* Hana To Yume * - Prince of tennis - rol and fics
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 File 2: Itoe Tomoe

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Izzy
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MensajeTema: File 2: Itoe Tomoe   Jue Mar 12, 2009 4:47 am

File: Itoe Tomoe

Realmente apestaba.
Cuando Nika se acercó corriendo a la ventana, abriéndola e inclinándose hacia fuera para devolver el poco contenido de su estómago desde nuestra altura, el olor penetrante que hasta el momento había asimilado sólo con la morgue del hospital inundó mis fosas nasales. El olor a muerte era casi insoportable, y por un instante tuve el mismo impulso que mi amiga de cabello rojo.
Afortunadamente lo pude controlar. Todos esos meses encerrada en la morgue me habían hecho casi inmune.
Los ruidos de arcadas de la pelirroja eran lo único que se escuchaba en muchos metros alrededor. La tentación de consolarla fue opacada por la necesidad de actuar. No era la situación en la que me hubiese gustado ser protagonista, pero me había tocado; y sabía de sobra que si una de nosotras tenía que tomar la decisión de hacer algo, ésa era yo.
Dejé a Nika vomitando mientras me dirigí a mi cuarto, agarrando una mochila de viaje del vestidor del pasillo. La dejé sobre la cama, y comencé a llenarla con todo lo que creí necesitar. Abrigos para ambas, jeans, zapatillas, y una sábana. Encima de eso, guardé mi caja de medicinas y primeros auxilios que había usado en mis exámenes. Contaba con todo lo que podía necesitar, desde alcohol para desinfectar, hasta bisturí y aguja con hilo quirúrgico. La llené con cosas del baño que podríamos necesitar, y de camino agarré un jabón y una toalla. Todavía escuchaba a Nika en el living devolviendo cuando caminé hasta su cuarto.
En algún confín del desorden en violeta y negro había un set de cuchillos de caza, regalo de alguno de sus ex novios psicóticos. Pero mientras buscaba eso, encontré una colección de encendedores antiguos cargados, y con la recarga. Guardé todo en la mochila, y agarré el contaminante desodorante de mi amiga. Lanzallamas casero.
Seguí revolviendo el cuarto de Nika hasta que, pese a haber revisado cada centímetro cuadrado, no encontré los cuchillos. Decidida a no dejar que el pánico me dominara nuevamente, volví al living. Nika no estaba en ningún lado.
Desde luego, entré en pánico.
Lo que había dicho la tal Ann Tachibana había desatado ese tipo de reacciones en mí. Armarse? Salir de noche? Sonaba demasiado parecido a una película de las que Nika amaba.
Sonaba casi tanto como el hecho de despertarme completamente sola en el hospital.
Me cargué la mochila a los hombros, y agarré lo primero que encontré a mano, que resultó ser una espada de juguete del primo de mi amiga, y la enarbolé delante mío.
Con cuidado, revisé el espacio del living para asegurarme que no se había desmayado, y sólo para despejar dudas, me asomé por la ventana. Nada. Con el mismo sigilo, abrí la puerta del baño y la del ropero. Y obtuve la misma respuesta: nada. Finalmente, me acerqué a la cocina.
“Itoe, por qué demonios te tardaste tanto?” Me espetó la pelirroja con la cabeza internada en la alacena, parada sobre la mesada.
Pestañeé sorprendida, mirando atentamente todo lo que Nika había dejado sobre la mesa. Una mochila abierta de la que asomaban latas, servilletas, y prácticamente toda la comida imperecedera que teníamos en la casa.
Si hubiera estado a mi altura, la habría abrazado.
“Tomá, guardá esto ahí, por favor.” Soltó, alcanzándome un pack de latas de arvejas, y otro de sopas. No sabía que teníamos eso ahí.
Mientras acomodaba las cosas dentro de la mochila, Nika se bajó de la alacena con un pack de seis latas de cerveza. Abrió una, me la alcanzó, y luego abrió otra para ella.
“Por las películas de zombies, amiga mía.” Sentenció, chocando su lata con la mía, para luego beber un trago bastante grande. Sin pensarlo dos veces, hice lo mismo que ella.
En pocos minutos, las seis cervezas habían desaparecido, al igual que lo que nos ayudaba a contener las lágrimas. Llorando asustadas buscamos un nuevo pack de latas y el set de cuchillos, y, encontrando decisión y seguridad y determinación vaya uno a saber dónde, salimos del departamento con las mochilas a los hombros.
El paisaje ante nosotras una vez que bajamos las escaleras era… desolado. Parecía una casa de muñecas, todo listo para jugar pero sin Barbies presentes. Abrazadas, y con los cuchillos más grandes en mano, caminamos por la que solía ser la avenida de moda no muchas horas atrás.
La ausencia de sonido se hacía notar con cada paso que dábamos, haciendo que sonase como un pisotón. No había pájaros, no había perros, no había nada de nada. Y eso era sumamente alterante.
Se sentía una extraña ansiedad, y la tensión era densa.
