!? Para que demonios te advierto si no vas a hacerme el menor caso!?

-Akemi, tranquilízate! Prometí a Hikaru que la llevaría a ver los dragones, no me pasó nada, después de todo.

-Solo porque tienes suerte! Realmente haces que me preocupe demasiado!

-Y si vuelve a salir del castillo sin avisarme, Kamui-Sama, me aseguraré de atarlo a su cama- Comentó un muchacho de pelo castaño, caminando tranquilamente hacia ellos con una sonrisa amigable a pesar de sus palabras. Kamui sonrió de forma particular al escuchar esto.

-Eso no te funcionó la última vez, Fuji, que te hace pensar que funcionará ahora?

-Aprendí un nuevo nudo desde entonces- Comentó como si nada el muchacho, a lo cual Kamui dejó escapar su risa infantil, que contrastaba terriblemente con lo sugerente de la conversación, pero no tardó mucho en ponerse serio- Escucha, Fuji, quiero que cuides a Hikaru, necesito reforzar las barreras del castillo. Inui-san, confío en que la proteja como lo viene haciendo hasta ahora- Le dijo al muchacho, y luego miró a Hikaru seriamente. – Hikaru, no tardarás en notar que las personas que tienen cintas verdes son Healers, así que quiero que me escuches atentamente. Se que querrás ayudarlas, y te lo agradecerán, pero por ningún motivo salgas del castillo. Solo ayuda desde aquí, de acuerdo? – Volvió a mirar a Inui – Bajo ningún motivo la dejes salir- Estaba por volverse cuando Akemi lo detuvo, sus ojos, usualmente una mezcla de verde y destellos dorados, parecían ahora ser completamente dorados, y miró al príncipe como si estuviese viendo más allá de lo que podían ver los demás.

- No derroches tu energía innecesariamente hoy, mañana te será imprescindible. – Kamui la miró por unos segundos atentamente, y los ojos de la muchacha volvieron a la normalidad. Kamui le sonrió, dejándole un beso en la mejilla.

-Lo tendré en cuenta, Akemi. No se que haría sin ti- El muchacho volteó y salió corriendo, desapareciendo por una de las tantas puertas del castillo.


*_*_*_*_*_*_*_*

La cueva parecía imposiblemente amplia, y antigua. Paredes, piso y techo de piedra estaban incrustados de cristales traslúcidos como la más limpia de las aguas, y reflejaban las paredes contrarias, haciendo imposible el distinguir las verdaderas dimensiones del recinto. De pronto, el lugar se iluminó de una tenue luz dorada, y los cristales comenzaron a reflejarse entre si, aumentando la luminiscencia. Un siseo se escuchó desde las profundidades, y era difícil distinguir si los siseos que siguieron eran meros ecos o respuestas. Uno de los tantos cristales dejó repentinamente de reflejar sus alrededores y se tornó negro, para luego reflejar una escena que claramente no pertenecía a la cueva. Lo primero que se podía distinguir era la vista aérea de una aldea abandonada. Una serie de fuegos prendidos, incluyendo una de las casas, ardían con ferocidad, inundando el lugar de una furiosa luz roja y sofocante calor. Una serie de hombres vestidos de gris corrían por el lugar, buscando entre las casas y destrozando aún más el lugar. Los gritos se intensificaron, y tres hombres de gris cargaban a otro, vestido de ropas sucias y rotas de civil, y parecía dolorido y golpeado. Los tres hombres hablaron con sus compañeros, y comenzaron a bromear entre ellos. Las bromas se detuvieron al poco tiempo con la llegada de otra persona, claramente el líder del grupo. Su cabeza parecía ser la de un lobo, pero pudo verse que era un casco cuando el hombre se lo quitó, revelando un pelo corto y negro, y un par de ojos violetas. Ordenó a sus hombres a que bajaran a su prisionero y cuando lo hicieron, se agachó para mirarlo a los ojos. El hombre, aunque herido, le devolvió la mirada desafiante. El líder rió, y sus ojos se iluminaron de una tonalidad dorada. Estiró el brazo y rodeó con sus dedos el cuello del hombre de la aldea, y presionó. La imagen de pronto pareció perder foco, y una voz retumbó en las paredes de la cueva.

-Es esto realmente necesario?

Otro cristal, no muy lejos del primero, se tornó negro y, como antes lo hiciera el otro, comenzó a reflejar una imagen ajena a la cueva. Esta vez, el cristal mostraba el interior de una enorme habitación, en donde varias personas se organizaban alrededor de una serie de heridos de ropajes azules, y revertían el daño de sus heridas con su poder. La imagen se centró en una muchacha en particular, de larga cabellera roja, que trabajaba arduamente en una herida de espada que cruzaba la espalda de un hombre. La chica lucía cansada, pero en ningún momento su poder menguó.

-Los está ayudando. – Retumbó otra voz, y esta vez los ecos no fueron similares, sino que resonaron con varios siseos de indignación. Una voz se sobrepuso sobre los ruidos.

-No sabe lo que hace, no se la puede culpar.

-Entonces hay que advertirle.

-NO!!! –
Rugió violentamente la segunda voz que había hablado, haciendo que las imágenes de los cristales perdiera claridad. – Si se hace eso arruinaremos todo! No podemos impacientarnos. Un paso a la vez- Otro cristal se encendió, mostrando una furiosa batalla entre dragones, y sus jinetes. Los hombres vestidos de azul parecían estar siendo acorralados por los de gris. Un dragón en particular, imponentemente negro y furioso, estaba a la cabeza de los hombres de azul, y mantenía a los atacantes lejos, aunque no parecía poder hacerlo por más tiempo.