Después de llegar a la primera esquina y descubrir el primer auto en piloto automático andando solo, con el susto de muerte que eso nos causó, las dos entramos a correr sin pensar, gritando de desesperación, y quizás tratando de solventar la necesidad de sonido. Cualquier tipo de sonido.
La Escuela de Medios y Comunicación no estaba lejos de nuestra casa, y a nuestra velocidad sólo nos costó unos quince minutos llegar. La imagen del edificio era particularmente escalofriante.
Allí dentro había habido una masacre. La sangre todavía húmeda caía en gotas pequeñas desde las paredes, y las escaleras parecían pintadas de rojo. Nika empezó a vomitar nuevamente, llorando cada vez más. Era horrible para ella en particular, su cerebro imaginativo debería estar creando una copia de lo que podría haber sucedido antes.
La abracé, guiándola hasta un panel que funcionaba como mapa y no dejándola mirar a su alrededor. No necesitaba ver la mano que se asomaba desde detrás del mostrador.
El primer piso del edificio se comprendía de aulas, al igual que el segundo y el tercero. Los laboratorios informáticos, en el cuarto. Y las cabinas de radio, en el subsuelo.
“Bien, Nika. Agarrá una linterna.” Ordené, ofreciéndole una de las linternas que había guardado en los bolsillos laterales de mi mochila. Encendí la otra, y sosteniendo a mi amiga firmemente de los hombros, me dirigí a la escalera indicada en el panel.
Como era de esperarse, abajo el panorama no cambiaba demasiado, sólo quizás empeoraba un poco.
Tropecé con el cadáver de un chico que no podía ser más grande que yo, y casi termino sentada en un charco de sangre reseca. Nika me agarró del brazo para evitar eso, evitando apuntar el haz de su linterna hacia el cuerpo. Nos movimos lejos de las escaleras cuan rápido podíamos, y empezamos a buscar la cabina número 9.
Apenas estábamos en la 50, lo que significaba adentrarnos más todavía en las profundidades del extenso pasillo, que se oscurecían a medida que nos alejábamos de las escaleras.
Algo en la oscuridad daba miedo, en especial después de lo que Ann había dicho, y apunté mi linterna delante de mí para alumbrar cuanto podía. Caminábamos rápido, y los números de las cabinas cambiaban con la misma velocidad. 45, 42, 39, 25, 12, 10…
Cuando nos detuvimos frente a la cabina número nueve, poco nos faltó para comenzar a saltar y abrazarnos.
“Quién está ahí?!” Exclamó una voz masculina desde dentro de la cabina.
“Gente!” Exclamó Nika, saltando y abrazándome. Alguien tuvo una exclamación parecida desde dentro de la cabina, y la puerta se abrió poco después. Nika y yo fuimos arrastradas dentro rápidamente, sin tiempo a nada, y terminamos en el suelo.
“Hikaru, no hace falta ser tan violento.” Suspiró un hombro altísimo, parado junto a la puerta. Las linternas habían desaparecido cuando nos tiraron dentro de la cabina, y la luz estaba apagada.
“Por favor, díganme que respiran y no son como ellos pero superdotados.” Pidió una chica, que sonaba muy parecidamente como Ann Tahicbana.
Nika se levantó rápidamente, pero para mi sorpresa, no encaró a la chica como esperé que hiciera. En lugar de eso, se paró frente al gigante, y cuando el hombre encendió la luz tenue, mi amiga saltó y se colgó de su cuello, soltando sollozos desesperados y temblando con el llanto como si estuviese en Alaska con sólo una musculosa puesta.
No fui la única sorprendida. El chico a mi lado, el que había abierto la puerta, y los demás los miraban con los ojos tan abiertos como los míos.
Supongo que era sorprendente que en medio del delirio mi amiga se dedicara a abrazar a un novio.
“Saa. No es momento para coquetear.” Masculló el chico que había abierto la puerta, frunciendo el ceño. Era un chico alto, de cabello negro, ojos claros y el rostro lleno de piercings, pero no tanto como para considerarlo un peligro para su corriente sanguínea.
“Ann Tachibana?” Decidí asegurarme. La chica se paró de un salto con una sonrisa enorme que brillaba pese a sus lágrimas.
“Alguien me escuchó! Te lo dije!” Exclamó, golpeando el hombro del pelirrojo a su lado. “Soy Ann. En..”
La interrumpí. “Decías que tu hermano estaba mal.” Solté, dejando mi mochila en el suelo, donde todavía me encontraba yo, y abriéndola. El tal Hikaru me apuntó con el arma que tenía en la mano, que no había notado hasta el momento. “Sólo quiero sacar medicinas de acá adentro, idiota.” Le espeté molesta. Me había tirado al suelo sin compasión. Tenía derechos a estar enfadada.
Él me miró con el ceño fruncido, pero me dejó hacer vigilándome constantemente. Ann sonrió apenada. “Sí… Está perdiendo mucha sangre. Uno de esos hijos de su madre le mordió el brazo… Tengo miedo que pueda ser contagioso.”
Inmediatamente, entré en modo enfermera, y dejé de prestar atención a mi alrededor. Al arma apuntándome, a la castaña acurrucada en un rincón despeinada, a mi amiga temblando en los brazos de ese hombre… Y hasta al hecho de que Ann tuviese miedo de contagio por vía intravenosa.

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Izzy
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MensajeTema: Re: File 2: Itoe Tomoe   Jue Mar 12, 2009 4:47 am

“Hace cuanto?” Pregunté, acercándome con mi caja a donde estaba la chica.
Detrás del panel de controles, me encontré con un hombre joven, que no tendría más de 25 años, inconciente, pálido como la nieve, con una herida sangrante y supurante en su brazo izquierdo.
“Antes de que llegásemos acá.” Respondió.
“Hace una hora y cuarenta minutos.” Ofreció Hikaru con un bufido, guardando el arma.
Asentí con la cabeza al tiempo que abría mi caja y me ponía los guates desinfectados, conteniendo un al menos servís de algo que pugnaba por salir de mis labios. El chico tenía un torniquete mal hecho en el antebrazo, y podría haber sido dado por muerto a no ser por el ligero fruncimiento de su ceño y el leve movimiento de su pecho cuando respiraba.
“Bien.” Dije secamente, buscando el alcohol.
Si estuviese en el hospital, podría contar con cantidades importantes de morfina, pero en ese momento sólo contaba con alcohol y Hibiscrub como limpiadores de heridas. Suspiré antes de mirar a Ann.
“Tengo que desinfectar la herida. Con alcohol.” Sentencié. La bonita castaña frunció el ceño en un gesto de dolor, pero rápidamente asintió.
“Puedo agarrarle la mano?” Preguntó.
Yo asentí, al tiempo que abría la botella de alcohol quirúrgico. La chica se preparó, murmurándole a su hermano lo que sucedería, y le agarró la mano. Cuando contó hasta tres, yo arrojé una buena cantidad del líquido dentro de la herida, provocando la tensión nerviosa en el cuerpo de Tachibana-san, y rápidamente me dediqué a limpiar como mejor podía con el Hibiscrub el interior de la herida.
Afortunadamente, no estaba infectada, y lo que había creído pus era sólo la capa de sangre seca con el reflejo de la luz amarillenta. Cuando terminé, el chico estaba más que conciente, y me miraba a los ojos con claro dolor. Me costó, pero logré dedicarle una sonrisa relajante.
“Soy Itoe.” Anuncié, dándome cuenta que no me había presentado. “Estudio enfermería y soy practicante, así que no tenés por qué tener miedo de que haga cualquier cosa. Sé lo que hago.” Sentencié, asintiendo con la cabeza mientras buscaba los analgésicos que tenía en mi caja. Como era de esperarse en situaciones extremas, sólo encontré Procaína y Ropivacaína. Rápidamente me decidí por la procaína en administración parenteral, y agarré la aguja que tenía dispuesta para eso. Con el único objetivo de llamar la atención a otra parte, me puse a relatar los beneficios de la procaína y la diferencia de la procaína, la lidocaína y la Ropivacaína. No necesitaban saber que en pocos segundos estaría clavando una aguja en la piel para cerrar la herida. Nadie necesitaba saber eso. Continué hablando en voz tranquila y relajada, adormecedora, hasta que terminé de preparar la aguja y la anestesia comenzó a hacer efecto. Luego, empecé a cocer la abertura antinatural con aprendida rapidez.
Suspiré agradecida cuando terminé.
“Listo.” anuncié. Sólo cuando me dejé caer en el suelo junto al chico me di cuenta que había estado controlándome para no temblar durante todo el tiempo que estuve inclinada sobre Tachibana.
El chico me dedicó una sonrisa tibia, con mucho del dolor que debía estar sintiendo. No pude responderle, porque mi amiga se desplomó a mi lado con el rostro cubierto de lágrimas pero los ojos brillantes. Nika era así de extraña.