-Planeas atacar al hermano mayor directamente? No es eso peligroso? Tal vez sería conveniente empezar por el del medio, no es el más débil?

-No seas ingenuo!
– Rugió otra voz, a medida que otro cristal se encendía. Este recorrió un pasillo, y luego otro, atravesando varias puertas, hasta llegar a una particularmente grande y llena de imágenes azules dibujadas sobre ella. A penas se acercó a ella, la imagen desapareció y el cristal se quebró, tornándose inútil. Las voces murmuraron entre si, asombradas.

- Tiene sus propios medios, no sean ingenuos de pensarlo débil solo por sus habilidades físicas.

- Si uno cae…

-Eventualmente caerán los otros.


Un cristal más grande, ubicado en el centro de la cámara se encendió, volviendo a enfocar a la pelirroja. Los murmullos se apagaron solemnemente ante la imagen.

-Si podemos evitar despertarla, se hará todo lo posible, aunque signifique eliminar a los Kaidoh.

*_*_*_*_*_*_*_*

En el castillo, las cosas estaban ajetreadas. Hombres heridos no paraban de llegar para ser atendidos por los healers. Los de heridas menores eran atendidos afuera, para volver a la batalla, y los más graves entraban al vestíbulo del castillo, para ser tratados por los Healers refugiados en la protección del castillo, donde se podían permitir el riesgo de dar más energía para curar a los heridos. Hikaru trabajaba en una herida particularmente grave. Había estado en ella durante aproximadamente una hora y ya comenzaba a afectarle. Se sentía un poco mareada y la vista estaba comenzando a nublársele, pero no iba a admitirlo. La verdad era que su poder nunca había sido llevado a los extremos de una guerra, y nunca se había enfrentado a heridas de tal gravedad. No era particularmente difícil curarlas, era conciente que tenía el poder necesario, pero no estaba acostumbrada a administrar su energía y mantenerla constante por tanto tiempo para que no le afecte. Inui estaba a su lado, y Hikaru sabía que el muchacho se estaba dando cuenta, pero la pelirroja no pensaba detenerse, al menos hasta que curase esa herida particular. El guarda personal de Kamui, Fuji, también la observaba disimuladamente, desde más lejos, mientras ayudaba a los Healers en lo que necesitaran. Hikaru no pensaba salir del castillo, de todas formas. Ya bastante tenía en sus manos tratando de curar a ese soldado como para intentar aventurarse fuera de la protección del castillo. Al menos aquí dentro no hacía el gélido frío que había comenzado a azotar los terrenos.

La herida finalmente comenzó a regenerar las últimas capas de piel, y cerró por completo, y Hikaru se permitió un pequeño descanso, sentándose en el piso. Inmediatamente sintió la mano de su amigo en su hombro, ofreciéndole apoyo, y Hikaru agradeció nuevamente que el muchacho viajara con ella.

-Hikaru, te sientes bien? – Preguntó el muchacho, mirándola analíticamente desde detrás de sus gafas cuadradas.

-Si… Solo un poco cansada. Hace mucho que no hago esto – Le dijo, sonriendo. Inui le devolvió una breve sonrisa.

-Vamos, descansa un poco, ya has ayudado bastante. – Hikaru dudó, pero realmente se sentía demasiado cansada como para seguir. Muy a su pesar, asintió.

-De acuerdo, pero solo unos segundos.

Inui estaba apunto de ayudar a su amiga a ponerse de pie para llevarla a un lugar más apartado, donde no molestaran y pudiera descansar tranquila, pero una serie de rugidos fuera del castillo atraparon la atención de todos. Una persona cercana a la puerta la entornó para ver que sucedía, y en seguida exclamó.

-El ejercito volvió!

Las puertas se abrieron de par en par, y ambos pudieron ver como una centena de dragones de tonos verdes, terracotas y rojos aterrizaban en los terrenos cercanos a las dragoneras. Tres dragones, sin embargo, volaban hacia las puertas del castillo, y ni bien descendieron, los jinetes bajaron de sus monturas. Entre los tres cargaban a una persona, y la misma persona que había abierto las puertas, volteó hacia los que estaban dentro con expresión de alarma.

-Preparen todos los Healers que puedan, alguien llame a Kamui! El Rey está herido!!!

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Hikaru sama
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MensajeTema: Re: Capitulo 04   Vie Ago 20, 2010 3:59 pm

Waaaa!!!! este capítulo es tan intenso!!!! >.<

Tenes razón, leyendo ya sabiendo todo se disfruta de otra manera. Se aprecian otros detalles o frases que antes con
la ansiedad tal vez los dejaba pasar. La escena de la cueva ahora tiene un matiz diferente xD
Voy a seguir releyendo todos los capitulos xD
Esta genial nee chan!!!!

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MensajeTema: Re: Capitulo 04   Vie Ago 20, 2010 8:09 pm

=D =D Si, cuando lo lees denuevo sabiendo todo, empezas a ver todas esas pequeñas pistas o detalles que antes eran solo parte más de la descripción. Obvio, lo hago a propósito para que lo lean de vuelta. Jajaja XD
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MensajeTema: Re: Capitulo 04   

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Capitulo 04
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