Me abrazó, y se inclinó hacia mí. “Es el mejor amigo de Shiraishi… Según él, esto se parece demasiado a una película de zombies.” Murmuró, con los ojos brillándole particularmente excitados. En algún lugar de su retorcida cabeza, estaba disfrutando la situación. Me dieron ganas de sacudirla por su estupidez antes de recordar las clases de psicología. Probablemente, esa fuera su forma de lidear con esta locura.
Suspirando miré a otro lado, encontrándome con Wakato y Hikaru discutiendo algo en voz baja. Las palabras sangre, mandíbula, zombies y murió fueron las que más sonaron, así que decidí no seguir prestando atención. A mi lado, mi amiga nos había presentado, y Ann confirmó que el herido era su hermano, Kippei, el pelirrojo Akira Kamio, y los otros tres Hikaru Zaizen, Chitose Senri y Sakuno, que se había quedado dormida.
El silencio volvió a caer sobre nosotros, y estuvo ahí por mucho tiempo. Ninguno tenía reloj, por lo que no sabíamos la hora exacta, pero el tiempo pasaba tan lentamente, que fácilmente podrían haber sido minutos u horas hasta que… empezamos a escuchar ruidos fuera.
Nika abrazó sus rodillas rápidamente, escondiendo su cabeza entre sus brazos. Asustada. Era una sensación horrible. Un sonido horrible. Algo se arrastraba detrás de la puerta, moviendo cosas, y… haciendo ruidos de succión repugnantes. Era algo como nunca antes había escuchado.
Tuve que morderme el labio fuertemente para no llorar.
Lo que fuera que estaba fuera continuó moviéndose cerca, golpeando cosas y haciendo sonidos guturales y roncos. Como si llamara a alguien… Por instinto, abracé a mi amiga.
“Nuevas, verdad?” Preguntó Zaizen en tono burlón. Pero al mismo tiempo, el sonido de su voz fue lo suficientemente algo como para tapar todo lo demás.
“Si. Y felices de serlo.” Escupió Nika molesta.
El chico sonrió de lado. “Bien, princesa. Suerte que tienes a tu amiga, porque lo más probable es que sola terminases matándote.” Sentenció con maldad.
Suspiré, esperando la reacción de Nika, que no se haría esperar demasiado. Se incorporó rápidamente, crispando lo puños. “Al menos no soy un psicótico esperando deshacerme de lo primero que se me cruce por el camino sólo para compensar otras cosas!” Dijo ella con frialdad.
Zaizen se enfadó al oírla. “Por qué no salís, si sos tan valiente, princesa? Enfrentate a lo que sea que esté ahí sin romperte una uña.”
“Por favor! Te creés más valiente que yo? No me hagas reír!”
“Princesa, está más que claro que no podés hacer mucho sola. Lo único que hiciste desde que llegaste fue llorar! Para eso ni te esfuerces en sobrevivir!” Escupió él.
Nika no esperó mucho, y en el siguiente instante, estaba sobre Zaizen, en el suelo, golpeándolo con sus puños en cuando lugar lograse alcanzar.
A todos nos costó reaccionar. Era como una especie de película que mirábamos, y no pasaba en la realidad. Chitose fue el primero en levantarse, pero incluso él los alcanzó a una velocidad ínfima.
Alzó con total facilidad el pequeño cuerpo de Nika sobre su hombre, y la obligó a detener la pelea, sosteniéndola en vilo. Zaizen se limpió la sangre del labio con una mano, pero cuando volvió a mirar a Nika, ya no la miraba con odio.
Supongo que estas situaciones extremas requieren las formas más extrañas de lidear con las cosas.
Nika dejó de forcejear con Chitose, que la dejó en el suelo.
“Tranquila, niña.” Ordenó el gigante. “No tenés por qué golpearlo para que el sentido común vuelva a su cabeza. Nunca lo tuvo.” Sonrió.
Nika soltó una carcajada.
“Hey! Senri, vaya amigo eres.” Zaizen frunció el ceño.
Pero medio segundo después, el silencio nervioso se apoderó de nosotros, cuando el distintivo sonido de un celular recibiendo una señal de bluetooth se escuchó en todo el lugar.

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Hikaru sama
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MensajeTema: Re: File 2: Itoe Tomoe   Jue Mar 12, 2009 11:31 pm

OMG!!! Siempre dije que ir con una .38 y morfina en la cartera era buena idea, y nadie me cree...¬¬
ven? ahi tienen....
Me encantó la actitud de Itoe!! que genia!
Nervios de acero!!! hay que estar ahi, eh?
Y que le pasa a ese Zaizen???? ¬¬
que se controle, che!!
Excelente historia! Me fascino la descripción de como esta el lugar...y ese olor a muerto constante...
puaj, si que es feo...(realmente lo se... T.T)
Bien!! me esta gustando mucho, mucho!!!
Ahora, corro a leer el proximo!!
¡Que nervios! ¿que pasara? kyaaaaaa!!!!!!!

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Izzy
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MensajeTema: Re: File 2: Itoe Tomoe   Vie Mar 13, 2009 12:18 am

Viste??? Ahora les podés decir que en el imposible pero probable caso de que haya una invasión zombie, vas a estar preparada! XD
Para mí que Itoe se inyectó morfina a sí misma, para no sentir nada XD Cómo hace para estar tan tranquila, sino??? O Morfina o diclofenacXD
Y Zaizen............ aaaay, Zaizen. El pobre chico está en una situación muuuuuuuuy particular, hay que entenderlo. XD Y esperar al próximo capítulo hehehehehe. Tiene formas muuuy particulares de lidiar con las cosas XD *wink*

Gracias!! Al menos ALGO capté hahaha.

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Gris
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MensajeTema: Re: File 2: Itoe Tomoe   Miér Oct 14, 2009 9:49 pm

Waaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
Me encanta!!!! Está de película!!!!!!
Te queda muy bien el terror...
hahahaha Itoe toda una enfermera!!!
que clase de psicótica con todo eso en la mochila...
Hhahahahha me gustó cuando Nika atacó a Zaizen
hahahhahah que buena!!! Y...
Qué es lo que hay fuera????
Me muero de la intriga...
Ya sigo leyendo,... nos vemos!

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MensajeTema: Re: File 2: Itoe Tomoe   

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